Un CEO Imposible (Los halcones de Wall Street 3) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

RONAN

Cuando llegamos a mi apartamento siento una paz inmensa.

He conseguido regresar con las dos.

Skylar va directa a la cocina a preparar un biberón para Emma, que ha empezado a quejarse en mis brazos. Yo me quedo de pie en medio del salón, observándola moverse por mi espacio con una familiaridad que hace que algo en mi pecho se apriete lleno de emoción.

Como si perteneciera aquí.

Como si siempre hubiera estado aquí.

Y entonces mi móvil vibra en el bolsillo.

Lo saco. Veo el nombre en la pantalla.

Jax.

Mierda.

No contesto.

Vuelve a vibrar. Otra vez. Y otra.

Y entonces empieza a sonar.

Skylar sale de la cocina con el biberón en la mano.

—¿No vas a contestar?

—No.

Antes de que pueda decir nada más, el timbre de casa suena.

Los dos nos quedamos quietos.

—¿Esperas a alguien? —pregunta Skylar.

—No.

El timbre vuelve a sonar. Esta vez acompañado de golpes insistentes.

—¡RONAN! —La voz de Jax atraviesa la puerta como un trueno—. ¡SÉ QUE ESTÁS AHÍ! ¡AbrE LA MALDITA PUERTA!

Cierro los ojos.

Joder.

—¿Es uno de tus hermanos? —Skylar me mira con los ojos muy abiertos.

—Sí.

Más golpes. Más gritos.

—¡RONAN, SI NO AbrES EN CINCO SEGUNDOS VOY A PEDIRLE A MARCUS QUE SUBA CON LA LLAVE MAESTRA!

Mierda.

—Será mejor que abras —dice Skylar—. Antes de que tire la puerta abajo.

Camino hacia la entrada con Emma todavía en brazos. Abro la puerta.

Y no solo entra Jax.

Entran todos.

Mis cuatro hermanos. Con sus respectivas parejas. Como una maldita invasión.

Jax viene primero. Con Elsie pegada a su lado, intentando alcanzarlo con sus pasos pequeños. Detrás, Zane e Isla. Luego Kai con Hazel. Y finalmente Oliver.

Jax se planta frente a mí. Mirando a Emma.

Y veo el momento exacto en que cambia su expresión.

La furia se desvanece. Los hombros se le relajan. Y algo en sus ojos se suaviza de una forma que solo he visto cuando mira a Elsie.

—Joder —susurra—. Ronan. Es un bebé.

—Sí. Lo es.

—Es un bebé de verdad.

—Ya te he dicho que sí.

—¿Y es tuya?

—Eso creo.

—¿Cómo que eso crees? —Zane se acerca también, estirando el cuello para ver mejor—. Joder, es diminuta.

—Tiene cuatro meses —digo.

—¿Y cuándo ibas a decírnoslo? —La voz de Jax vuelve a subir—. ¿Cuándo exactamente pensabas mencionar que eres padre?

—Hace menos de un día que lo sé.

—¡UN DÍA! —Levanta las manos—. Marcus me ha parado cuando he entrado. Me ha preguntado si el bebé de mi hermano estaba bien. Y yo me he quedado ahí como un imbécil sin saber de qué me estaba hablando.

—Lo siento.

—¿Lo sientes? —Se pasa una mano por la cara—. Ronan, tienes una hija. Una HIJA. Y no nos has dicho nada.

—Quería tener las cosas bajo control primero.

—¿Bajo control? —Jax se ríe, pero no hay humor en el sonido—. Hermano, esto no se controla. Esto es —Mira a Emma otra vez—. Esto es familia.

Y ahí está.

La palabra que hace que todo en mi pecho se contraiga.

Familia.

—¿Puedo cogerla? —pregunta Jax, y toda la furia ha desaparecido de su voz.

Le paso a Emma. Y veo cómo se transforma cuando la coge.

El CEO despiadado desaparece. Y queda solo el hermano mayor que nos crio a todos. Que sabe exactamente cómo sostener a un bebé porque lo hizo con nosotros.

—Hola, pequeña —murmura, y hay tanta ternura en su voz que hace que se me cierre la garganta—. Soy tu tío Jax. Y ya eres mi persona favorita en el mundo después de Elsie.

Elsie se acerca, mirando a Emma con los ojos brillantes.

—Es preciosa —susurra—. Ronan, es absolutamente preciosa.

—Déjame verla. —Zane se planta al lado de Jax—. Joder. Tiene tus ojos. Los mismos ojos grises raros.

—No son raros —gruño.

—Son raros. —Kai sonríe—. Pero en ella quedan bien.

—¿Cómo se llama?

—Emma. Emma Rose.

—Emma. —Repite el nombre como probándolo—. Me gusta.

Isla se inclina sobre el hombro de Zane, mirando a Emma con una sonrisa.

—Es perfecta. Completamente perfecta.

—Obviamente. —Kai guiña un ojo—. Es una Hawke.

Oliver sigue en la entrada, mirando toda la escena con una expresión que no sé interpretar.

—¿Oli? —Jax lo llama—. ¿No vas a conocer a tu sobrina?

Él se acerca lentamente. Como si estuviera en shock todavía.

Se planta frente a Jax. Mira a Emma.

Y algo en su cara se rompe.

—Es tan pequeña —susurra.

—Lo sé —digo.

—¿Y la madre?

—No está.

—¿Qué significa «no está»?

—Significa que la dejó aquí y desapareció. Y que ahora Emma es mía.

Oliver me mira. Y hay cientos de preguntas en sus ojos. Preocupación.

—¿Puedes hacer esto?

La pregunta me golpea más fuerte de lo que esperaba.

Porque es la misma que me he estado haciendo desde ayer.

—No lo sé —admito—. Pero voy a hacer todo lo que estén en mis manos.

—No vas a hacerlo solo. —Jax me mira—. Nos tienes a nosotros. A todos.

—Y a mí —añade Elsie suavemente—. He cuidado de bebés toda mi vida. Puedo ayudar con lo que necesites.

—Y yo —dice Hazel—. Aunque admito que no he cuidado nunca a un bebé. Pero puedo aprender.

—Todos podemos —añade Isla.

Y entonces Kai dice algo que hace que todo el mundo se gire hacia él.

—Aunque parece que ya tienes a la mejor profesora del mundo.

Me mira. Y luego mira a Skylar, que sigue de pie junto a la ventana.

Todos siguen su mirada.

—Skylar es una amiga de la universidad y va a quedarse con nosotros —digo antes de que alguien pueda preguntar—. Durante seis semanas. Hasta que lleguen los resultados de la prueba de paternidad.

—Ah. —Jax me mira con una expresión que no puedo descifrar—. Interesante.

—Es práctico. Ella sabe de bebés. Yo no.

—Claro. Práctico. —Kai se ríe.

—Kai —advierto.

—¿Qué? Solo digo la verdad.

—Cállate.

Pero Jax no dice nada. Solo me mira con esa forma que tiene de ver más de lo que muestro.

Y entonces Emma empieza a quejarse.

—Tiene hambre —dice Skylar inmediatamente, acercándose—. Lleva más de tres horas sin comer.

—Toma. —Jax me la pasa con cuidado—. Es toda tuya.

La cojo. Y todos me observan mientras Skylar me pasa el biberón.

—¿Sabes cómo alimentarla? —empieza Oliver.

—Sí —le contesto—. Sé cómo hacerlo.

Y lo hago.

Me siento en el sofá. Coloco a Emma en el ángulo correcto. Acerco el biberón a sus labios.

Y ella empieza a comer.

El silencio que sigue es absoluto.

Todos me están mirando. Como si acabara de hacer algo increíble en lugar de simplemente alimentar a un bebé.

—Joder —dice Kai finalmente—. Esto es real. Eres padre.

—Lo soy.

—Y no tienes ni puta idea de lo que estás haciendo.

—No. Pero voy a aprenderlo.

Jax se sienta a mi lado. Sin decir nada. Solo se queda ahí.

Y cuando Emma termina el biberón y la levanto para hacerla eructar, es Jax quien habla.

—Lo vas a hacer bien —dice en voz baja—. Lo sé.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque te conozco. —Me mira—. Y porque ya veo que está en buenas manos.

Sigo su mirada. Hacia donde Skylar está hablando con Elsie y Hazel.

—Muy buenas manos —añade con ese tono que significa que sabe exactamente lo que está pasando.

—Jax.

—No digas nada. —Levanta una mano—. Solo no la cagues esta vez. ¿Vale?

No respondo.

Porque no sé si puedo prometerle eso.

Una hora después, el apartamento es un auténtico caos organizado.

Kai y Zane han montado la cuna en tiempo récord con la ayuda de los montadores. Elsie ha organizado toda la ropa en el armario. Hazel ha esterilizado todos los biberones. Isla ha hecho una lista de lo que todavía falta.

Y Emma ha pasado de brazo en brazo. Cada hermano cogiéndola con ese cuidado reverente. Como si fuera de cristal.

Oliver es el último. La sostiene con una torpeza que me recuerda a mí mismo.

—Es tan bonita, tío —susurra, mirándola como si fuera lo más fascinante del mundo—. ¿Y de verdad sabes cuidarla?

—Estoy aprendiendo.

—Con ayuda. —Mira a Skylar—. ¿Por eso está aquí?

—Sí.

—¿Y por eso no nos dijiste nada? ¿Porque estaba ella?

Hay algo en su tono. No es una acusación exactamente. Pero tampoco es neutral.

—No os dije nada porque necesitaba procesarlo primero. Solo. Antes de que todos vinieseis a… —Señalo alrededor—. Esto.

Oliver asiente. Lentamente.

—Entiendo.

Emma bosteza en brazos de Oliver. Los ojitos se le cierran poco a poco.

—Se está durmiendo —dice Skylar, acercándose—. Deberíamos acostarla en su cuna.

—Yo la llevo. —Oliver se levanta con cuidado.

Lo veo desaparecer por el pasillo con mi hija en brazos. Y algo en mi pecho se afloja.

Porque esto es lo que necesitaba. Aunque no me atreviese a pedirlo.

Mi familia. Aquí. Aceptando a Emma como una más.

Como si siempre hubiera sido parte de nosotros.

Oliver vuelve del pasillo.

—Ya está dormida. Ni se ha movido.

—Bien. —Miro alrededor. A mis cuatro hermanos. A sus parejas—. ¿Podéis quedaros un rato más? Vigilar que Emma esté bien mientras hablo con Skylar.

Jax me mira. Y algo en su expresión se suaviza.

—Claro.

—Tomamos el primer turno de vigilancia —bromea Kai, dejándose caer en el sofá—. Aunque probablemente me quede dormido en cinco minutos.

—Yo te despierto —añade Hazel, sentándose a su lado.

Elsie me sonríe.

—Tranquilo. Nosotros nos encargamos. Vete a hablar con ella.

Asiento. Miro a Skylar.

—¿Podemos hablar?

—Claro —dice, levantándose—. Vamos.

La guío hacia mi habitación. Cierro la puerta detrás de nosotros.

Y de repente el aire se vuelve denso.

Porque estamos solos.

En mi habitación.

Donde anoche dormimos juntos.

Y yo quiero que se quede aquí para siempre.