Capítulo diez
C APÍTULO D IEZ
—¡ L ottie! ¡Lottie! —grité mientras caía de rodillas a su lado.
Pensé que se había desmayado, pero Lottie volvió a abrir los ojos y fijó la vista en mí. Vi que estaba confusa.
—Dios, Clare… Estoy mareada… He perdido el equilibrio.
—Ven, deja que te ayude a levantarte.
Me acerqué a ella, pero rechazó mi ayuda y se levantó sola. —Me encuentro mal… Tengo retortijones. Es posible que sean los nervios.
Lo primero que se me pasó por la cabeza fue el veneno. No cianuro, porque en ese caso ya habría muerto. Pero tal vez otra sustancia de efecto más lento.
—Será mejor que vayamos al médico.
Pero Lottie descartó la idea con un movimiento de mano.
—Necesito sentarme, nada más. Estoy segura de que solo son los nervios… Agotamiento. Nos jugamos mucho en este lanzamiento…
No me convenció.
—¿Qué síntomas tienes exactamente?
—Estoy mareada… Me zumban los oídos… Un poco de náuseas.
—¿Podría ser por algo que has comido?
Lottie se echó a reír.
—Lo más probable es que no haya comido suficiente, solo he tomado ese sándwich y la ensalada que Tad y Rena me han traído. Y anoche tampoco cené como Dios manda.
Dejé a Lottie en una silla y me senté enfrente de ella.
—Estoy bien, Clare… De verdad.
—Vale, pero yo no me voy de aquí hasta asegurarme de que estás perfectamente.
Lottie me acarició la mano.
—Gracias por preocuparte. El año pasado estuve hecha polvo durante el lanzamiento, pero sobreviví, sobre todo porque llevaba fuera del negocio tanto tiempo que no sabía ni la mitad de las cosas que podían salir mal.
—Qué exagerada. Ya estuviste antes en el mundo de la moda.
—Pero las cosas han cambiado mucho en todos estos años. Los lanzamientos son mayores, hay más medios de comunicación, todo cuesta más. El riesgo es mucho mayor, porque hay más reconocimiento de marca entre la gente.
—Pero no todo ha cambiado. Tú misma lo dijiste antes… Conoces al señor Kazumi desde hace décadas.
—Ah, eso sí. Otomo es un buen amigo, como también lo es Olaf Caesara, de los grandes almacenes Caen. Y, por supuesto, Fen. Él nunca se olvidó de Lottie, ni siquiera después de veinte años.
Qué raro oír a Lottie hablar de sí misma por su nombre —pensé—. Pero supongo que es lo que pasa cuando tu negocio y tú os llamáis igual .
—¿Y te había pasado esto antes? —pregunté—. Ponerte enferma así…, tan de repente.
Para mi sorpresa, Lottie asintió.
—De joven sufría ataques de ansiedad. Me daba muchísimo miedo todo. Se me aflojaban las rodillas, me mareaba y me ponía mala de la tripa. Y tuve los mismos síntomas hace unas semanas, la noche en que nos sentamos a planear la fiesta en tu cafetería.
—¿Has buscado ayuda?
—Al día siguiente fui al médico, pero no vio nada raro… Me dijo que era probable que fueran los nervios. Me preguntó si quería probar con Prozac. —Sacudió la cabeza.
Recordé la noche a la que Lottie se refería; hacía cosa de un mes. De hecho, la llegada de Lottie, Tad y Rena había sido el desencadenante de la conversación sobre los ciclos de la moda entre Tucker y Moira.
En esa ocasión, había llevado a Lottie y a sus socios al segundo piso de la cafetería y nos habíamos sentado en los sillones mullidos, alrededor de la chimenea, para tomar café con leche y pastas mientras hablábamos.
¿Habrían manipulado Tad o Rena la comida o la bebida de Lottie esa noche?
Era posible: hubo varias ausencias para ir al baño y yo acompañé a Lottie abajo un momento para que ella decidiera si quitábamos las mesas del salón antes de la fiesta.
—¿Desde entonces no te has vuelto a sentir así?
Lottie se encogió de hombros.
—Hasta hoy, no.
Me dieron ganas de hacerle muchas más preguntas. ¿Con qué frecuencia comía o bebía con Rena y Tad? ¿Había evitado algún accidente en los últimos días o había tenido algún encontronazo con la muerte? Pero por más que lo intenté, no hallé el modo de preguntárselo con delicadeza.
—¿Te has enterado de los detalles sobre lo que pasó en mi cafetería anoche? —pregunté—. Envenenaron a una persona. Esa persona ha muerto. Han detenido a mi camarero. Creo que hoy lo acusarán de asesinato.
Lottie torció el gesto.
—Es horrible. Tienes que sentirte fatal.
La miré a los ojos.
—Tucker, el camarero, dijo algo antes de que la policía se lo llevara. Me contó que el café que llevaba en la bandeja era para ti.
Lottie pareció sorprendida de verdad.
—¿Estás…, estás segura?
—Tucker me dijo que Tad le había pedido que te preparara un latte . La víctima le arrebató la taza de la bandeja cuando Tucker te la llevaba.
La expresión de Lottie se ensombreció. Se apartó un mechón de pelo escarlata de la cara y me miró fijamente.
—¿Estás diciendo que alguien intentó matarme?
—No puedo asegurarlo —respondí—. No, la verdad. El envenenamiento pudo haber sido aleatorio. O…
—O tu camarero miente para no parecer culpable.
Sacudí la cabeza.
—Eso es imposible.
Lottie se sonrojó.
—Tienes razón. No tendría que haber dicho eso, Clare, lo siento. Pero piénsalo: ¿quién querría deshacerse de mí?
Me encogí de hombros para no revelar mis sospechas, ya que podrían herir a Lottie de la misma manera que su comentario sobre Tucker me había herido a mí.
En cualquier caso, acusar a los socios de Lottie de intentar asesinarla sin la más mínima prueba no la convencería; de hecho, ni siquiera me convencía a mí.
—¿Quizá algún competidor en el negocio? —sugerí después de una pausa.
Lottie echó la cabeza atrás con esa risa forzada suya.
—Me he pasado veinte años fuera del mundo de la moda, Clare, y he vuelto hace solo un año. Créeme, en este mundillo los competidores tardan un poco más en querer matarte, aunque tampoco mucho más, eso te lo garantizo.
—¿Y un acosador pirado? ¿O alguien del pasado?
Lottie me lanzó una sonrisa compasiva.
—Mira, Clare. Entiendo que busques respuestas y alguien a quien culpar.
En tu cafetería ha sucedido algo espantoso y han arrestado a uno de tus empleados.
Entiendo que quieras saber la verdad y es probable que, con el tiempo, lo consigas.
Pero no se me ocurre nadie que tenga motivos para quitarme de en medio.
Lottie sonrió, se puso de pie y se recompuso.
—Ya me encuentro mucho mejor —dijo—. Se me ha pasado el dolor de tripa y ya no me zumban los oídos. Estoy segura de que ha sido solo un ataque de nervios por la tensión, como dijo el médico.