Un café con leche agria Capítulo seis #2
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Capítulo seis #2

—Es un tipo de cuarzo —explicó Lottie—. Y aquí, ¿ves?

, en el centro, iría una piedra semipreciosa, como el ónix, o incluso preciosa, como el ópalo, algo oscuro y excéntrico como un grano de café.

Podría trabajar incluso con materiales orgánicos; por ejemplo, con granos de café tostado auténticos, y experimentar con técnicas de lacado y engaste para crear piezas complementarias.

—¿Puedo verlo? —pregunté desde detrás de la barra.

Lottie estaba encantada de compartir su boceto.

—Lo compraría sin pensarlo —le dije—. Me parece increíble que nadie lo haya hecho antes. Cuando Joy era pequeña, Matt volvió de Guatemala con un collar de granos de café para ella. Allí llevan años fabricando collares y pulseras con granos de café tostados y barnizados.

—Qué interesante —dijo Lottie—. Es algo natural para las culturas que se dedican al café.

—Tiene sentido. —Le devolví el boceto a Lottie—. Y significa que tienes un mercado mundial… Además, dado que las cafeterías especializadas han proliferado en Estados Unidos, diría que esta cultura nunca ha estado más preparada para algo así.

Rena García, pensativa, se dio golpecitos en la barbilla. Agarró el boceto y lo estudió.

—Sabéis, una de las cuentas que gestionaba mi jefa era la línea de productos Vardus.

Eran una auténtica mierda carente de originalidad en comparación con esto, pero mis ideas para la campaña aumentaron las ventas un veintidós por ciento en el primer año fiscal.

No me costaría nada publicitar algo así.

Tad asintió.

—No es que sepa mucho de fabricación de joyas, pero la idea me parece lucrativa. Lottie, ¿por qué puñetas dejaste el negocio de la moda?

La mirada de Lottie se apartó de la de Tad. Su expresión se ensombreció.

—El éxito trae consigo muchos desengaños —respondió de forma escueta. Entonces forzó la misma risa nerviosa y aguda que había oído el día en que la conocí—. Por ejemplo, fíjate en Rena. Aumentó las ventas de sus clientes y, sin embargo, la han despedido.

En ese momento, no pensé en la respuesta de Lottie, pero ahora, al echar la vista atrás, parecía querer desviar la conversación de forma deliberada para no revelar lo sucedido en el pasado.

Era consciente de que nunca la había oído hablar de sus primeros años ni del abrupto final de su carrera.

Incluso cuando alguien le preguntaba por esos temas, solo hablaba del presento o del futuro.

Aquella tarde, Lottie siguió dibujando una colección entera de posibles variaciones de su tema «paleta de cafetería»: pendientes, collares, pulseras, bufandas, bolsos.

Al final, Rena no volvió a Satay & Satay a recoger sus cosas, sino que se quedó ayudando a Lottie Harmon a trazar una estrategia de marketing y a idear un nombre atractivo para la colección: Joyas con Café, de Lottie Harmon.

Y antes de que aquella reunión imprevista concluyera, Tad Benedict accedió a aportar una considerable cantidad de dinero para adquirir el material y financiar la fabricación de los prototipos basados en los diseños de Lottie.

Cuatro meses después, justo a tiempo para la Semana de la Moda de Nueva York en febrero, la marca Lottie Harmon renació con una colección completa de collares de piedras preciosas negras y marrones como granos de café, broches de color latte , pulseras y anillos como aros de caramelo, bolsos de mano inspirados en las tertulias de las cafeterías, bufandas color cacao salpicadas de cuentas en forma de grano de café y decenas de piezas más.

El apoyo adicional para el lanzamiento de Lottie vino de parte del legendario diseñador de moda Fen, que ya había trabajado con Lottie durante los años setenta y principios de los ochenta, cuando accedió a exhibir las joyas en sus modelos.

De ese modo, la línea de complementos Lottie Harmon fue el bombazo de la temporada de compras y los principales minoristas encargaron pedidos para el otoño: Harrods, Saks, Neiman Marcus, Printemps…

Las extraordinarias ventas habían transformado el nombre de Lottie Harmon, antes moribundo, en una gallina de los huevos de oro multimillonaria.

Pasaron siete meses y llegamos a las actuales celebraciones de la Semana de la Moda.

Lottie, Tad y Rena se habían convertido en personajes con éxito y muy ricos.

Tad pasó a ser un amigo íntimo, un confidente, para las dos mujeres, y Lottie Harmon comenzó a tratar a Rena García como a la hija que nunca tuvo: le compraba regalos caros y hasta adquirió un apartamento en el East Village para ella.

Para el lanzamiento, Fen había aceptado utilizar de nuevo las joyas de Lottie en sus modelos.

Iba a presentar su colección de ropa de primavera en las carpas de Bryant Park a finales de semana, cosa que supondría un gran impulso para las últimas creaciones de Lottie.

Los jefes de compras de las empresas de moda y los mejores editores de las revistas especializadas ya escribían sobre lo que Lottie podría estar «cociendo».

Todo el mundo parecía adorarla. Era una de las personas menos maliciosas y más generosas que había conocido en mi limitado contacto con el mundo de la moda…

Por eso me preguntaba: ¿por qué querría alguien envenenar el café con leche de Lottie?