Un beso de los tuyos CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

Llegamos a casa de mis padres. Puedo volver a ver nerviosismo en Iris porque sabe que esta vez mi padre sí que está. Yo, aunque pueda parecer un poco mala persona, vuelvo a sonreír porque me encanta ver que tiene bastante facilidad para expresar emociones.

Le doy otro abrazo justo antes de entrar para intentar que se tranquilice e introduzco la llave en la cerradura.

Toby viene corriendo y ladrando, como si ya fuese el dueño de la casa y alguien estuviera intentando entrar a robarle.

Se vuelve loco al vernos, en especial al ver a Iris.

No hay ninguna duda de que los perros saben perfectamente quienes son sus padres humanos, en este caso, su madre humana, y los quieren incondicionalmente.

La entrada a la casa da directamente al salón, así que mis padres ya están a la vista.

Mi padre está de brazos cruzados y mirándome mal.

Vale, sí, lo sé, hice mal en no contarle nada sobre Iris.

En su momento no pensé en que podría verme en esta situación de traerla a casa sin haberle hablado de ella, así que tiene que estar un tanto enfadado conmigo porque él me preguntó, y yo le…

¿mentí? O le oculté información, no sé muy bien cómo llamarlo.

Y ya saberlo, lo tiene que saber, porque mi madre le tendrá que haber explicado qué hace un perro en casa.

— ¡Hola guapas! Espero que hayáis venido solo a verlo y que después os marchéis — bromea mi madre y nosotras nos reímos.

— Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo se ha portado? — le pregunta Iris después de saludar y darle mimos a Toby, levantándose del suelo y dándole dos besos a mi madre.

— De maravilla. Estos son más fáciles de llevar que los humanos, aunque si algún día tuviera un nieto humano, estaría encantada, ¿eh?

Muy bien, mi madre sigue considerándose abuela de Toby y hasta habla de futuros nietos humanos. Veo cómo Iris traga saliva y no sabe qué responderle, y yo la verdad es que tampoco, pero se me ocurre una chorrada.

— Te regalaré un reborn para tu cumpleaños — le doy dos palmaditas en el hombro y dos besos. Los besos en las mejillas, claro, no en el hombro.

— A mí no me vengas con cosas que no tienen corazón.

— También hay muchas personas que no lo tienen — bromeo y ella niega con la cabeza — Hola, papá — le digo mientras me acerco a él para darle dos besos también — perdona por no haberte dicho nada el otro día, pero ella es Iris, el motivo por el que viste felicidad en mi cara.

Es mi… — miro a Iris porque no sé si puedo decirlo o no, no lo hemos hablado y ahora temo meter la pata.

Su mirada me indica el mismo nerviosismo que antes de entrar, pero asiente ligeramente con la cabeza, dándome así permiso para decirlo — es mi novia.

— Tú y yo ya hablaremos — me dice primero a mí — Encantado de conocerte, Iris — y se acerca a ella para darle dos besos.

— Igualmente.

— ¿Habéis comido? — pregunta él.

— No, pero podemos parar en cualquier bar a picar algo.

— ¡¡¿Y se puede saber por qué no me has avisado?!! — interviene mi madre, casi matándome a mí.

— Pues porque…

— Ahórrate las explicaciones — me corta — he hecho macarrones a la boloñesa de sobra, que eso le gusta a todo el mundo y ya sabía yo que vendríais sin comer.

— Pero…

— Ni peros, ni peras — me corta otra vez y se va a la cocina.

— ¿Te parece bien que comamos aquí? — le pregunto a Iris bajando el tono de voz para que solo me oiga ella — Si no quieres, nos vamos, no pasa nada.

— Podemos quedarnos. Si nos vamos, tu madre te va a matar y no quiero quedarme sin novia — sonríe por fin, eliminando esa cara de nerviosismo.

— Perfecto — le doy un beso en la mejilla ya que nunca le he dado un beso en la boca a una novia delante de mis padres y me da un poco de cosa hacerlo estando mi padre por aquí.

— ¿Y Toby? — pregunta Iris mirando a nuestro alrededor.

— Ven — la cojo de la mano y tiro de ella para llevarla a la cocina. Estoy segura de que es culpa de mi madre que no esté aquí.

Cuando llegamos, mi madre está de cuclillas dándole carne picada sin tomate al perro. Se la ha tenido que preparar aparte y aposta para él. Si algún día hacemos un viaje de una semana, más le vale dejárselo a Marina porque si se lo deja a ella, cuando volvamos a por él podrá pasar por hipopótamo.

— ¡Mamá! ¿Cuántas veces le has dado carne hoy?

— Cállate el pico, pajarito. Déjanos ser felices.

Me río al escuchar la versión 2.0 de su “Desembucha, pajarito”.

— Iris dijo que mientras no coma tanto como para vomitar, va bien — sigue hablando ella — yo le voy dando por fascículos, como las enciclopedias esas que vendían hace años. Carne, digestión, carne, digestión…

— Muy bien, un invento muy acertado, deberían darte un premio nobel.

— ¿A que sí? — nos mira con una sonrisa de oreja a oreja, claramente orgullosa de ella misma.

Iris se troncha de la risa al verla tan feliz y orgullosa, y yo me pregunto si soy la única que está acertada de la cabeza aquí. Miro a una y a la otra, como si fuese un partido de tenis, y al final tengo que sonreír.

— Venid aquí — señalo el suelo con los dedos índices de cada mano.

Uno señalando a mi derecha, claro, y el otro a mi izquierda.

Las dos se quedan mirándome como si me hubiera vuelto loca, y Toby también, pero obedecen las dos humanas.

El que no sabe muy bien qué hacer es Toby, pero debería tener una mano más para indicarle también a él adónde tiene que ir.

Abrazo a mi madre con mi brazo derecho, y a Iris con el izquierdo, pegándolas a mí — os quiero.

— Y nosotras a ti — contestan al unísono, y yo sonrío más.

De repente, noto una presión en mi rodilla, bajo la vista y veo que Toby está apoyado en ella con las patitas delanteras, pidiendo mimos.

— Lo siento, chicas, pero hay otro ser vivo con el que tengo que sincerarme también.

Las suelto, me arrodillo en el suelo y lo cojo en brazos para poder abrazarlo. No va a ser menos que ellas.

— A ti también te quiero, bichito.

Volvemos los cuatro al salón, Iris y yo con el plato en mano, y nos sentamos a comer. Mi padre suelta el periódico que tenía también en mano y nos mira.

— Buen provecho.

— Gracias — le contestamos las dos.

— ¿Y qué tal la escapada? ¿Adónde habéis ido?

— A una cabaña perdida en medio de la nada, pensaba que iba a secuestrarme — señalo a Iris con el tenedor y sonríen todos.

Mi madre se sienta en el sofá, al lado de mi padre, y Toby sube a toda prisa para tumbarse pegadito a ella. ¿Cuanta comida tiene que haberle dado para que ahora no nos esté pidiendo? Una buena siesta con la barriga llena sí que se va a echar, eso seguro.

— No creo que estuvieras muy en desacuerdo si te secuestrase — dice mi madre.

— Bueno, la verdad es que le dije que mientras tuviera agua y comida, aceptaría.

Iris me mira y sonríe un tanto pícara porque ambas sabemos que estoy omitiendo la palabra “sexo”. En realidad le dije que aceptaría si tuviera comida, agua y sexo.

— Yo, si llegásemos a un buen acuerdo, me comprometería a no denunciar la desaparición de mi hija — dice mi madre mirando a Iris.

— ¿A qué acuerdo?

— Tú te quedas a mi hija y yo me quedo a Toby.

— A ver…podríamos hablar de una custodia compartida. ¿No crees?

Mi padre sonríe ampliamente, imagino que por la satisfacción de ver que aquí hay buen ambiente y buen rollo. Yo también estoy satisfecha por ello, pero no sé a cuál de las dos prefiero matar antes.

Mi madre está diciendo que le da igual que desaparezca su hija si a cambio tiene a un perro, y mi novia prefiere custodia compartida para no perder siempre de vista a ese perro.

Que, a ver, entiendo que no puedo competir con un perro con el que ha vivido varios años, a mí me conoce desde hace unos meses.

Y a mi madre le di bastante guerra, así que también tiene motivos para decir lo que dice.

Y sé que todo es broma, pero ¿tengo motivos para querer matarlas o no?

— Ya hablaremos tú y yo en privado, que tenemos demasiados oídos en esta casa — le contesta mi madre.

— Nadia, tranquila que si la cosa se pone fea, yo te rescataré — interviene mi padre.

— ¡Anda! ¡Menos mal que hay alguien en esta casa que sí que me quiere!

Me levanto, voy corriendo a darle un beso y vuelvo a mi silla para seguir comiendo.

Después, mi madre propone prepararnos café, e Iris acepta, así que imagino que se siente cómoda y que no tiene prisa por irse de aquí. Yo tampoco la tengo, estoy muy a gusto con ellos, así que acepto también, por supuesto.

Cuando decido que ya está bien por hoy, mi padre se levanta a darnos dos besos a cada una, y mi madre nos acompaña hasta la puerta.

— Iris, puedes venir a casa cuando quieras, no solo cuando planees venir con Nadia — la coge de la mano y le da un apretón — Si un día pasas por esta calle y te apetece subir a tomar un café o una cerveza, solo tienes que llamar al timbre, que no te dé corte hacerlo, por favor.

O si…no sé, si te apetece por ejemplo desconectar del trabajo o de mi hija, pues también.

Bueno, de lunes a viernes por la mañana no estoy, pero el resto del tiempo es bastante fácil que me pilles en casa.

O puedes escribirme antes para asegurarte de si estoy o no, apúntate mi número de teléfono.

¿Me callo? — me pregunta a mí al ver que la estoy mirando un poco mal.

¿Y si la está agobiando? — Me callo — afirma al ver que no cambio de expresión.

Iris se ríe. No sé si porque mi madre lo ha dicho todo de carrerilla como si le hubieran encendido la mecha o por mi cara, pero veo que saca el móvil y lo desbloquea.

— Dime, Fátima. Ignora a Nadia.

Mi madre le dicta su número de teléfono, Iris se lo guarda y le hace una llamada perdida para que tenga el suyo también.

Ya se tienen fichadas. La cosa se pone seria.

Ya me veo que cualquier día vengo aquí y me las pillo a las dos tomando café y a Toby en el regazo de mi madre.

Y yo sin enterarme de nada. Pero me gusta.

Me encantaría que se lleven de maravilla.

Soy feliz estando con Iris, pero lo sería más si además de eso, se cogen cariño y al final somos todos una verdadera familia.

Ojalá algún día sienta que, de alguna manera, sustituyen a los padres que por desgracia no tiene.