Un beso de los tuyos CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

Nos damos una ducha rápida y fría para quitarnos el sudor y nos vamos directas a la piscina tal y como nuestros padres nos trajeron al mundo.

La terraza tiene unas paredes bastante altas, así que no nos puede ver nadie a no ser que se asome por arriba.

Y si alguien lo hace, pues eso que se lleva, oye.

Descubro que la piscina no tiene pendiente, está toda a la misma altura y hacemos pie, nos cubre hasta unos cuatro dedos por debajo de los hombros.

La abrazo por el cuello con mis brazos y por la cintura con mis piernas y me quedo así, como si fuese un monito bebé enganchado a su madre.

Ella me corresponde, yo hundo mi cara en su cuello y respiro su olor que, aunque hayamos sudado y nos lo hayamos quitado con agua, aún quedan restos de su perfume.

De ese olor que podría reconocer con los ojos cerrados entre miles de personas y que es el único que estimula todos mis sentidos.

Porque, de entre esas miles de personas, un centenar podrían usar el mismo perfume, pero ninguna olería exactamente igual que ella.

Y ninguna me haría sentir lo que me hace sentir ella.

— Mmm…me parece que alguien no sabe vivir despegada de mí — dice ella con claro tono de broma.

— No te vengas tan arriba, que si pongo de mi parte, quizás, hasta podría llegar a esa tumbona sin ti. ¿Quieres que te lo demuestre?

— No — y me aprieta más contra ella.

— ¿Por qué?

— Porque yo no quiero que te despegues de mí.

— ¿Sueles ser cariñosa con la gente en general? — le pregunto sin apartarme aún de su cuello.

— No.

— ¿Y con una chica que solo te atrae sexualmente?

— Tampoco. Creo que la muerte de mi madre marcó un antes y un después en mi forma de mostrar cariño.

Era la persona a la que más apego le tenía y con ella sí que era cariñosa, pero cuando se fue, dejé de tener a esa persona a la que me apetecía abrazar o darle un beso.

Y…con Ana sí que era relativamente cariñosa, pero…

uff, no sé cómo explicarlo — levanta la cabeza para mirar al cielo, como si pudiera encontrar allí la forma de expresarse, o como si estuviera pidiéndole a su madre que la ayude a explicarlo — con mi madre era un cariño sincero, una necesidad.

Pero nunca he encontrado a una persona que me haga sentir esa misma necesidad de mostrárselo.

“Ojalá yo fuese esa persona, ojalá encontrases esa necesidad en mí”, pienso yo.

— Vamos, que debería dar gracias de que ahora no quieras que me separe de ti, ¿no?

— Deberías.

— Y si algún día sientes esa necesidad, debería pedirte matrimonio, ¿no?

— Exacto — se ríe, y lo hago yo con ella.

— Conmigo eres bastante cariñosa.

— Es lo que me nace.

Al oírla, ahora soy yo la que la aprieta un poquito más.

Mis pechos desnudos aplastan a los suyos y, aunque estamos teniendo un momento…

¿romántico?, no puedo evitar un latigazo en mi entrepierna.

En la posición en la que estoy, apenas tendría que mover un poco los labios para poder besarle el cuello, calentarla y volver a hacerla mía, pero contengo mis ganas porque quiero aprovechar el momento de estar abrazada a ella ahora que es ella misma la que me está pidiendo que no me separe.

Con esto lo tengo todo, no necesito nada más.

Empieza a caminar por la piscina, despacio, creando un pequeño oleaje que filtra un mínimo de agua entre su cuerpo y el mío y que agradezco porque, aunque está fría, nuestros cuerpos en contacto están calientes.

— Por cierto, perdona por lo de que mi madre se ha autoproclamado abuela de Toby. Tiene más ganas que yo de que sea correspondida en el amor y creo que su cabeza no ha pensado en otra cosa antes de hablar.

Pasan unos segundos y no contesta, frena sus pasos y mira a un punto fijo, pero no gira su cara para tratar de mirarme a mí, y yo no puedo evitar empezar a preocuparme.

¿Y si ahora me dice que puedo ir dejándole claro que nunca seremos pareja?

Sé que me dijo que siente cosas por mí, pero de eso a formalizar una relación hay un paso muy grande.

Y me dolería escucharlo. Lo aceptaría y lo asimilaría, pero seguramente me jodería el resto de la estancia aquí.

Quizás debería haberme quedado callada y no sacar el tema. Con lo bien que estábamos…

— Vale, me queda claro que sí que se ha pasado con eso mi madre. Intentaré que no vuelva a decir algo así para que no puedas sentirte incómoda con la situación.

Soy idiota. Definitivamente soy idiota porque hasta me están entrando ganas de separarme de ella y he sido yo misma la que me he llevado a esta situación.

Si me hubiera quedado con el pico cerrado, seguiría tan feliz en mi burbuja.

¿Qué coño esperaba? ¿Que me dijera “eres el amor de mi vida y lo quiero todo contigo, incluida a tu madre”?

Eso tan perfecto solo podría pasar en una película y yo no tengo la suerte de ser la protagonista en una de ellas.

Empieza a caminar otra vez, pero ahora lo hace a la velocidad a la que le permite ir el agua.

Nos dirigimos hacia las escaleras y yo me acojono más.

¿Y si tiene intención de soltarme, salir de la piscina y decirme cuatro cosas que van a gustarme menos que el silencio que ha reinado hasta ahora?

No sé si podría soportar que ahora me venga con una actitud borde para bajarme de la nube en la que estoy.

Pero, para mi sorpresa, empotra mi espalda contra la pared de la piscina.

— Mírame — me pide y yo lo hago. Aparto mi cabeza de su cuello y la miro a los ojos, acojonada — me gustaría que sea su “abuela”.

— ¿Perdona? — ladeo un poco la cabeza y la miro con los ojos como platos. El corazón me va a una velocidad que debe de ser superior a mil por hora. ¿Habré entendido mal?

Pasan unos segundos más en los que está en silencio, cierra los ojos también unos segundos que se me hacen interminables, los abre y vuelve a hablar:

— No sé si estaré precipitándome, y sé que de las dos, la que debería ser más reacia a empezar una relación soy yo, pero es que cuando estoy contigo siento que es lo que quiero.

El corazón no engaña, Nadia, y cuando me abrazas se despierta en mí un sentimiento que hacía años que no tenía.

Si no quieres que le pongamos nombre ni etiqueta a lo que tenemos porque es demasiado pronto, lo entiendo, pero quiero que sepas que, por mí, tu madre puede considerarse “abuela” de Toby.

Y quiero que sepas que contigo sí que tengo la necesidad de ser cariñosa. Me nace y lo necesito, las dos cosas.

Me quedo totalmente bloqueada. Podía esperarme muchas cosas, pero no esta.

He deseado muchas veces que me diga algo así, pero pensaba que nunca lo haría o que tendría que pasar un largo tiempo hasta que se sintiera preparada para empezar algo con alguien y, ahora que me veo metida en el ajo, vuelve a invadirme el miedo.

¿Y si empiezo algo con ella y después me rompe el corazón?

¿Y si dentro de un mes se da cuenta de que sí que se ha precipitado?

Pero si le digo que yo no quiero ponerle nombre, le estaría mintiendo a ella y a mí misma.

— ¿Nadia? — insiste al ver que me he quedado muda.

— ¿Todo eso que has dicho se puede traducir como que te estás enamorando de mí y que quieres ser mi pareja? ¿O lo he entendido mal?

— Lo has entendido perfectamente.

— ¿Y vas a decirme las palabras mágicas para hechizarme o aún no? — sonrío ampliamente, pero intento usar un tono de broma porque no quiero presionarla a que pronuncie ese “te quiero” que tanto me gustaría escuchar, pero que no sé si está preparada para decirlo.

— Voy a tardar en decírtelo solo para hacerte sufrir — me contesta fingiendo enfado por mi tonito bromista.

— Pues entonces esperaré pacientemente. La paciencia es una de mis cualidades — levanto la barbilla con orgullo.

— También puedes decírmelo tú.

— Si lo hago yo, será cuando menos te lo esperes.

— ¿Sabes que me están entrando ganas de enfadarme de verdad?

— ¿Por qué?

— Porque te he confesado algo importante y tú estás haciendo bromas, pero no me has dicho qué opinas exactamente.

— Tienes razón. Perdona — le doy un beso en la mejilla para que se le vayan esas ganas de enfadarse y continúo — Es que me has pillado desprevenida, te prometo que no me esperaba que me dijeras eso y no he sabido cómo reaccionar, aún estoy tratando de asimilarlo.

Cuando me estabas trayendo hacia aquí pensaba que ibas a salir de la piscina y a mandarme a la mierda, esto no se me había pasado por la cabeza.

Pero… — cojo aire y me empujo a hablar — yo también quiero que mi madre sea la “abuela” de Toby, quiero obligarte a preparar siempre las tortillas sin cebolla, quiero llevarte más veces el desayuno a la cama con esa bandeja que no es una bandeja, quiero poder gritar a los cuatro vientos que eres mi chica y…

— sonrío de oreja a oreja porque sé que esto le va a gustar — quiero apuntarme contigo a clases de bachata. Si tú quieres, claro.

— ¡¿Qué?! — grita y se queda unos segundos con la boca abierta — ¿me estás hablando en serio?

— Sí, claro. No bromearía con una cosa así, que sé que para ti es importante. Quiero que cuando nos reencontremos con Conchi, dentro de muchos años, y te pregunte por las clases de bachata, puedas responderle que han ido de maravilla porque has estado yendo con el amor de tu vida.

— ¿El amor de mi vida? — sonríe, no sé si porque le ha gustado oír eso o porque ya está pensando que se me está subiendo el ego.

— Por supuesto.

— Eso ya lo veremos, creída — se separa de mí y me salpica intencionadamente con agua de la piscina.

— ¿Cómo que ya lo veremos? — le pregunto fingiendo enfado y voy hacia ella, pero ella huye de mí.

— Tendrás que ganarte ese título con el paso del tiempo, a ver si te piensas tú que con decirme cuatro palabras bonitas y apuntarte a clases de bachata conmigo lo tienes todo ganado…

Empiezo a nadar todo lo rápido que puedo para alcanzarla y consigo pillarla. La hundo, asegurándome de que coge aire antes, después la impulso hacia arriba cogiéndola de las axilas para que salga a flote, y la cojo como los príncipes cogen a las princesas en las películas de Disney.

— Me lo ganaré tanto que pensarás: “ojalá la hubiera conocido antes”.

— Eso ya lo pienso.

Me quedo anonadada. Me late fuerte el corazón y sonrío como una gilipollas al escuchar sus palabras. La quiero. Joder, es que la quiero.