CAPÍTULO 34
Llegamos a casa de Iris, y Toby nos recibe con gran efusividad, y Oliver a su manera, con sus andares elegantes como si fuese el gato más rico del barrio.
A Iris la veo apagada y yo siento una presión en el pecho al verla así que no me gusta nada.
Me duele, y más sabiendo que seguramente una parte de ese apagón es por mi culpa.
Va directamente al sofá y yo voy con ella.
— ¿Quieres que te prepare algo? ¿Una infusión? ¿Algo para comer? — le pregunto yo.
— Hambre no tengo, pero una infusión no estaría mal.
Antes de ponerme manos a la obra, me siento a su lado y la abrazo. Yo tengo claro que me cargo de energía al hacerlo, pero no sé si a ella le estará pasando lo mismo. Quiero creer que sí. Le doy un beso en la mejilla, con sentimiento, y me dirijo a la cocina.
Aunque la cocina es abierta, me centro en lo mío mientras preparo las infusiones y, al volver, tiene a Toby encima de las piernas y con la cabecita apoyada en su abdomen.
Me parece una imagen preciosa porque están adorables los dos, pero estoy segura de que Toby está así porque sabe que Iris está mal.
No acostumbra a estar encima de las piernas.
— ¿Te apetece que hablemos ahora? O…
— Necesito que hablemos ahora — me corta.
— Vale — me remuevo incómoda en el sofá porque creía que me daría un poco de tregua, que hoy no querría hablar de temas sentimentales, pero ya veo que no es así.
Ha llegado el momento — a ver…antes que nada, quiero confesarte que tú me atraes sexualmente casi que desde el primer momento en que te vi.
La noche que dormimos en la casa de campo de Mía y África, te puse la mano en el abdomen para dormir. ¿Te acuerdas?
— Sí.
— Pues en realidad estaba deseando deslizarla hacia otro sitio, pero me contuve.
— ¿Me estás hablando en serio? — me pregunta sorprendida.
— Sí.
— Entonces me mentiste.
— No, no lo hice. Te dije que necesito conexión emocional para acostarme con una persona, y eso es verdad.
Lo que no te dije es que contigo ya la tenía, porque me estaba costando asimilar que pudiera haberme pasado tan rápido.
Yo te dije eso y tú decidiste respetarme, cosa que agradecí porque prefería tener las cosas claras antes de llegar a algo más contigo.
Pero yo nunca te dije que no quería acostarme contigo, esas palabras nunca han salido de mi boca.
— ¿Y si, en vez de respetarte, hubiera decidido meterte mano?
— No habría sido capaz de negarme.
— No me lo puedo creer — se tapa la cara con las manos — mi sufrimiento podría haber terminado hace tiempo.
— En realidad, sí. Y el mío, no te olvides de eso.
— Y si también era un sufrimiento para ti, ¿por qué decidiste seguir así?
— Porque empezamos a hablar todos los días y me di cuenta de que me estaba gustando demasiado estar en contacto continuo contigo.
Uff… — me rasco la nuca, nerviosa, y Toby baja de sus piernas, como si supiera que esto va a complicarse — aquí viene lo gordo.
Me da mucho miedo decírtelo, pero, si te pierdo, no quiero que sea por haberme callado lo que me está pasando.
Me quedo bloqueada. Tengo tanta información en mi cabeza, tantas cosas que podría expresar, tantos motivos para decirle por qué me gusta tanto, que no sé por dónde empezar ni qué decir exactamente.
Y miedo. Miedo de que me diga que a ella no le pasa lo mismo, que para echar cuatro polvos estoy muy bien, pero para nada más.
Juro que mi bloqueo no es algo voluntario ni una tontería. Debo de tener un trauma serio en mi cabeza porque me siento incapaz de hablar ahora.
— ¿Nadia? — me coge de la mano y me la aprieta — ¿estás temblando?
— Creo que un poco.
— ¿Por qué?
— Siento pánico, no lo puedo controlar.
Ahora es ella la que me abraza, pero, sin romper el abrazo, se mueve para ponerse a horcajadas sobre mí.
— Estás atrapada. No pienso consentir que salgas corriendo sin haberme explicado — y se ríe.
Rompe el abrazo, me coge de las dos manos y me mira, comprensiva.
— ¿Estás confundida?
— Ni un poquito. Tengo las cosas muy claras.
— Pues ilumíname, por favor, porque no entiendo nada.
— Empezamos a hablar mucho — trago saliva — empezó a encantarme tu personalidad.
Esa conexión emocional que ya sentía, empezó a crecer.
Empezaste a ocupar gran parte de mis pensamientos, y lo sigues haciendo.
Cada vez que me pasa algo raro o emocionante, pienso: “esto se lo tengo que contar a Iris”.
Cada día me despierto pensando en ti, cada minuto libre que tengo entre paciente y paciente, miro el móvil para ver si tengo algún mensaje tuyo.
Y cuando estoy mucho rato sin saber de ti, entro a ver tu foto de perfil porque…
creo que podría decir que te echo de menos.
Y siempre pienso que estás guapísima en esa foto.
Sé que, quizás, es un poco enfermizo, pero es lo que me está pasando.
No sé si vas a pensar que estoy loca, pero quería ser sincera.
Me observa seria. No tengo ni puñetera idea de qué puede estar pensando, y eso me pone más nerviosa.
— Sigues sin decirme por qué decidiste no dar ningún paso más conmigo, ni por qué te fuiste.
— ¿No vas a decirme nada sobre lo que acabo de decirte?
— No. Aún me debes explicaciones.
— Joder. Vale — siento que se me va a salir el corazón por la boca, en serio, pero tengo que continuar porque tiene razón — tú decidiste respetarme y a mí me pareció buena idea esperar un poco más.
Después me di cuenta de que empezaba a sentir algo por ti, así que me entró el miedo a que tú solo me quisieras para echar cuatro polvos, y me pareció peor idea acostarme contigo porque pensé que si daba ese paso, después lo pasaría mal si me decías que solo querías sexo conmigo.
Pero está claro que si las cosas no se hablan, no se saben.
Yo no sé lo que sientes tú y tú no sabes lo que siento yo.
— Muy bien, ya solo te falta explicar la huida.
— Iris…eres más mala de lo que me esperaba, ¿eh? Dime algo sobre lo que te he dicho hasta ahora, no seas así.
— ¡No! ¿Tú sabes cómo me sentí yo al ver que te ibas después de quitarte el calentón? ¿Cómo te hubieras sentido tú si hubiese sido yo la que se fue?
— Mal. Me hubiera dolido mucho, hubiera pensado que me habías visto como un objeto sexual y nada más. Justo lo que más miedo me da desde que sé que ya no puedo evitar sentir algo por ti.
— Pues así me sentí yo — me suelta las manos y cruza los brazos — sigue.
— Perdí el control. No pude contenerme, sentí que no aguantaba más y tuve la necesidad de apagar el fuego que sentía.
Después, cuando volví a la realidad, me entró el pánico.
Me odié a mí misma por no haber sabido controlarme y me di cuenta de que la había cagado porque mis sentimientos habían aflorado demasiado.
En ese momento me di cuenta de que te habías convertido en una droga fuerte para mí y de que ya no había vuelta atrás.
Y, en un corto espacio de tiempo, pensé en mil opciones que podrían hacerme daño si a ti no te estaba pasando lo mismo que a mí.
Por ejemplo, que me dijeras “yo hace poco que salí de una relación y ahora mismo solo quiero pasarlo bien” o “a ver, Nadia, estás buena y me pones cachonda, pero no quiero nada más contigo”.
Y…no sé, la huida fue una especie de acto reflejo, en realidad no sé exactamente por qué reaccioné así.
Supongo que…mi cerebro decidió que mi cuerpo escapara de algo que podía ser un problema.
— ¿Me estás diciendo que lo que quieres es tener una relación conmigo?
— No. Bueno, no de momento. No quiero correr ni pedirte que corras conmigo.
Soy consciente de que lo de que estabas en una relación hace poco, es una realidad.
Dejaste a tu novia y enseguida aparecí en tu vida.
Y yo…no puedo decirte que esté locamente enamorada de ti, pero ahora sé que ese momento puede llegar.
Solo quería abrirte mi corazón, decirte lo que me está pasando, hacerte saber que siento cosas por ti, porque necesito saber si a ti te está pasando lo mismo o si tengo que hacerme a la idea de que solo me ves como a una tía follable.
Podría hasta entender que quieras disfrutar durante un tiempo y, quizás, acostarte con otras personas, ¿eh?
Eso sí, te agradecería que no me lo digas porque no podría evitar que me moleste.
Pero…no sé…me ayudaría psicológicamente saber que sientes algo por mí, no solo atracción sexual.
Aunque sea algo pequeñito, pero ya me quitaría un poco de miedo.
Sigue mirándome seria y, de repente, sonríe de oreja a oreja.
— ¿Te molestaría que me acueste con otras personas?
— Sí, no te lo voy a negar. Pero insisto en que no te estoy pidiendo ni una relación ni exclusividad. Lo que sí que te pido ahora mismo es que me digas algo, por favor, debo de tener la tensión arterial por las nubes de no saber qué opinas tú.
— Nadia — vuelve a cogerme de las manos — a mí me pasa lo mismo, por eso me molestó tanto que te fueras.
Anoche me costó dormirme porque echaba de menos hablar contigo por WhatsApp y…
bueno, también ayudó el no saber por qué te habías ido.
No conozco a la chica esa de la que estabas enamorada, pero te juro que la estaba odiando con todas mis fuerzas porque pensaba que seguías sintiendo lo mismo por ella y que me usaste para ver si la habías olvidado y comprobaste que no.
— ¿Sabes que tú también estás un poco tonta? — me río para que sobreentienda que lo digo de broma, no es mi intención insultarla de verdad como hacía su ex.
— ¿Por qué?
— Porque te dije muy segura que ya la había olvidado, eso es agua pasadísima para mí.
— Ah pues yo iba a decirte una cosa, pero como me has dicho tonta, me la callo — vuelve a cruzar los brazos.
— No vas a hacer eso — le advierto con el dedo.
— Y tanto que sí.
En un impulso, la tiro sobre el sofá con cierto cuidado para que no caiga encima de Toby y me pongo encima de ella para que no tenga opción de escapar.
— ¿Y si te doy besitos de los míos? — le doy un beso en la comisura izquierda de los labios — ¿Hablarás?
— ella cierra los ojos con fuerza, se muerde los labios por dentro y niega con la cabeza.
Yo le doy un beso en la comisura derecha, asegurándome de que mi lengua la roce — ¿estás segura?
— ahora afirma con la cabeza y yo vuelvo a la comisura izquierda — ¿ahora vas a ser tú la que se resiste?
— vuelve a afirmar y yo bajo a su cuello para darle un mordisco suave y lento, haciendo que mis dientes recorran lentamente cada milímetro de su piel.
— Mierda… — jadea.
— ¿Qué te pasa? — le doy un beso con lengua en el cuello.
— No puedes hacerme eso.
— ¿Por qué? — otro beso, que compruebo que le eriza la piel.
— Porque estoy perdida si lo haces.
En otro impulso, me levanto de encima de ella y vuelvo a quedarme sentada tal y como estaba antes.
— ¿En serio? — me mira anonadada — ¿vas a dejarme a medias?
— Sí, hasta que me digas eso que te has callado — y ahora cruzo yo los brazos y sonrío con orgullo.
— Vale, yo te digo eso y tú me dices cuál es la canción que querías bailar conmigo.
— Trato hecho, pero… — me quedo dudando sobre cómo hacer las cosas.
— Pero ¿qué?
— Quiero prepararte la cena esta noche y bailar después. El problema es que no sé si aguantaré hasta ese momento sin saber eso que quieres decirme.
— Si yo he podido aguantar tanto tiempo sin saber cómo besas, tú puedes aguantar unas horas sin saber lo que quiero decirte.
— ¿Vas a hacerme siempre chantaje con eso?
— Por supuesto. Y todas las veces que pueda.
Sonríe, se incorpora un poco, tira de mi brazo y me hace caer sobre ella otra vez. Y esta vez no busco calentarla, simplemente la abrazo y me quedo así con ella porque a mí me encanta y porque, aunque se haya olvidado un rato de lo de Conchi, lo llevará por dentro.