Un beso de los tuyos CAPÍTULO 23 #2
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CAPÍTULO 23 #2

Ella se deja hacer, pero como si el cuerpo le pesara una tonelada.

Ya en pie, me sitúo para caminar a su lado, cogida de su cintura, de la parte opuesta a mí, y la llevo a mi habitación.

La guio hasta la parte derecha de la cama ya que a mí me gusta la izquierda y así dormimos en la casa de campo de Mía y África.

Se deja caer, se pone de lado y se queda con los ojos cerrados, sin hacer nada más. Toby sube y se tumba a su lado.

— Deberías quitarte el sujetador y el vaquero.

— Tú.

— ¿Yo qué? ¿Quitártelo?

— Sí.

— Nadia…

— Tú.

Joderhostiaputa. ¿Esta chica no entiende que me pone a mil?

Ella a mí seguramente podría quitarme ropa y quedarse tan pancha, pero a mí no me va a pasar lo mismo.

¿Ahora qué coño hago? “Venga, Iris, tú puedes, eres capaz de pensar con la cabeza y no con la entrepierna. Es un acto inocente, solo vas a quitarle prendas y a dormir. ¡Ánimo!” me digo a mí misma.

Por suerte, está de lado, así que tengo fácil acceso. Introduzco mis manos por debajo de su camiseta, le desabrocho el sujetador, las saco y la empujo para que se quede tumbada boca arriba. Dios, dame fuerzas para soportar esto porque con las ganas que me diste de follar con ella, te pasaste.

Le quito los tirantes e introduzco mi mano por debajo de la camiseta para sacarle el sujetador.

Eso sí, rezando para no tocar nada que no deba y, al quitárselo, veo cómo se le marcan los pezones.

Vale…mierda…esto no lo tenía previsto. Por un segundo, o dos, o tres, no lo sé, pienso en cómo sería tenerlos en mi boca.

No, Iris, no puedes ser tan pervertida. Una cosa es que pienses en ella cuando estás sola en casa y otra es que te aproveches de una situación real como esta.

Esto está mal. Ella ha confiado en mí y yo estoy dejando que me venzan mis pensamientos más primarios. Me odio un poquito.

Le desabrocho el botón del vaquero y le bajo la cremallera tratando de mantener la mente fría, pero mi cuerpo no me ayuda.

Tengo calor, pero no solo externamente, y no sé qué puedo hacer para evitarlo.

Se lo bajo con cuidado para intentar que las bragas se queden en su sitio, pero, aun así, se le bajan un poquito y llego a ver piel más blanca por la marca del bikini, piel que aún no había visto.

Del culo sí que la había visto, pero de la parte de delante no, y eso hace que me suba más la temperatura.

Y ese espacio que queda entre las bragas y la camiseta…

me vuelve más loca. Lo que daría por dejarle un camino de besos y saliva justo ahí…

Vale, ya está, para ya, mente perversa. Me levanto de la cama como un resorte. No puedo mirarla más porque si sigo haciéndolo me voy a ahogar de calor. O voy a hacer una estupidez, y no me conviene ni una cosa ni la otra.

Me cambio yo también, de espaldas a ella y, justo antes de meter la cabeza por el cuello de la camiseta del pijama, me giro inconscientemente a mirarla.

Se me va todo el calor de golpe en cuanto veo que está mirándome con los ojos completamente abiertos, pero los cierra enseguida para hacerse la dormida, pero se le escapa una sonrisa porque sabe que la he pillado.

— ¡Eres una cabrona! — le digo mientras me acerco a ella — ¡Estás despierta! ¿Lo has fingido todo?

— ¿Quién? ¿Yo? No. Estoy durmiendo profundamente — y sigue sonriendo la muy capulla, pero con los ojos cerrados. Yo llevo mis manos a sus laterales y empiezo a hacerle cosquillas — ¡Ah! ¡No, eso no! ¡Me estás interrumpiendo el sueño y eso es malo para la salud!

— ¡Y una mierda te estoy interrumpiendo el sueño! — sigo con las cosquillas, pero sin pasarme. Aun así, me pongo arrodillada sobre la cama para tener más fácil seguir con lo mío.

— ¡Que sí! ¡Ah! ¡Para, Iris, por favor! ¡Si paras, haré lo que me pidas! — saca fuerzas, me coge de las muñecas, tira de mí y caigo sobre ella.

— ¿Cualquier cosa que te pida? — le pregunto seria.

En la situación en la que estamos, eso que acaba de decir es muy peligroso para mí.

Mi cuerpo está encima del suyo y ninguna de las dos llevamos sujetador.

Nuestros pechos están separados por las telas de ambas camisetas, sí, pero aun así, la sensación no es la misma que en circunstancias normales.

Nuestras piernas están desnudas, piel con piel, y no llevamos pantalón.

Y lo más peligroso de todo: mis labios están cerca de los suyos.

— Casi cualquier cosa.

Me paro a pensar si debería seguir evitando el tema, soltar cualquier chorrada y que la cosa quede como si aquí no pasara nada, o si debería decir lo que de verdad quiero.

Para mí ella ya no es solo un capricho, no es solo un calentón, se ha convertido en la protagonista principal de mi mente.

De alguna manera, mi vida gira en torno a ella.

— Me muero por besarte, Nadia. Déjame hacer solo eso, no te pido nada más.

Le miro los labios y la miro a los ojos. Ella me mira a los ojos todo el rato, no se le desvía la vista a mis labios ni un solo segundo, y caigo en que es un error y una gilipollez lo que acabo de decir.

— Lo siento, eso ha estado fuera de lugar, no debería haberte pedido algo así — le digo yo.

Hago fuerza con los brazos para levantarme de encima de ella porque no quiero cagarla más, tengo que poner distancia si quiero sobrevivir a esta mujer.

Pero, antes de que me separe mucho de ella, lleva su mano a mi nuca rápidamente y hace que vuelva a acercarme.

Sigue mirándome a los ojos, pero no hace ni dice nada.

Está consiguiendo que me desespere, lo juro.

Pero ahora no es por las ganas que tengo de besarla, sino porque me está desquiciando no saber lo que piensa.

Empieza a acariciarme la nuca y a mí se me eriza la piel de todo el cuerpo. Cierro los ojos no sé si para disfrutarlo, o porque necesito romper el contacto visual con ella o porque, si no la veo, puedo odiarla mejor por tenerme en esta incertidumbre.

Para de acariciarme, vuelve a cubrir mi nuca con la palma de su mano, la desplaza hasta introducir parte de sus dedos en mi pelo y me empuja más hacia ella, hasta que noto que sus labios entran en contacto con los míos.

Se me para el corazón durante un par de segundos al notar ese contacto porque, aunque de momento solo es un pico, no pensaba que lo haría.

Noto que afloja la mano que tiene en mi nuca, deja de empujarme hacia ella, así que, instintivamente, me separo y abro los ojos para mirarla.

— ¿Así? — me pregunta ella, sonriendo malévola.

— ¿Un poquito más?

Vuelve a empujarme hacia ella con la mano, y esta vez va directa con la lengua.

Ese corazón que había estado parado, ahora me martillea a toda velocidad amenazándome con romperme alguna costilla y con hincharme de más lo que tengo entre las piernas.

Me besa lento y suave, como si quisiera decirme que tiene todo el tiempo del mundo para dedicarle a esto.

Y yo deseo que lo tengamos y que se lo dediquemos, sin excusas.

No recuerdo cuando fue la última vez que estuve tan excitada como lo estoy ahora, y ahora mismo daría todo lo que tengo por conseguir llegar a todo con ella, pero eso sí que no pienso pedírselo.

No quiero que se deje llevar solo porque yo se lo estoy pidiendo, ni quiero probar a meterle mano y que ella me rechace.

Eso me mataría. Prefiero quedarme con la sensación de un buen beso.

Mejor dicho, con la sensación del mejor beso que me han dado en mi vida. Y esa mano entre mi nuca y mi pelo.

Con todo el dolor de mi corazón, de mi alma y de mis partes íntimas, hago por separarme de ella. Ella afloja la mano y deja que me aparte.

— Me encanta cómo besas, Nadia, pero tengo que parar antes de que se me vaya de las manos.

Ella asiente con la cabeza, con los labios brillantes por esa saliva suya y mía que se ha entremezclado.

Juraría que su pecho sube y baja más rápido de lo normal y que tiene cara de estar tan excitada como yo, pero si solo ha afirmado, será porque está de acuerdo y no quiere seguir.

¿No? Ojalá pudiera meterle mano por dentro de las bragas, pero no solo por el hecho de tocarla, sino por saber cómo está.

Porque una cosa es lo que te pide tu cabeza y otra la que te pide tu entrepierna, que esas dos partes del cuerpo no siempre están de acuerdo, no siempre están en sintonía.

Y creo que ese es el único problema que tiene Nadia.

Aun así, y aunque ahora vaya a costarme dormir por el calentón y porque no me creo que nos hayamos besado, ha valido la pena lo que ha pasado.