Un beso de los tuyos CAPÍTULO 16
32%

CAPÍTULO 16

Llegan las gilipichis de mis amigas. Juntas. Han quedado en que Marina recogería a Julia y vendrían juntas, lo que significa que a mí me han dejado fuera de la ecuación para que tuviera una cita obligada con Nadia. Y en el fondo lo agradezco, la verdad, así que no se lo voy a reprochar.

Ahora que ya están, Nadia nos enseña el piso porque parece ser que se lo compró hace poco, y hace nada que han terminado con la reforma.

— ¿El masaje tendrá lugar en esta cama? — le pregunta Julia a Nadia — ¿O en la tuya? — me pregunta a mí — es por montarme bien la escena en mi cabeza, sería una buena ayuda cuando tenga mi próxima sesión con Tritón.

— ¿Sabes que eres muy guarra? — le pregunto yo.

— Me gusta el sexo lésbico y las dos estáis buenas, yo hasta os pagaría para ver cómo os lo montáis, pero dudo que me lo permitáis, así que solo me queda imaginar.

— Sígueme el juego — me dice Nadia al oído para que no pueda oírla ninguna de las otras.

Me coge de la mano para arrastrarme con ella y empuja a Julia hacia la cama, así que, de alguna manera, nos arrastra a las dos.

— ¿Y si nos lo montamos todas y dejas de imaginar? — le pregunta seria y seductora, y a Julia le cambia la expresión de la cara por completo.

Yo ya entiendo qué es lo que pretende Nadia, así que me acerco a Julia hasta que las tres quedamos bien pegaditas. Me está costando contener la risa porque la cara de Julia es todo un poema, pero lo consigo.

— P…p… ¿pero tú estás loca o qué? — tartamudea, acojonada.

Y es entonces cuando estallamos en una carcajada Nadia y yo. Yo me giro hacia la puerta para ver si Marina sigue ahí o si también se lo ha creído y ha salido corriendo, pero está partiéndose de la risa con el panorama.

— Sois idiotas — Julia nos empuja a las dos, molesta.

— Vaya, vaya…la chulita se ha cagado encima — dice Nadia, con tono burlón.

— Igual que te hubieras acojonado tú si te hubiera dicho que sí.

— Pues tienes razón, y cuanto la tienes, hay que dártela. ¿Pedimos las pizzas? — cambia de tema porque ahora que la incluye a ella, parece ser que ya no le gusta tanto.

Cenamos entre risas, pizzas, cervezas y taquicardias cada vez que Nadia me mira de esa forma suya.

Todo lo compartimos, menos las taquicardias, que solo las sufro yo.

¿Ella sufrirá algo cuando la miro? Ya me ha hecho saber que cuando le miro los labios, sí, pero me refiero a cuando la miro así en general, con gente delante.

Caminamos hacia Nébula. No habíamos planeado salir, pero Marina y Julia se han empeñado cuando las cervezas han empezado a alterar el contenido de su sangre, y dicen que las noches improvisadas son las mejores, ¿no? Pues ojalá sea así.

Al poco rato de llegar, veo a Ana de lejos y enseguida me doy cuenta de que no va a ser una de las mejores noches porque en algún momento me verá, y no sé cómo puede terminar la cosa.

Me ha insistido unas cuantas veces más en volver, pero ha sido por teléfono.

La he escuchado llorar todas esas veces, pero no lo he visto con mis propios ojos, así que ha ayudado a que no me sienta tan mal.

Cuando la dejé, ya lo tenía claro, pero ahora lo tengo mucho más porque lo que Nadia despierta en mí hacía mucho tiempo que no lo sentía.

No es amor, claro, pero sí cosas que activan mi interior y que me están manteniendo más viva que nunca.

— ¿Qué piensas hacer si se acerca? — me pregunta Nadia al verla.

— Invitarla amablemente a que desaparezca de mi vista.

— ¿Tienes claro que no quieres volver con ella?

— Lo tengo clarísimo.

Diría que sonríe satisfecha, como si acabara de enterarse de que ha ganado una batalla que, quizás, la tenía en su cabeza.

Empieza a sonar “El clavo”, de Prince Royce y Maluma, como si se hubieran alineado todos los astros para plantarnos una canción que encaje perfectamente con lo que estamos hablando y con la situación en sí.

Nadia se acerca a bailar conmigo, cosa que ya estaba echando de menos, y me canta trozos de la canción como “Si esta noche tu novio te bota, dile que tú no estás sola, que tú estás conmigo, que yo sí te cuido, no como ese idiota. Si esta noche tu novio te bota, dile que tú no andas sola, que yo soy el clavo que saca a ese clavo y dile que se joda” y “Tú estás demasiado buena para estar con él”.

Yo me centro completamente en ella, dejando que mi cuerpo y mi mente disfruten de los ratos que esta mujer me permite bailar con ella, y deseo que cada vez sean más.

Nos movemos pegadas al ritmo de la música y sonrío cuando nuestras miradas se cruzan, por el simple hecho de estar así con ella y porque me hace gracia que cante que es el clavo que saca al otro clavo.

Al terminar la canción, apartarme de ella y situarme en espacio y tiempo, veo que tenemos a Ana justo al lado, mirándonos con la cara encendida de rabia. Yo me quedo petrificada porque no sé cómo va a actuar, pero sí que sé que no va a ser de buena manera.

— Muy bonito el espectáculo — aplaude — veo que estás con la misma zorrita que la otra vez — grita para asegurarse de que la oigamos las dos por encima de la música — ¿Te has repasado ya a unas cuantas o siempre repites con eso? — señala a Nadia y ahora soy yo la que se está encendiendo de rabia.

— Lo que haga con mi vida sexual no es asunto tuyo, y esta chica a la que tú llamas “eso” — señalo a Nadia — vale muchísimo más que tú y se merece un respeto, pero claro, tú eso no sabes lo que es, ¿verdad?

Ana eleva las dos manos para empujarme, pero Nadia reacciona más rápido de lo que se mueve ella y se pone entre las dos, consiguiendo que ese empujón se lo dé a ella.

Nadia levanta una mano y la coge del cuello, pero tiene los dedos sueltos, está claro que no la está apretando, pero sí tratando de amedrentarla.

— No vuelvas a acercarte a Iris nunca más y mucho menos te atrevas a tocarla o a insultarla.

— ¿Y quién eres tú para exigirme algo así? — le contesta Ana envalentonada.

— Pues soy médico. Reza para que tu vida no dependa nunca de mí.

— Payasa…

Y Ana da media vuelta y se va. Y yo me río con ganas.

— ¿Médico? — le pregunto a Nadia cuando sé con total seguridad que Ana ya no nos puede oír.

— Soy médico, pero no he especificado de qué — levanta los hombros y eleva las cejas. Yo vuelvo a reírme porque me parece chistosa su cara — no he mentido.

— Sí, sí, tienes razón, desde luego.

— Entonces, ¿de qué te quejas?

— No me quejo. De hecho, me ha gustado mucho que me defiendas — le doy un beso en la mejilla, asegurándome de que mis labios toquen totalmente su piel — estás tremendamente atractiva cuando sacas tu vena chunga.

Por un momento sonríe, pero enseguida le cambia la cara.

— Espero que no te moleste que le haya dicho que no vuelva a acercarse a ti nunca más, lo he hecho porque me has asegurado que no quieres volver con ella, si no, no me hubiera metido, no pretendo…

— Nadia — pongo la yema de un dedo en sus labios para silenciarla — te he dicho que me ha gustado mucho, pero, rectifico; me ha encantado — le sonrío y ella hace lo mismo.

— ¿Cómo has podido estar con esa energúmena?

— Eso mismo me he preguntado muchas veces yo y me lo sigo preguntando, créeme.

— No te conozco en exceso, pero estoy segura de que te mereces a alguien mucho mejor que ella.

— ¿Alguien como tú por ejemplo? — bromeo.

— Por ejemplo — asiente con la cabeza, siguiéndome la broma y volvemos a sonreír las dos.

— ¡Tortolitas! — llega Julia, que había ido al baño con Marina, con lo cual se ha perdido el show — ¡Ya ha vuelto la más guapa del lugar!

— ¿Y Marina? — le pregunto yo.

— La está entreteniendo una chica. Muy mona, por cierto. Follar no sé si follará porque ya sabemos lo tímida que es, pero la boca se la comerán, eso seguro.

— Fíate de las calladitas…

Como ya era de esperar, se le acercan tías a Nadia para bailar y yo me doy cuenta de que hay una clara diferencia entre las veces anteriores y hoy: me moriría si se lía con alguna de ellas porque ahora tengo doble motivo.

Me jodería verla besar a otra que no sea yo ya que aún no he podido probar esos labios y, además, me demostraría que ha estado mintiéndome.

¿Que cabe la posibilidad de que a mí me esté dando largas porque no le gusto demasiado?

Cabe la posibilidad. Pero también me jodería que esté haciendo eso.

Si no le gusto, que lo diga claro, que no se pase la vida dándome y quitándome para nada.

Empieza a sonar “Travesuras”, esa misma canción que bailamos la última vez que salimos, y veo cómo ignora totalmente a la tía que está intentando restregarse con ella y viene hacia donde estoy yo.

Se pega a mí y bailamos como si quisiéramos fusionar nuestros cuerpos.

Adoro tenerla así de cerca, adoro sentir el calor que emana su cuerpo y adoro que nos toquemos.

Y que la canción que estamos bailando sea tan sexual.

Por una parte, no es muy bueno para mí porque sé que solo se va a quedar en esto, pero nadie podrá borrar lo que estoy sintiendo ahora mismo.

Con esta canción también siento una clara diferencia entre la vez anterior y esta.

En uno de los movimientos en los que nuestros labios quedan cerca y que me están haciendo morir y desesperarme, acerca más su boca a la mía, quedándose a una distancia que no existe palabra en el diccionario para definir lo peligrosa que es.

Se acerca aún más y me besa en la comisura de los labios con la boca entreabierta, dejándome la humedad de su lengua, una humedad muy parecida entre mis piernas y el corazón latiéndome hasta en la sien.

Se aparta un poco, me sonríe y da un paso hacia atrás para quedar a más distancia de mí, como si quisiera evitar correr el riesgo de que ahora me dé por meterle la lengua hasta la campanilla.

Que, me pueden faltar muchas cosas en la vida, pero ganas de hacer eso no, os lo aseguro.

Yo, a pesar de que parece querer guardar distancia, me acerco a su oído y le pregunto lo que me está haciendo pensar después de su acción.

— Te gusta provocarme, ¿verdad?

— Me encanta — sonríe diabólicamente y yo niego con la cabeza, sonriendo también, porque aunque en parte es una putada para mí, en el fondo también me encanta.

Me giro hacia Julia y veo que está con la boca abierta, y eso que ya debe de haber pasado un minuto desde que Nadia me ha provocado, lo que no sé es cómo no se le ha caído el cubata de la mano.