Un beso de los tuyos CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

Me despierto asustada porque no siento a Toby pegado a mí y es la primera vez que me pasa. Desde que lo tengo he compartido cama con Ana muchas veces, pero nunca ha dormido con ella.

Miro a mi alrededor y no lo veo, pero pienso que no puede estar muy lejos porque anoche cerramos la puerta y así sigue.

Nadia está durmiendo de lado, tal y como me dormí yo anoche, pero en sentido contrario, dándome la espalda a mí.

Me asomo por encima de ella y veo que Toby está estirado a su lado, completamente pegado a ella desde el pecho hasta el abdomen.

El cuerpo de Nadia me lo tapaba. Y quien fuera Toby…

— ¿No decías que duerme pegadito a ti? —gira la cara lo que le es posible para mirarme, pero sin mover el cuerpo ni un milímetro.

— Pensaba que estabas durmiendo… Y sí, siempre lo ha hecho, es la primera vez que no duerme conmigo.

— Hace rato que estoy despierta, pero no me muevo para no molestarle — deja de mirarme a mí para mirarlo a él — Estaba soñando justo antes de que te movieras tú, y me estaba pareciendo adorable porque parecía que quería correr.

Vuelvo a asomarme para mirar la bonita imagen que me regalan los dos juntos y me pregunto si callarme lo que pienso, pero decido que no voy a hacerlo más. Y espero que ella tampoco.

— En realidad estáis adorables los dos juntitos, no solo él.

Vuelve a girarse para mirarme y sonríe, y ahora supera con creces esa imagen que ya me estaba pareciendo adorable.

Me tumbo otra vez, boca arriba, pero mirando a Nadia por detrás.

Dios…es que es perfecta. La forma de su cuerpo, la curva de su cadera, esas piernas morenitas…

me pongo enferma de ver todo eso. Y más ahora que ya me ha confirmado que también despierto algo en ella.

Y ahora también sé que si algún día se decide a llegar a algo más, será un paso importante, no será un simple polvo como el que echaría cualquier otra persona que solo busque pasar un buen rato.

— ¿Te acuerdas de todo lo que hablamos anoche? — me pregunta ella.

— Sí.

— Bien. Me imaginaba que no ibas muy borracha, pero quería asegurarme.

— ¿Puedes repetir lo de que no me desnudarías solo con la mirada sino también con las manos? Que de eso en concreto no me acuerdo — bromeo.

— Sí, ya veo que no te acuerdas — por lo visto, se olvida del perro y se gira hacia mí — muy lista tú — lleva una mano por encima de mi rodilla, empieza a acariciarme el muslo y mis alarmas internas se activan todas de golpe — pero ve con cuidado, que yo ahora ya sé seguro que puedo calentarte fácilmente — sonríe burlona.

Yo la cojo de la muñeca de esa mano que me está acariciando, la llevo a la altura de su cabeza y la empujo hacia atrás, para que quede boca arriba, con ese brazo atrapado y yo cerca de ella.

— Caliéntame todo lo que quieras, te recuerdo que tengo unas manos muy ejercitadas que pueden hacerme maravillas para quitarme ese calentón, y a Poseidón en la mochila.

El oportuno de Toby se cuela entre las dos, repartiendo besos a toda velocidad, pasando de la cara de Nadia a la mía y viceversa. El muy capullo no solo le quitó las bragas antes que yo, también la ha besado antes que yo.

Dejo a Nadia con el marrón y me voy al baño a vaciar la vejiga y a ponerme el bikini porque quedamos en que nos iríamos por la tarde, así que pienso tomar el sol hoy también. Después hace ella lo mismo y la espero para bajar juntas.

Cuando llegamos al jardín, están todas sentadas a la mesa, pero solo quedan restos de comida y tazas de café vacías, así que sobreentiendo que ya han desayunado.

En cuanto nos ven aparecer, empiezan a silbar y a vitorear y, yo no es que sea muy tímida, pero ahora mismo sí que me está dando vergüenza ser el centro de atención.

Y más suponiendo lo que estarán pensando.

— Las primeras en irse a la cama juntas y las últimas en aparecer juntas — Julia pone especial énfasis en las palabras “juntas” — me huele a sesión intensa de sexo.

— ¿Sabes? Podrías meterte la lengua en un agujerito que yo me sé.

— La pregunta es… ¿en qué agujerito la has metido tú?

— En el tuyo, pero estabas durmiendo tan profundamente que no te has enterado.

— Pues qué pena…

— No sabes lo que te has perdido — saco la lengua y hago un movimiento como si estuviera lamiendo algo.

— Sigues irritable. Nadia, no la has dejado satisfecha.

— Julia, te voy a matar — le dice Nadia.

— ¡Hostia! Yo no sé cómo me las arreglo, pero siempre hay alguien que quiere matarme.

— ¡Por algo será! — le gritamos Nadia y yo al mismo tiempo.

— Pues otra cosa no sé, pero compenetradas sí que estáis — añade Mía y se ríen todas.

Charlamos todas un largo rato después de desayunar, dejando de ser el tema de conversación, por suerte, hasta que Nadia y Marina deciden ir a jugar al ping-pong, Mía y África a la piscina pasándose por el forro lo de esperar a que les haga la digestión, y Julia y yo nos dirigimos a las tumbonas a tomar el sol.

— Qué ganas que tenía de pillarte en privado… — me mira con sonrisa malévola.

— Me lo imagino.

— Venga, suelta, ¿habéis follado?

— Tú sabes tan bien como yo que no.

— ¿Y por qué debería saberlo yo? — me mira como si no pudiera entender a qué viene lo que acabo de decir.

— ¡Porque tú lo sabes todo desde antes que yo!

— Em…vale…follar no habéis follado, pero veo que sí que habéis hablado. Pues chica, yo tenía la esperanza de que estando juntas en una cama, se le despertase todo lo que tiene dormido.

— Pues debe de tenerlo en un sueño extremadamente profundo.

— ¿No intentaste nada?

— No.

— A lo mejor si le hubieras metido la lengua hasta la campanilla ya no sería capaz de decir que no…

— Me dejó muy claro que necesita una conexión emocional para acostarse con alguien y también que de momento conmigo no lo haría, así que ahora tengo más claro que nunca que es ella la que tiene que buscarlo cuando se sienta preparada.

— Me da la impresión de que tiene que ser la típica que cuando da el paso, es una puta fiera en la cama. Uff — se abanica con la mano — me está entrando calor solo de pensarlo.

— ¡Cállate! Porque si a ti te da calor, imagínate lo que me da a mí.

— Creo que vas a tener que tirar de Poseidón unas cuantas veces.

— Gracias por regalármelo, porque…yo no es que lo crea, es que estoy segura de que voy a necesitarlo. Mira — levanto la barbilla para señalar hacia la piscina.

Mía está de pie dentro del agua y África está abrazada a ella y seguramente con las piernas envolviéndola por la cintura, aunque no puedo verlo.

No tengo ni idea de qué se están diciendo, pero se sonríen y se miran a los ojos con un amor que me está derritiendo el corazón.

Son una pareja envidiable y ojalá les dure para toda la vida eso que sienten.

Y ojalá yo encuentre algo así algún día también.

— Son monísimas, tía — me dice Julia.

— Lo son.

— ¿Quién? ¿Nosotras? — dice Nadia al llegar junto a Marina.

— Ya te gustaría a ti ser la mitad de mona que ellas — le contesto yo. Ella se pone de cuclillas al lado de mi tumbona y se acerca a mi oído.

— Yo creo que te parezco más mona que ellas — me susurra.

Yo no le contesto nada, solo me limito a hacerle la peineta y a pensar que ojalá desee algún día que ese mismo dedo le haga otra cosa. Ella lo mira y sonríe. Yo no sé si lo hace simplemente por la peineta o si le habrá pasado por la cabeza algo parecido a lo que me ha pasado a mí.

— Me estás tentando a que vuelva a tirarte al agua.

— Dudo mucho que puedas levantarme desde aquí.

— ¿Qué te apuestas?

— Lo que tú quieras.

— Un masaje. Pero de los placenteros, no de los dolorosos.

— Trato hecho — extiendo mi mano y cerramos el trato.

Se queda mirándome dubitativa. Ambas sabemos que lo tiene complicado porque la tumbona está muy baja y las dos tenemos un tamaño parecido, pero yo creo que le ha podido el orgullo. Ese mismo orgullo que se le va a caer a los pies en cuanto le crujan las lumbares.

Me coge un brazo para que lo pase por detrás de su cuello y ella pone el suyo en mi espalda y el otro por debajo de mis rodillas.

— Yo creo que no deberías ni intentarlo — le aconsejo.

— Sé que no voy a ganar, pero no será porque no lo haya intentado.

Miro a mi alrededor para ver si una vez más somos el centro de atención, y sí, lo somos. Están todas esperando a ver cómo termina la cosa, y yo rezando para no terminar siendo también el centro de las burlas por caer al suelo.

Nadia coge aire y, en un impulso, mantiene la respiración e intenta levantarme.

Me levanta, sí, pero se queda a un nivel en el que tendría que hacer un gran impulso para poder llegar a poner la espalda recta y mantenerme en brazos, cosa que, como fisioterapeuta, diré que una espalda de mujer poco entrenada no está preparada para ello.

No está levantando un saco de diez kilos, está levantando cincuenta y siete.

Antes de que se dé por vencida, yo ya sé que he ganado.

— ¿Cómo lo llevas, chica mona? — le pregunto yo y me río. A ella se le escapa la risa también y pierde las fuerzas, dejándome caer sobre la tumbona.

— ¡Cabrona! ¡Eso es trampa! ¡Me has hecho reír!

— La apuesta era que conseguirías levantarme de aquí y tirarme al agua, no hemos puesto reglas, así que he ganado.

— Mierda… — yergue por fin su espalda — creo que voy a necesitar un masaje de los dolorosos.

— Entonces las dos recibiremos un masaje, pero siento decirte que la que va a salir ganando soy yo.

— Pero ahora todas necesitamos saber si va a ser con final feliz — interviene Julia, claro, no podía ser otra.

Nadia y yo nos giramos hacia ella y ambas le hacemos la peineta.

Pues sí, compenetradas sí que estamos, Mía tenía razón.