Un beso de los tuyos CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

— ¡Te voy a matar! ¿Por qué no me has avisado de que venía esta? — le susurro a Julia con mirada asesina al ver entrar a Nadia al bar.

— Porque sé lo cabezota que eres y no quería correr el riesgo de que te negaras a venir.

Vamos bien. Acabo de llegar y ya quiero irme. Mi amiga a veces parece tonta. Le dejé muy claro que no quería volver a verla y ha consentido que venga con nosotras. Tonta no es mi amiga, es tremendamente gilipollas.

— Os conocéis, ¿no? — le pregunta Julia a Nadia, traviesa y refiriéndose a mí.

Yo ahora mismo la cogería del pelo y la arrastraría hasta el baño para sumergirle la cabeza en la taza del váter.

A Julia, claro, ella es la culpable de esta situación, si me hubiera avisado de que venía, esto no estaría pasando.

— Sí, claro — le contesta Nadia con su pinta de malota, con todas esas cosas de un negro tan intenso y con una sonrisa tan brillante y unos dientes tan blancos que ya activan el cartelito luminoso de “peligro” en mi interior.

Nadia le da dos besos rápidos a Julia, dos a Marina, que a ellas sí que las presenta oficialmente, y ahora viene hacia mí.

Siento que me tiemblan las piernas y pasa a generalizarse ese temblor en cuanto siento que se encarga de besarme cada mejilla con la totalidad de sus labios.

A mí no me da dos besos rápidos, me los da con letras mayúsculas y añadiendo tilde a cada una de ellas, hasta a las consonantes.

Yo siento que mi cuerpo ahora mismo es un vibrador, aunque voy a callarme en qué lugar me gustaría estar haciendo mi función como tal.

Me está vacilando una vez más. Sabe perfectamente que me gusta y se está aprovechando de eso para ponerme entre las cuerdas. ¡Me rechazó! Joder, es que me rechazó. ¿Por qué ahora me acaba de dar dos besos tan diferentes a los que les ha dado a ellas?

Nos sentamos a la mesa para tomar un cubata aquí antes de pasar a Nébula.

Esto es el pan nuestro de cada día que salimos.

Yo paso más tiempo callada y escuchando que hablando porque…

porque no sé, estoy nerviosa. Nadia me mira de una manera que parece que me está desnudando y me siento cohibida, no puedo dejar de vibrar.

Ahora sé que por mucho que yo quiera, no conseguiré que deje de atraerme.

Pero me cae mal, eso lo tengo claro. Y también tengo claro que jamás intentaré nada con ella porque me rechazó.

Eso no lo perdono, no pienso arrastrarme ni un solo milímetro.

¿Dije que ella es una rencorosa? Pues aviso de que yo lo soy más.

— ¿Jugamos al “Yo nunca nunca”? — pregunta Julia.

— ¿En serio? ¿A estas edades? — le pregunto yo para ver si cambia de opinión, porque si jugamos, puedo estar metida en un apuro. Porque ya sabemos que este juego siempre se va de las manos, nunca se habla sobre cosas cotidianas.

— ¡Por mí sí! — grita Marina emocionada, y yo me cago en los pantalones.

— Por mí también — añade Nadia. Estoy jodida.

— Entonces no hay nada que discutir — habla ahora Julia — y empiezo yo. Yo nunca nunca he tenido sexo con alguien a quien acabo de conocer.

Ya empezamos. Directa al tema, sin rodeos. Beben Julia y Marina, pero Nadia y yo no. Me sorprende lo de Nadia porque tiene pinta de llevarse a la cama a la tía que le venga en gana.

— Yo nunca nunca he pensado en liarme con alguna de las que estamos en esta mesa — dice Nadia, desnudándome una vez más con la mirada. A mí se me bloquea el corazón y me pregunto si debería ser sincera o no.

Veo que beben ella y Julia, y yo caigo en que es inútil que mienta, así que bebo también.

Pero… ¿Julia? ¿Con quién coño ha pensado en liarse ella de esta mesa?

Lo de Nadia lo puedo entender porque podríamos decir que nos acaba de conocer a todas y puede haber tenido algún pensamiento fugaz ya que opino que no somos excesivamente feas, pero me da miedo lo de Julia.

¿Habrá pensado en liarse con Nadia? ¿Y a Nadia le habrá pasado por la cabeza liarse conmigo, aunque sea por un solo segundo?

Porque lo que digo de que me desnuda con la mirada, yo creo que es por la intensidad de sus ojos, no creo que lo haga solo conmigo, seguro que desnuda a todas las mujeres, así que yo no soy especial.

Eso sí, ahora que ha contestado que sí que ha pensado en liarse con alguna de la mesa, queda claro que las mujeres le gustan.

— Yo nunca nunca he tenido sexo en público — anuncia Marina, y bebemos todas.

— Yo nunca nunca he rechazado a alguien que realmente me atrae — digo yo, y bebe solo Nadia.

Veo que Julia la mira y sonríe, y a mí se me pone la mosca detrás de la oreja.

He elegido esa frase para ver si averiguo cosas, pero creo que me está sirviendo para rayarme más.

¿Y si estas dos tienen algo y por eso Nadia me rechazó?

Y por eso Julia también ha respondido que se liaría con alguna de esta mesa.

Claro, es eso, ahora todo me cuadra. Nadia me rechazó por Julia, Julia lo sabe, y ambas están muy contentas y felices porque van a dar rienda suelta a sus necesidades.

O ya la han dado, vete tú a saber. Y yo aquí haciendo la tonta pensando que quizás Nadia me había rechazado por otro motivo. Que tonta que soy…

Seguimos jugando un rato más, todo sobre sexo, claro, pero sin aportarme ninguna información relevante.

Salimos de Índigo para dirigirnos a Nébula, y Nadia y Marina van hablando a su rollo, así que yo aprovecho para coger a Julia y apartarla un poco de ellas.

— ¿Con quién de la mesa has pensado en liarte? — le pregunto porque no quiero vivir con la duda.

— Contigo. Cuando te conocí, me llamaste la atención, pero a ti no te vi ningún interés en mí y empezamos a hacer buena amistad, así que preferí no cagarla contigo y hoy por hoy solo te veo como a una amiga y no me arrepiento de haber elegido eso.

Muy bien, ahora me descuadra todo. En vez de averiguar cosas, me estoy liando más la cabeza.

— ¿Y por qué no me lo has dicho nunca? ¿Y por qué has sonreído a Nadia cuando ha contestado que sí que ha rechazado a alguien que le gusta?

— No te lo he dicho nunca porque no lo vi necesario, es agua pasada, Iris. Y lo de Nadia no puedo decírtelo.

— ¿Tienes algo con ella?

— ¿Te molestaría? — sonríe pícara y a mí me entra una especie de calor por todo el cuerpo porque me da a pensar que sí que tienen algo.

— Bueno…no me molestaría, no la tengo reservada ni es de mi propiedad.

— ¿Sabes que conmigo no tienes que disimular nada?

— No estoy disimulando.

— Dios mío…tienes la cabeza más dura que un bloque de hormigón.

— Vale, sí, me jodería un poco porque me atrae mucho, pero evidentemente tanto ella como tú podéis hacer lo que queráis. Además, yo no le gusto, te recuerdo que no quiso tomar ni una triste cerveza conmigo, así que lo que está claro es que yo no la cataré.

— Ha respondido que sí que se liaría con alguna de las que estábamos en la mesa.

— Quedáis dos candidatas.

— Venga, menos cháchara y más bailoteo — nos interrumpe Marina al llegar a la puerta de Nébula.

Nos pedimos un cubata cada una y nos dirigimos a la pista a bailar.

Yo no puedo evitar que la vista se me vaya hacia Nadia todo el rato y en varias ocasiones me doy cuenta de que no soy la única a la que se le cae la baba con ella; parece que sea un campo magnético y que haya pequeños imanes a su alrededor.

En este momento está bailando con la tercera tía que se le acerca.

Suena “Bésame en la boca 2.21”, de Lorca y Soraya, y yo pienso que esta canción tienen que haberla compuesto para ella, su juego favorito deben de ser las mujeres.

Me siento incómoda y no sé muy bien por qué.

Con esta está bailando muy pegada y sus bocas están peligrosamente cerca en varias ocasiones.

Van a liarse y no sé si quiero verlo. La otra tía me hará morir de envidia.

Eso sí, tengo que decir que Nadia tiene mal gusto, hay neveras que son más guapas por detrás que la tipa esa.

Veo que Nadia le dice algo, le sonríe y la chica se va, pero sin poner mala cara. Debe de tener una forma muy elegante de mandar a la mierda. Sí, la tiene, doy fe, lo comprobé por mí misma.

No pasan ni quince minutos hasta que se le acerca otra tía.

Esto no es normal, en serio. Yo bailo con Jullia y con Marina para ver si consigo dejar de mirarla ya de una puñetera vez, y que haga lo que quiera, pero yo prefiero no verlo porque a medida que pasan los minutos, la sangre me va hirviendo más.

En una de las veces que se me desvía la vista muy fugazmente, veo que la chica está abrazada a Nadia por encima de sus hombros y ladea la cabeza para besarla en algún punto que yo prefiero no ver.

Marina se va a por otro cubata y yo me centro en Julia.

No quiero ver nada más de mi alrededor porque tal y como avanza la noche, está claro que si Nadia mañana se despierta con un pelo en la boca, no sabrá de qué coño es.

Empieza a sonar “Travesuras”, de Nicky Jam.

Me pego a Julia porque es una canción que me encanta, pero, de repente, noto unas manos en mi cintura y un cuerpo pegado a mi espalda.

Julia se aparta de mí, yo bailo un poco al ritmo de la música y me doy la vuelta pensando que es Marina la que tengo detrás, pero se me corta la respiración al ver los ojos negros de Nadia que me desnudan una vez más, pero esta vez a centímetros de los míos.

No se corta ni un pelo. Me manosea todo lo que le da la gana, pero sin tocar partes prohibidas.

Me respeta, eso sí. Restriega su cuerpo con el mío todo lo que le es posible.

Su dulce olor inunda mis fosas nasales como la primera vez que bailamos pegadas, y sus labios se acercan a los míos en varias ocasiones, pero no me besa.

En realidad, no quiero que lo haga, no quiero comerme las babas de la otra.

En el momento en el que en la canción repiten varias veces “no me puedo contener”, esos labios rozan mi cuello y, juro que estoy haciendo lo posible para mantener la mente fría, pero aun así, me está poniendo cachonda.

Me pone enferma. No puedo bailar esta canción con ella restregándose y ser inmune a esa enfermedad.

Y nadie se imagina lo que me está costando a mí contenerme.

— ¿No te ha gustado cómo besa la otra? — le pregunto al oído cuando se está terminando la canción.

— No me he liado con ella.

Me aparto de su oído y la miro levantando una ceja porque no sé si me está vacilando. He visto con mis propios ojos cómo la otra chica ladeaba la cabeza para besarla.

— Lo ha intentado, pero no lo he consentido — sigue explicándose — no es ella la que me interesa.

— ¿Y quién es?

— No puedo decírtelo.

— ¿Es Julia?

— Ya te he dicho que no puedo decírtelo.

Es Julia, seguro, pero querrá ser cuidadosa porque es su jefa y su puesto de trabajo puede estar en juego.

Pero…me da la sensación de que sabe que está buena y le gusta calentar lo que no va a comerse. Y yo soy una de las decenas de tontas a las que le encantaría comérsela y que no llegará a catarla nunca. Y ella está disfrutando de dejarme con la duda.

Capulla.