CAPÍTULO 6
Al llegar a casa, me siento en el sofá a mirar la tele para que Toby esté tranquilito. Aunque la tonta de Nadia me ha dicho que no cree que la herida toque el suelo, poco me cuesta estar aquí de relax hasta que llegue Julia.
Me pongo una serie de fondo, pero después me decanto por mirar las redes sociales porque la tele últimamente me aburre bastante.
Empieza a ser más difícil encontrar una buena serie o película en la tele que una aguja en un pajar.
Tampoco es que las redes sociales sean una auténtica pasada, pero entretienen, que es lo que necesito ahora mismo.
Un rato después suena el timbre y es Julia, por supuesto.
— Buenas tardes, bollito — me dice en cuanto abro la puerta.
— Buenas tardes — me doy la vuelta para volver al salón ya que no hace falta que le dé permiso para entrar, y me da un pellizco en el culo.
— Joder, qué ganas tenía de catar ese culo.
— Qué rápido que vuelan las noticias… — afirmo, porque ese pellizco significa que ya sabe que no estoy con Ana, porque si lo estuviera, no lo hubiera hecho. Y yo no se lo he contado, así que lo ha hecho otra persona.
— Sabes que los cotilleos carecen de fuerza de la gravedad y en cuanto sopla un poquito el viento…viajan lejos. Además, tía, era un chisme de los buenos, que ya me contaron que te pilló bailando muy pegadita a una morenaza.
— No me has dicho que tienes a una veterinaria nueva en la clínica.
— ¡No me cambies de conversación! — exclama indignada.
— No te estoy cambiando de conversación.
— ¿Cómo? No entiendo. ¿Tú me estás escuchando a mí?
— Perfectamente. ¿Y tú a mí?
— Perfectamente, pero no lo pillo.
— La morenaza con la que estaba bailando es tu nueva veterinaria.
— ¡No me jodas! No me digas que también es lesbiana y que te la tiraste, porque está cañón, me harías morir de envidia.
— No lo sé.
— A ver Iris, ¿tú te has dado un golpe en la cabeza? ¿Cómo que no lo sabes? No me digas que bebiste tanto que no te acuerdas, porque te mato.
— Bailó conmigo, ni siquiera hablamos, llegó Ana, salimos a la calle a pelearnos, Nadia vino detrás y terminé mandándola indirectamente a la mierda, me fui a casa de Ana, la dejé, y después volví a Nébula y Nadia ya no estaba.
— ¿Y hoy qué?
— ¿Quieres café o no?
— Sí, pero me interesa más que me cuentes.
— Café y te cuento.
— Eres un coñazo cuando quieres.
— ¡Dios! ¡Y yo tengo unas amigas de mierda! La otra lo cuenta todo por ahí y esta que tengo aquí, es una metomentodo.
— Algo de razón llevas. ¿Cómo está la patita de Toby? — me pregunta mientras se arrodilla en el suelo para acercarse a él, que está encima del sofá, para mirársela, y yo voy a la cocina.
— Bien. Según la simpática de tu veterinaria, nótese la ironía, tiene la herida en buena zona.
— ¡Uh! Me parece que no habéis terminado bien — se ríe — ¿qué pacha Toby? — le pregunta con voz ñoña — ¿qué te ha pasado en la patita? ¿te ha atacado una espiguilla mala?
Oliver aparece de la nada al escuchar cómo le habla a Toby, no vaya a ser que se quede sin protagonismo y no le diga nada a él. Se sube al sofá también y se restriega por el brazo de Julia, a lo que ella responde acariciándolo y diciéndole cuatro chorradas para que no pueda morir de celos.
— Sí, está en buena zona — me dice al volver yo con los dos cafés — Aunque mi veterinaria no te caiga muy bien, no te ha mentido, así que siento decirte que de momento sigue teniendo mi bendición como trabajadora.
— Pues una auténtica pena, me caía mejor la anterior.
— Recuerda que la anterior en breve va a ser mi competencia, que se está montando una clínica. ¿Y vas a contarme por qué no te cae bien esta?
Dejo pasar un espacio de tiempo que nos sirve para sentarnos en el sofá y coger los cafés que había dejado sobre la mesa de centro. Me tomo tan mal que me rechacen, que hasta me da vergüenza y rabia tener que decirlo ahora en voz alta, aunque sea a una de mis dos mejores amigas.
— Ha estado haciéndose la graciosilla conmigo desde que he entrado por la puerta.
Me ha preguntado el nombre y yo he querido saber si necesitaba el de Toby, y ella me ha respondido: “Es a él a quién tengo que atender, ¿no?”.
Y después le he preguntado si necesitaba el mío, porque imagino que habrá más perros con ese nombre, pero me ha dicho que no.
Vamos, que le intereso tan poco que no tiene ni curiosidad por saber cómo me llamo.
Y antes de salir, le he dicho que la invito a un café o a una cerveza para disculparme por lo del otro día y me ha rechazado.
Así que tengo razones para que no me caiga bien y no, no sé si es lesbiana.
Lo que sí que sé es que no le intereso yo.
— Iris — estaba seria, pero ahora se ríe a carcajadas y yo no sé dónde encuentra ella la gracia, porque puedo asegurar que a mí no me hace ninguna — cuando has llegado, sabía tu nombre, el de Toby y lo que le ha pasado.
Le he llamado yo para decirle que iba Iris, una amiga mía, y le he explicado la situación.
Supongo que el nombre del perro te lo ha preguntado para asegurarse de que eres tú esa amiga.
Y para aprovechar para pincharte con lo de que no necesita saber el tuyo — vuelve a reírse — ¿ves?
Ahora me cae mejor, es muy ingeniosa — y sigue riéndose, pero, de repente se pone seria otra vez — o realmente le da igual tu nombre, eso también es una opción.
— Gracias, amiga, eres la mejor para levantar ánimos, espero que con los padres humanos de tus pacientes no hagas lo mismo.
— No, con ellos soy bastante más atenta, simpática y sensible que contigo.
— ¿Y qué habré hecho yo para merecer soportar tu actitud conmigo? — pregunto mirando al techo, como si estuviera dirigiéndome a Dios.
— Pues no lo sé, pero algo muy malo, seguro — se para a pensar y vuelve a hablar — Tía… ¿en serio que te ha rechazado?
— Sí.
— Qué cabrona… — y vuelve a reírse.
— ¿Sabes que me está molestando bastante que te burles de mí? No sé si eres consciente de ello, pero no es agradable que una persona te rechace. Me ha costado mucho decirle que la invito a algo y el hecho de que me haya dicho que no, para mí ha sido peor que si me hubiera dado una bofetada.
— Es verdad, tienes razón, perdón — envuelve mi mano con la suya y me la aprieta — ¿y no crees que será porque la mandaste a la mierda indirectamente?
— Pues entonces es muy rencorosa, así que sigue sin gustarme su rechazo.
— Pero ella sí.
— ¿Ella sí qué?
— Te gusta.
— No. A partir de hoy me cae mal. Y si me cae mal, no puede gustarme.
— Ya… ¿y qué crees que pasará dentro de ti cuando la vuelvas a ver?
— Espero que eso no suceda porque lo que voy a sentir es rabia, te lo aseguro.
— Ya lo veremos… — mira su reloj — gracias por el café, pero tengo que irme. Supongo que Toby no tendrá ningún problema con la pata, pero vigílasela y si se lo ves feo, avísame enseguida.
— Por supuesto que te avisaré y acudiré a ti, a ella no.
Julia vuelve a reírse y me mira con una cara que no sé descifrar, pero creo que podría afirmar que la estoy odiando un poquito.
**NOTA MENTAL DE JULIA**
Nadia es muy abierta, desde que empezó a trabajar para mí, tenemos una relación de amistad como si nos conociéramos desde hace muchos años.
Me contó que se vio metida en un marrón importante porque vio a una rubia que le encantó, pero su novia las pilló bailando y tuvo que dejarla ir.
En ese momento no caí en que la historia que me había contado Nadia era la misma que me había contado Marina sobre Iris y Ana, pero narrada desde otra perspectiva.
Lo que no entiendo es por qué Nadia ha rechazado a Iris si tanto le gustó esa noche.
Con Iris me he hecho la loca porque no quiero destapar todo el pastel, pero ahora tengo la necesidad de averiguar las razones de Nadia y de hacer lo que esté en mis manos para que vuelvan a coincidir.
Ahora que sabéis esto, una cosa os digo: no soy mala persona, no me estoy burlando de Iris porque haya sido rechazada, me estoy riendo todo el rato porque sé que le gusta a Nadia y me da la sensación de que la está rechazando aposta por algún motivo.
Tiene que haber una explicación para esto.
Siempre la hay. Aunque a veces parezca todo perdido, estoy segura de que este no es el caso.
¿Quién iba a decirme a mí que la morenaza de la que me habló Marina era Nadia y que la rubia de la que me habló Nadia era Iris? Definitivamente el mundo es un minúsculo pañuelo y espero que estos dos mocos terminen siendo uno.
No conozco excesivamente a Nadia, no sé si es una persona digna de mi amiga Iris, pero sé que se gustan y tengo claro que Iris no debía estar con una persona como Ana.
De momento lo que sí que sé es que me gusta mucho más Nadia que Ana, así que si ahora tengo que hacer de alcahueta, lo haré.
Y os aseguro que me divertiré mucho en el proceso.
Empecemos…