Un beso al aire 98
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Es verano. Hace buen tiempo. Están de vacaciones.

La diferencia con el verano pasado es que este año solo se han ido unos días a mediados de julio a la playa. El resto lo pasarán aquí, en Madrid.

Hoy es el cumple de Adrián, por lo que Gabriela ha decidido organizarle el día entero. Lo primero que hace es ir a despertar a Roma. Cuando la niña está lo bastante espabilada, van a la habitación del matrimonio y, con cuidado, Gabriela la sube a la cama.

—¡Ya! —exclama cuando Roma la mira.

A su señal, la niña empieza a saltar entre risas, despertando a Adrián de golpe. Nada más verla, la coge y la tira sobre el colchón para abrazarla.

—¡Feliz cumpleaños, papiii! —alza la voz Gabriela, uniéndose a ellos.

La pareja se da un beso y continúan jugando y remoloneando en la cama un rato más. Cuando consiguen bajar, desayunan algo y las chicas deciden darle sus regalos. Él los abre: lo sorprenden con un bañador y camisetas nuevas, y una colonia nueva. Él se lo agradece de manera cariñosa.

Dedican un rato a limpiar y a recoger la ropa tendida de la lavadora que pusieron el día anterior. Mientras, Roma juega sobre su alfombra. Gabriela termina de doblar una camiseta de Adrián y la coloca en el montoncito de su ropa.

—¡Venga, vamos a cambiarnos y salimos a dar un paseo! —exclama.

Adrián la mira con una sonrisa. Todo esta mañana es una sorpresa. Gabi coge a la niña en brazos. Últimamente, está mejor, y cuando pasa a su lado, él le dice:

—Me podría acostumbrar a levantarme todos los días así.

—Sigue soñando, principito —bromea, dándole un rápido beso.

La familia disfruta del buen día que hace antes de que el calor apriete demasiado.

En un momento dado, los padres de Adrián lo llaman por teléfono para, además de felicitarlo, preguntarle si quiere pasarse por casa para que le den el regalo.

Él se lo comenta a Gabriela y, como están cerca, deciden ir.

Lo que él no sabe es que ella lo ha preparado todo de antemano. Al llegar a la casa, Adrián es el primero en entrar y da un salto al ver que parte de su familia lo recibe al grito de «¡FELIZ CUMPLEAÑOOOOOS!».

Empieza a saludar y a dar las gracias a todos uno por uno.

—¿Vosotros no os ibais de vacaciones?

—Sí, pero salimos mañana por la mañana —responde su primo Miguel, abrazándolo.

Al ser en agosto, es raro el año que Adrián puede celebrar su cumple con la familia.

Siempre suele esperar unos días a que ya estén todos de vuelta para al menos comer juntos.

Mirando a su alrededor, alucina con la cantidad de gente que hay.

No solo están sus padres, sino Miguel y Diego, y sus tíos Youssef y Luisa con los niños.

Se acerca a Gabriela, a quien el abuelo ya le ha quitado a Roma de encima, y la abraza. Ella le pasa el brazo por la cintura.

—¿Ha sido idea tuya? —le susurra.

—Sí, aunque tus padres han tenido mucho que ver —responde animada—. Propusieron hacerlo aquí para que no te enteraras de nada y se han encargado de toda la comida.

Adrián se muerde el labio, aún alucinando.

—Muchas gracias, amor —murmura besándola—. Eres la mejor.

—Lo sé.

La corta e inesperada respuesta de ella consigue sacarle una carcajada.

Todos ayudan a poner la mesa. Minutos más tarde, se sientan y disfrutan de una inesperada y distendida reunión familiar.

Al terminar, recogen los platos e instan a Adrián a quedarse sentado.

Al momento, aparece Gabriela con una tarta de chocolate blanco y unas velas del número 28 encendidas.

Al verla, él busca a Roma y la sienta sobre sus piernas. Así las soplarán juntos.

Tras entonar entre todos el Cumpleaños feliz , Adrián sopla las velas con ayuda de su hija. Como es tradición, ha pedido un deseo que no puede decirle a nadie, y espera con todas sus fuerzas que se cumpla.

Gabriela y él intercambian una mirada cómplice y sonríen. Ella no necesita que le diga nada, intuye lo que ha pedido. No cree que su deseo y el que pide ella en sus cumpleaños sean distintos.

Un rato después, tras reposar un poco la comida, deciden ir todos juntos a la piscina municipal. Gabriela, conocedora del plan, saca de su mochila el bañador nuevo de Adrián.

—Vienes preparada para todo —Se ríe mientras lo coge.

Disfrutan de la tarde en la piscina. Se bañan con los niños en la piscina infantil, nadan unos cuantos largos en la grande, toman el sol en el césped, corren y juegan con los más pequeños...

Al llegar a casa, Roma está destrozada. Con cuidado, Adrián la sube a su habitación, la cambia de ropa y la deja allí durmiendo. Al bajar, Gabriela lo espera en el salón con un último regalo.

—¿Otro más? —pregunta, viéndola sonreír—. Con todo lo que has hecho hoy por mí, me vas a malacostumbrar.

—Tienes razón, quizá me he puesto el listón muy alto para el año que viene —comenta, tratando de poner cara de preocupación—. Mejor no te doy este regalo, me lo guardo para Navidad.

Dándose media vuelta, comienza a caminar hacia el armario de la entrada para guardarlo, pero inmediatamente nota las manos de su marido cogiéndola por la cintura.

—¡Ni se te ocurra!

Adrián la hace girar sobre sí misma y ella se echa a reír. Al momento, él la manda callar, no pueden obviar que Roma está arriba durmiendo.

—¿Estás seguro? —susurra entonces ella.

—Segurísimo.

Con una gran y satisfactoria sonrisa, por fin le da lo que tiene en las manos. Adrián rompe el papel de regalo y lo observa sin saber qué decir.

—«Canciones que me hacen bailar pensando en ti» —lee en alto.

Ella asiente feliz.

Es un disco de vinilo cuya carátula tiene una imagen de ellos dos. Una fotografía de las que se hicieron en los primeros meses de relación.

—Te he hecho un disco personalizado —le explica al ver que lo mira estupefacto—. Lo he titulado así porque solo he incluido canciones que me han hecho bailar y pensar en ti al mismo tiempo.

No puede evitar sonreír al ver lo sorprendido que está.

El día que se le ocurrió la idea tuvo claro que no iba a meter ni una sola canción lenta ni con letra triste.

Se lo prohibió. Si algo tiene claro es que, en un futuro, que espera sea muy lejano, bastante duro será ya para Adrián pensar en ella como para que encima asocie su recuerdo a canciones tristes.

Aunque ella ya no esté, quiere ayudarlo a su manera.

Y esta es la forma que se le ha ocurrido.

—Estoy sin palabras...

Adrián se toma un instante para fijarse en la parte de atrás y leer cada uno de los temas:

So Emotional , Whitney Houston

No dejaré de abrazarte , Dani Fernández y Yarea

Blow Me , P!nk

No Control , One Direction

Daydreaming , Harry Styles

IMAN (Two Of Us) , María Becerra

Don’t Stop ‘Til You Get Enough , Michael Jackson

El despertar , Nil Moliner

Never Too Much , Luther Vandross

On My Soul , Bruno Mars

Ella pega su cuerpo al de Adrián mientras continúa hablando:

—Como diez me sabía a poco, ahí abajo tienes un código QR que al escanearlo te llevará a una playlist en Spotify.

Adrián saca el móvil del bolsillo y escanea el QR. En la pantalla del teléfono aparece una lista titulada igual que el disco.

—Ahí tienes estas y muchas más canciones que he añadido y voy añadiendo a medida que las descubro, bailo y me acuerdo de ti.

—Amor..., esto es increíble. ¿Cómo lo has hecho? —susurra volviendo a mirarla—. Te habrá llevado mucho tiempo...

—Tampoco tanto.

Gabriela hace una mueca divertida y le quita el disco de las manos para acercarse al tocadiscos.

—Además, si ya de por sí escucho música, ahora que resulta que tengo todo el tiempo del mundo, todavía más.

Él se acerca.

—¿Lo vas a poner?

—Claro.

—Roma está durmiendo —le advierte.

Pero ella, haciendo oídos sordos, coloca el disco y, bajando el volumen, mueve la aguja para que empiece a sonar. El ritmo de Whitney Houston llena el ambiente y ella comienza a bailar. Adrián ve cómo mueve su cuerpo y se reúne con ella para bailar juntos.

El matrimonio pasa un rato divertido bailando y haciendo el tonto. Sin fotos y vídeos de por medio, pero creando uno de los momentos más valiosos que compartirán solo ellos dos por siempre.

Cansados, Adrián y Gabriela se dejan caer en el sofá. Ella, moviéndose con lenta agilidad, se sienta a horcajadas sobre él y lo besa con pasión. Sorprendido, pero encantado por su determinación, posa las manos en su cadera y la atrae hacia él.

Entre el amor y la complicidad, pasan una noche repleta de recuerdos nuevos.