Un beso al aire No quiero decir que sea un mal día.
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No quiero decir que sea un mal día.

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No quiero decir que sea un mal día porque últimamente solo me quejo, pero...

Hoy no es un buen día.

Esta tarde he tenido consulta con mi médico. Tras hacerme las mismas pruebas de siempre, ha fruncido el ceño: algo no va bien, y no he tardado en saber que así es.

No puedo seguir trabajando. Según me ha dicho, mi cuerpo está empezando a dar señales claras de cansancio. Y este nivel de fatiga no es compatible con el ritmo que he llevado hasta ahora.

También ha sido la primera vez que Ginés ha pronunciado la palabra trasplante . No como algo inmediato, pero sí para tenerlo en mente en el futuro.

O sea, que a partir de ahora mi vida debe ralentizarse un poco más.

Me enfada sentirme así. Solo me consuela saber que no es culpa mía, que no es que yo haga las cosas mal, que simplemente es mi cuerpo, que está defectuoso.

Ya me había dado cuenta de que mi resistencia física no es la misma que hace un año. Lo siento en mi día a día. Me encuentro más cansada. Cuando voy y vengo de la clínica dando un paseo, lo hago más despacio porque me cuesta un poco más.

Esto me hace plantearme muchas cosas. Y me da mucha rabia.

¿De verdad tengo que empezar a elegir en qué quiero gastar mi energía?

P. D.: Al llegar a casa, Adrián me ha comentado que podemos comprar una silla de ruedas para los paseos. Le he dicho que ni se le ocurra. Me niego. No vamos a pasar del carrito de la niña a una silla de ruedas para mí. No voy a permitir que esa sea la imagen que tenga Roma de mí.

Si lo puedo evitar...