Todo lo bueno se acaba.
Todo lo bueno se acaba, o eso se suele decir.
Hace unos días a Adri le tocó volver al trabajo. Por más que lo ha intentado, ya no podía seguir alargando la baja. Y lo entiendo, porque si se descuidan, un poco más y la junta con la Semana Santa.
El primer día que fue a trabajar me volvió loca.
Me escribía cada cinco minutos y me llamaba por teléfono cada media hora para saber qué tal estábamos.
Reconozco que llegó a desesperarme, y diría que a Roma también.
En cuanto llegó a casa, tuve que pararle los pies.
No era vida para él, y tampoco para nosotras.
Sin él en casa, mi vida se ha vuelto un poco más... monótona. Roma y yo nos pasamos el día juntas durmiendo la siesta, preparando comidas, tendiendo lavadoras, viendo la tele...
Lleva unos días lloviendo sin parar, pero, en cuanto el tiempo mejore, saldremos a la calle para algo más que ir a consultas médicas para ella o para mí.