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A medida que llega la primavera y el buen tiempo, comienzan los paseos familiares. Dedican al menos una mañana del fin de semana a ir a la Casa de Campo los tres juntos. A medida que pasan las semanas, esto se asienta como una tradición.
Hoy es sábado, el tiempo es bueno y Gabriela empuja el carrito de la niña. Roma, sentada en él, está pendiente de todo lo que sucede a su alrededor. Ya tiene siete meses y cada vez se va espabilando más y más, mirando el mundo, curiosa.
Pasean junto al lago, es su lugar favorito. Unos señores tiran algo de comida a los patos, que no dudan en acercarse. Al verlo, Gabriela detiene el carrito para que Roma, que va ataviada con un gorrito blanco por el sol, pueda ver la escena con detenimiento. Adrián se agacha junto a ella.
—¿Le decimos hola a ese pato? —sugiere moviendo la mano.
La pequeña intenta imitarlo agitando las manos de manera exagerada, lo que le hace reír. Gabriela saca una foto. Desde que nació la niña, la galería de su móvil está plagada de imágenes suyas y de momentos de los tres para recordar.
Minutos más tarde, continúan el paseo hasta dar con una explanada de césped bajo la sombra de un gran árbol. Gabriela saca la manta que lleva en el carrito y la extiende. Con cuidado, Adrián coge a su hija y la coloca encima. No hace más que tumbarla cuando ella comienza a arrastrarse.
—Hoy parece que está llena de energía —bromea Gabriela, poniéndole el seguro al carro para evitar que se mueva.
—Pues que me pase un poco a mí. —Ríe él.
Adrián coloca la mochila junto a ellos, vuelve a coger en brazos a la niña, y murmura:
—Creo que tenemos que cambiarla.
Por mucho que no quieran y pongan los ojos en blanco, la tumban bocarriba. Parece que a Roma no le hace demasiada gracia, ya que al segundo protesta, intentando escapar. Eso se acaba cuando Gabriela le da un chupete que llevarse a la boca.
Mientras señala los patos para distraerla, el padre, sujetándola con delicadeza, le cambia el pañal conteniendo la respiración todo lo que puede. Esta es una de las partes que peor lleva de tener un bebé. Incluso estando al aire libre como ahora mismo, puede sentir el olor dentro de él.
Superado el reto, Roma vuelve a ser libre. Mueve las piernas intentando incorporarse, pero es una acción que aún no tiene controlada.
—Esto se está volviendo uno de mis planes favoritos —comenta Adrián, tumbándose sobre la manta.
—¿No echas de menos salir con tus amigos cada fin de semana y tener memorables resacas?
—La verdad es que no. Es más, si lo pienso, me da una pereza...
—¡Eh, eso no! —exclama Gabriela al momento.
Él la mira sorprendido y ve que le quita a la niña algo de la mano.
—Ha arrancado el césped y ya se lo llevaba a la boca —avisa.
—¡Qué raro!
Ambos ríen. Lleva semanas que cualquier cosa que pilla se la lleva directamente a la boca. Hay momentos en lo que ni los dos juntos dan abasto con la niña.
Le dan un peluche para que se entretenga y así poder disfrutar de un momento de paz. Él, tumbado con los ojos cerrados y escuchando el ruido ambiente; ella, reclinada, apoyándose sobre los codos para ver todo lo que sucede a su alrededor.
—Ya nos puedo imaginar aquí dentro de unos años —murmura él.
—Mmm...
—Cuando empiece a caminar y tengamos que correr tras ella —sigue diciendo—.
El día que le regalemos su primera bicicleta y tengamos que cargar con ella en el coche para, una vez aquí, enseñarle a montar.
La primera vez que se desequilibre, se caiga y tengamos que consolarla y animarla para que vuelva a intentarlo. ..
Él sigue divagando con los ojos cerrados. Gabriela sonríe con cierto pesar, nada le gustaría más que poder llegar a compartir todos esos momentos con ellos, pero no quiere ilusionarse. Vive el día a día y aprovecha todo lo máximo que puede. Así es su futuro y lo ha aceptado.
Adrián coge a Roma y la coloca sobre su abdomen.
Le coge las manos y juguetea con ella haciéndola reír.
Gabriela usa el móvil de nuevo para hacerles un vídeo sin olvidar enfocarse a sí misma para salir también.
Sabe que cada imagen, aunque no sean más que pequeños momentos de su vida cotidiana, será un recuerdo que guardarán para siempre.