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Llegan las Navidades y con ellas el caos.
Pocos días antes de Nochebuena, Adrián y Gabriela colocaron su primer árbol de Navidad juntos.
Al principio les costó un poco ponerse de acuerdo sobre cómo decorarlo, dónde ponerlo.
.., incluso discutieron, pero se les pasó cuando se dieron cuenta de que Roma los miraba curiosa, tumbada en la alfombra de actividades que les regaló Azahara y que han colocado en el salón.
Lo colocaron al fin en el lugar donde estaba el piano del tío Juanjo. Adrián decidió ponerle luces, lo que fascinó a la pequeña, que las miraba alucinada.
En Nochebuena, los padres de la niña pudieron olvidarse un poco de ella, ya que cuando no estaba en brazos de la abuela, el abuelo la cogía.
Roma es el juguete de la familia. Fue una noche familiar junto a los padres de Adrián, aunque por esa casa, como todos los años, acabó pasando toda la familia.
Para cuando quieren darse cuenta, ya están en Nochevieja.
Se celebra en casa de los padres de Keira, como el año pasado. Gabriela y Adrián, acompañados de su hija, llegan de los primeros. Y mientras Zulema y Miguel se deshacen en carantoñas a Roma, ellos ayudan a poner la mesa llenos de energía y humor.
Poco a poco van llegando más familiares, a los que reciben con abrazos y alegría. Algo más de una hora después, están todos sentados alrededor de la gran mesa del comedor. No es un piso muy grande, pero siempre se las apañan para entrar todos.
Comienzan con canapés y entrantes variados que ha llevado cada uno de su casa. Cuando Carlos va a la cocina para traer el cordero, Roma, que está en brazos de Gabriela, bosteza.
—Creo que alguien empieza a tener sueño —murmura Luisa, sentada enfrente.
—Sí, me parece que sí —dice Gabriela.
Adrián, que viene de la cocina con una cesta de pan, también se da cuenta.
—Estará ya agotada —comenta—. Me la llevo, a ver si se duerme.
—¿Seguro? Si quieres, voy yo.
—No, amor, tú quédate aquí y come.
Coge a Roma con cuidado y se la lleva pasillo adelante. Gabriela se une a los demás para ver si hace falta traer más cosas de la cocina mientras todos son testigos del amor incondicional de Adrián por sus chicas.
Una vez en la habitación de su primo Miguel, coloca a su hija sobre la cama. Como allí no tienen cuna, hay que inventarse algo parecido. Se lleva los cojines y almohadas que encuentra en las demás habitaciones y los coloca estratégicamente alrededor del bebé. La seguridad es lo primero.
Gabriela sonríe oyendo a la familia hablar de la tradición de los deseos.
Este año viene preparada. El 21 de diciembre Adrián y ella apuntaron sus doce deseos o propósitos para el año nuevo, y cada día se han ido deshaciendo de uno al azar.
De esta manera, han llegado con un par de papelitos cada uno.
Que decida la suerte con cuál se quedan.
Minutos más tarde, Gabriela ve a su marido volver.
—Está profundamente dormida —le confirma dándole un rápido beso.
Le explica la barrera de almohadas que le ha colocado alrededor y ella da su aprobación. A ratos, irán a ver cómo está.
La familia entera sigue con la cena hasta que, sobre las doce menos veinte, empiezan los preparativos para las campanadas. En la cocina están los que se encargan de los cuencos con doce uvas y los que preparan los cuencos con doce Lacasitos.
—¡Todos al salón! —los avisa Youssef.
Gabriela, que viene de ver a su hija, es la última en unirse.
—¿Todo bien? —pregunta Adrián, haciendo sitio para que se siente a su lado.
—Todo perfecto. —Sonríe ella.
Comienza la cuenta atrás en la televisión y todos tratan de comerse las uvas y los Lacasitos al ritmo. Nada más escuchar la última campanada, celebran la llegada del año nuevo con gritos y abrazos.
—¡Feliz año nuevo! —exclama Gabriela abrazando a su chico.
—¡Feliz año, amor! —responde él, dándole un cariñoso beso en los labios.