No queda nada para Navidad.
No queda nada para Navidad, está a la vuelta de la esquina. Nuestras primeras fiestas navideñas con Roma. Qué fuerte.
¡Qué rápido va todo!
Los dos primeros meses han sido una odisea. Somos unos padres primerizos de manual, pero quiero creer que vamos aprendiendo y cogiéndole el truco.
En ese aspecto he sentido un cambio brutal. Como que me siento más segura con Roma, diría incluso que la entiendo más. Adrián también, aunque el tema de cambiar pañales nos sigue dando el mismo asco a los dos. Pero no nos queda otra.
Cuando no era madre, podía intuir que era un gran trabajo, pero nunca imaginé que tanto. No sé cuántos pañales habremos llegado a cambiar entre él y yo, pero son mucho. MUCHÍSIMOS.
Nos complementamos muy bien. Hemos tenido nuestros rifirrafes, imagino que es normal, supongo que todo el mundo los tiene, y más cuando no puedes dormir todo lo que te gustaría. Pero nada grave, estamos genial. Sigue siendo igual de maravilloso que al principio.
¡Lo que nos ha cambiado la vida!
La baja paternal de Adri dura dieciséis semanas y ya está agobiado por cuando se le acabe. Está hablando con su padre y sus tíos para intentar alargarla un poco más. Conociéndolo, seguro que lo consigue.
Mi baja... creo que durará más tiempo. Ya me dijo el otro día Ginés que me olvide de volver a trabajar al menos hasta después de verano. Madre mía..., se me va a hacer eterno. Al salir de la consulta, Adrián me dejó claro que debía hacerle caso.
Si soy la primera que lo sabe, pero también la que lo vive en primera persona.