Un beso al aire 86
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Han pasado dos meses desde que nació Roma. Hoy Gabriela vuelve a tener consulta con Ginés, su médico. Se vieron dos semanas después del parto y la función cardíaca era estable.

El hombre, acariciando a la pequeña Roma, que va tumbada en el carrito, murmura:

—No todos los días tenemos en la consulta a un bebé tan bonito.

Adrián y Gabriela se miran y sonríen. El doctor se mueve para volver a tomar asiento y revisar los informes.

—Antes de quedarte embarazada, tu fracción de eyección estaba entre un treinta y cinco y un cuarenta por ciento —comenta—. Para comprobar en qué punto estamos ahora y cómo ha reaccionado tu corazón al estrés del parto debemos realizar analítica, ecocardiograma...

Ella asiente sin decir nada. Ginés la mira. Llevan tantos años viéndose que se atrevería a decir que la conoce un poco. Por ello, no duda en preguntar:

—¿Qué te ronda la cabeza?

Gabriela ríe sorprendida.

—Nada importante, solo pensaba en cuándo podré volver a trabajar.

Elevando las cejas, el médico se echa hacia atrás en su silla. Adrián, también sorprendido por que saque ese tema tan pronto, dice:

—Amor, olvídate de trabajar. Ya lo hago yo.

—Gabriela, entiendo tu necesidad de comenzar poco a poco a recuperar la normalidad, pero en tu caso prefiero pecar de prudente.

—Si no se recupera bien, podría empeorar, ¿no? —interviene Adrián.

—Podría ocurrir —afirma Ginés con su habitual tranquilidad—.

En mujeres con tu enfermedad el embarazo puede llegar a acelerar su evolución.

No sabemos cómo estará tu corazón dentro de unos años.

Por eso, durante este primer año, te pido paciencia.

Necesitamos tiempo para poder comprobar cómo va todo y que te recuperes lo mejor posible.

Aunque con cierta decepción, Gabriela se muestra de acuerdo. Adrián la coge de la mano.

—Lo que necesitas son unos meses de estabilidad —continúa Ginés—. Después, tras revisar los parámetros y ver qué tal te encuentras tú, podremos valorarlo.

—Vamos, que hasta que no pase el verano, nada —dice ella, algo desilusionada.

—Exacto.

Adrián mira a su mujer y suspira. La noticia que le acaba de dar el médico no es que le haya hecho gracia, pero sabe que tiene razón. Si dice que hay que esperar, esperarán. No hay otra opción.

—Ahora vamos a hacerte un ecocardiograma para ver cómo va todo.

Ella se levanta. Está lista para repetir las mismas pruebas de siempre. Son tantos años que se las sabe de memoria.