Un beso al aire 85
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Es el primer sábado que pasan los dos solos con la niña en casa. Están cansados por no conseguir dormir del tirón ninguna noche.

Gabriela, sentada en el sofá, le da el biberón a Roma, que tiene los ojitos cerrados.

Desde allí observa cómo Adrián recoge los platos sucios para limpiarlos en el fregadero.

Al mirar a su izquierda para asegurarse de que tiene una manta junto a ella, sus ojos van a parar a la estantería.

Más concretamente al vinilo firmado que le regaló hace unos meses. Entonces cae en la cuenta de algo.

—No debe quedar nada para el concierto de Dani, ¿no?

Él, de espaldas a ella, asiente al escucharla.

—No.

—¿Cuándo es?

Adrián se toma unos segundos para responder, y finalmente dice:

—Hoy.

—Anda, ¡qué bien! —exclama ella, alegre—. ¿Ya has quedado con Miguel para ir juntos u os veis directamente en el recinto?

—Al final no vamos a ir.

No es la respuesta que ella esperaba, por lo que frunce el ceño.

—¿Cómo? ¿Y eso por qué?

—Porque nuestra hija nació hace solo nueve días y no te voy a dejar aquí sola con ella —responde girándose para mirarla—. Así que no voy a ir. Me quedo con mis princesitas.

A Gabriela no le gusta oír eso.

—Claro que vas a ir —afirma molesta—. ¿Qué tontería estás diciendo?

—Amor, créeme que lo he pensado mucho, pero es lo más sensato —dice mientras sigue lavando los platos—. ¡Ya habrá más conciertos!

Claro que los habrá, pero a ella no le vale. A lo largo de esos meses le ha oído hablar de este día más de una vez y sabe la ilusión que le hace.

—Déjate de pensar tanto y llama ahora mismo a tu primo para decirle que sí que vais.

Adrián hace como que no la ha oído y continúa limpiando platos. Tiene la decisión tomada.

Tras comprobar que la niña come sin problema, Gabriela alarga el brazo para coger el móvil.

—¡Hola, Miguel! —Adrián se da la vuelta—.

Sí, todo muy bien. Aquí, dándole el bibe.

.. Oye, te llamaba para comentarte una cosa.

¿A qué hora es el concierto de Dani Fernández?

—Rápidamente, Adrián se seca las manos y se acerca—.

Ya... Ya me lo ha dicho, pero es una chorrada.

Así que he pensado que mejor vais y lo disfrutáis por Roma y por mí también.

.. —A su lado, él le hace un gesto con la mano para que cuelgue el teléfono, pero ella no tiene ninguna intención—.

¡Claro que es buena idea! Tu primo ya lo sabe, ni te preocupes.

—Gabriela habla con Miguel mientras lo mira a él y le dice—: ¿Te viene bien que pase a buscarte sobre las siete y cuarto.

..? ¡Genial! Yo se lo digo. ¡Hasta luego!

Nada más colgar el teléfono, él resopla y se sienta en el sofá.

—¿Qué haces?

—Quiero asegurarme de que esta noche vas a ver a tu cantante favorito en directo.

—Pero, Gabriela...

—Vas a ir. No se hable más.

—No tenías que haber hecho eso.

Ella se da cuenta de que la niña ha acabado el biberón y moviéndose con cuidado lo deja en la mesa. Él, de manera mecánica, se coloca un trapo en el hombro y se pone de pie para moverse con la niña en brazos.

—Cariño, llevas meses con las entradas compradas y el día señalado en el calendario.

—Habrá más conciertos.

—Lo sé, pero tienes que ir a este.

—¿No entiendes que me da miedo dejaros solas?

Con esa frase consigue que ella cierre los ojos y se tome un momento para responder. Él la observa sin dejar de moverse.

—A ver, Adrián —comienza a decir levantándose—.

Lo primero es que no va a pasar absolutamente nada malo mientras tú no estés en casa.

Para que te quedes tranquilo, ahora llamo a Aza y a Keira por si quieren pasarse un rato.

Y, en el caso de que no puedan, pues nos quedaremos Roma y yo solas tan tranquilas viendo una serie.

—Por cómo gesticula, sabe que él va a hablar, así que no le da opción—.

Si quiero coger las galletas del mueble y no llego, abriré el congelador, que me pilla más a mano, y me comeré el helado de pistacho.

—Sonríe y se percata de que a él se le escapa una ligera sonrisa también al escucharla—.

Y también que no quiero que dejes de hacer cosas que te hacen ilusión —dice con firmeza— con nosotras como excusa.

Sin apartar los ojos de ella ni dejar de moverse con la niña en brazos, Adrián se muerde el labio.

Desde que se enteró de lo de la enfermedad, quiere estar en todo momento con ella.

Y más después de incluir a Roma en sus vidas.

Es consciente de que su tiempo podría ser breve y no quiere perderse absolutamente nada.

—Gabriela, te entiendo, pero me gustaría que me entendieras tú a mí.

—¡Y lo hago! —exclama acercándose a él—. Pero no quiero que tu vida se limite a esto. No quiero que tu vida se limite a mí y mis circunstancias. —Señala el piso—. Me decepcionaría que, dentro de muchos años, cuando mires atrás, lo hagas con pena y resentimiento por lo que dejaste de hacer por mí.

—Sabes que nunca podría sentirme así.

Gabriela se abraza a él.

—Pero lo que sí puedes hacer ahora es, además de ser un buen padre y el mejor marido del mundo, seguir siendo tú.

Seguir siendo Adrián —murmura, alzando la cabeza hacia arriba para mirarlo—, el chico que se sabe todas las canciones de su cantante favorito y que va a ir esta noche al concierto a darlo todo por los dos.

Las palabras de Gabriela lo han dejado mudo, no sabe cómo rebatirlas.

Lo último que quiere es que ella se sienta mal por él.

Que tenga la idea de que se pierde cosas por ella cuando para él estar con ella es siempre ganar.

Se agacha ligeramente y le da un tierno beso en los labios.

La pareja se separa y ella, fijándose en que la niña le ha vomitado en el hombro, lo señala riendo:

—Eso sí, antes de irte, te recomendaría darte una ducha.

Esa misma noche, Adrián canta y salta junto a su primo todas las canciones de Dani Fernández. Disfruta del concierto al máximo por él y por Gabriela. Encuentra algo en cada una de las letras que le hace pensar en sus chicas.

Se emociona al escuchar Si tus piernas , y Miguel lo abraza con cariño cuando grita «Sé que si te pierdo en mi vida, no he ganado». Su vida es Gabriela, y ahora también lo es Roma.

Siempre le ha gustado la canción de Solo tienes que avisar porque sabe que Dani la escribió pensando en su hija. Él ya es padre, como Dani. Y desde hace nueve días, el significado de ese tema para él ha pasado a ser mucho más grande, uno llamado Roma.

Sonríe al oír los primeros acordes de Todo cambia . Es la canción que Gabriela puso en el coche cuando cenaron juntos por primera vez. Para él es la primera que ella le dedicó.

Y cuando sale Walls a cantar Vulnerable con Dani, no puede contenerse y le hace una videollamada a su chica.

Esa canción le recuerda a ellos. Gabriela, al otro lado de la pantalla, la escucha con una gran sonrisa, y le viene a la mente uno de sus deseos de año nuevo: ir a un concierto.

No está allí en persona, pero él consigue que lo disfrute como si así fuera.