Un beso al aire Ya hace cinco días que nació Roma.
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Ya hace cinco días que nació Roma.

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Adrián ha estado con nosotras en el hospital en todo momento. No quería dejarnos solas, y lo entiendo. Si hubiese sido al revés, yo habría hecho lo mismo.

La primera noche que pasamos los tres solos en esa habitación de hospital fue rara. Hubo un momento en el que, si miraba a un lado, tenía a Roma durmiendo en la cuna transparente. Y, cuando miraba al otro, veía cómo se le cerraban los ojos a Adri, recostado en una butaca junto a mi cama.

Ayer por fin nos dieron el alta. Así que ya estamos en casa. Fue un día tan ajetreado que no tuve tiempo ni de abrirte para contarte cómo me siento. Aprovecho ahora que Adri está en la ducha y parece que Roma se ha dormido un rato.

Por más que la miro, aún me parece mentira. Es tan pequeña... Ahora mismo duerme con la boca entreabierta, igualita que su padre.

Aunque me encuentro mejor que hace cinco días, reconozco que estoy muy cansada. Me pesa el cuerpo. Pero cada vez que miro a mi hija sé que todo el esfuerzo ha merecido la pena.

A partir de ahora, el 8 de octubre siempre será un día especial. El día que Roma llegó a nuestras vidas.

Cada vez que la miro siento un amor tan profundo por ella que incluso me asusta. Diría que no he sentido este tipo de sentimiento por nadie. Es algo... ¿incondicional? ¿Distinto? Como más... profundo.

Los días que hemos pasado en el hospital me he sentido muy arropada por todo el mundo. Adrián, como ya te he dicho, no se ha separado de nosotras. Su familia fue a vernos todos los días. Incluso pasaron por allí compañeros míos del trabajo; no me lo esperaba.

Desde que llegamos ayer a casa, Adri y yo tenemos pánico.

Nos da miedo hacer algo mal. Hacerle daño.

No saber cuidarla. No entender qué quiere cuando llora.

.. Tanto sus padres como sus tíos nos han dicho que no nos preocupemos, que lo iremos aprendiendo todo sin darnos cuenta. Espero que tengan razón.

El día del parto puse mi cuerpo al límite. Nunca había estado tan cansada, recuerdo que al principio me costaba hasta hablar. Por mi enfermedad, los médicos anuncian una recuperación lenta, por lo que debo tomármelo con calma.

La frase de la doctora fue: «Nada de sobreesfuerzos, que no tienes que demostrar nada a nadie».

¿Es normal que cuando veo a Roma durmiendo en su cuna, crea que acabamos de meternos en la mayor aventura de nuestras vidas?