Un beso al aire 80
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Tras casi una hora fuera, Adrián vuelve a casa acompañado de Trasto. Cuando se fue enfadado, decidió ir a casa de sus padres a por él y dar una vuelta. Necesitaba que le diese el aire.

Gabriela, nada más oír la puerta, corre hacia él y lo abraza. Soltando al perro, él también la abraza a ella. Se toman un momento para sentir el calor de sus cuerpos en silencio. Se han echado de menos.

—No quiero que discutamos.

Él, separándose de ella, la mira y responde:

—Yo tampoco.

—Soy insoportable.

—Algo gruñona sí que eres, pero te salvas porque te quiero. —Sonríe.

Adrián se fija en la cocina y parece que en su ausencia ella ha colocado toda la compra en su sitio. La pareja decide sentarse en el sofá y hablar de lo que ha pasado antes.

—Adri, quiero pedirte perdón por mis formas —comienza diciendo ella—. No ha estado bien decirte las cosas de esa manera.

—Yo también quería pedirte disculpas si con mis gestos te he hecho sentir como una inútil.

Rápidamente, ella niega con la cabeza para decirle que no es así.

—Ten por seguro que nunca me harías sentir así —aclara—. Pero necesito que no me vuelvas más frágil de lo que ya me siento.

El chico asiente tragando saliva.

—Amor, no sé quererte sin preocuparme por ti.

—Lo sé —responde ella, acariciándole la cara con ternura—, y créeme que lo entiendo. Cariño, tienes el corazón más grande que he conocido nunca y te quiero, pero no puedes pretender que me convierta en una muñeca de porcelana que colocas en una estantería por miedo a que le pueda pasar algo.

—Tienes razón, no es justo para ti.

Adrián y Gabriela se dan la mano entrelazando los dedos.

—Necesito seguir sintiéndome yo misma.

—Yo quiero ayudarte con eso —afirma él—. ¿Cómo lo hago?

—No decidiendo por mí. Dame la oportunidad de que vea si soy o no capaz de hacer las cosas. Si necesito ayuda, ¡por supuesto que te la voy a pedir! Pero déjame intentarlo primero.

—Tendré que aprender.

—Aprenderemos juntos.