Un beso al aire Hay momentos que me cuesta creer que esta sea mi vida ahora.
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Hay momentos que me cuesta creer que esta sea mi vida ahora.

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Me parece mentira.

Adrián y yo vivimos juntos. Yo compartiendo casa con mi pareja, ¿a que suena increíble? Para mí aún lo es.

Fui yo la que di el paso dándole el vinilo antes de tiempo. Había pensado decírselo en su cumpleaños, pero... Entre las ganas que tenía de ver su cara al abrirlo y que también me apetecía que estuviésemos los dos aquí juntos, no pude aguantarme más.

Ha ido trayendo cosas suyas poco a poco, hasta que ya está totalmente instalado aquí conmigo.

Desde hace días parecemos un matrimonio. Sobre todo, esos en los que se trae a Trasto a casa. El otro día salimos juntos a pasearlo y cuando vi nuestro reflejo en el escaparate de una tienda, me sorprendió mucho.

Ojalá se me diese bien dibujar para plasmarlo aquí. Básicamente, era ver a una pareja que va de la mano, con ella muy embarazada y el perrito caminando delante. Como que me costó asimilar que esa era mi vida ahora.

Nunca hubiera dicho que me iba a ver así. Guau.

Tal y como me temía, Ginés me dio la baja. No quiere que siga yendo a trabajar. Lo entiendo, pero me da pena. Me gusta mi trabajo. A ver..., no quiere decir que no vaya a volver, esa no es para nada mi intención.

Volveré.

Pero pasar de tener una rutina marcada de trabajo a no tener absolutamente nada es... extraño. Como que ahora no sé muy bien qué hacer con mi tiempo. Aparte de citas médicas, no tengo muchas más obligaciones, y las horas se me pasan leeentas.

Al menos cuando Trasto está en casa, aprovecho y me voy con él a dar una vuelta, e incluso nos pasamos por la clínica a saludar a Azahara.

Tengo que reconocer algo que no sé si me gusta.

Como ahora tengo tanto tiempo libre, me da por pensar en muchas cosas. Y hay una que me ha venido estos días a la mente y me tiene un poco rayada: mis padres y Ariadna. Ya ni siquiera me refiero a ellos como «mi familia», creo que hace tiempo que perdieron ese derecho.

Me encanta ver lo contenta e involucrada que está la de Adrián con lo nuestro. Supongo que al principio tendrían sus dudas, aunque no lo hayan hablado conmigo. Vamos, sería lo normal. Pero no hay día que pase que no reciba algún mensaje, llamada o muestra de cariño por su parte.

Pienso en mis padres y mi hermana y me pregunto ¿qué dirían ellos?

¿Se alegrarían al ver que soy feliz con la vida que llevo?

También hay una parte de mí que piensa en si debería decirles que voy a ser madre. ¿Merecen saberlo?

P. D.: Seguimos sin nombre para la bebé, qué desastre.