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Parece mentira, pero ya están en la semana veinte del embarazo.
Gabriela hoy tiene una ecografía morfológica para controlar que todo va según lo previsto.
Antes de entrar en la sala, mira hacia atrás.
Se supone que Adrián quedó en que iría para acompañarla, pero la ha avisado hace un rato de que se le había complicado el trabajo.
En cuanto salieron de la consulta con Ginés hace semanas, no dudó en contarles las novedades a Azahara y Keira.
Ellas también están muy pendientes de ella.
Tanto es así que entre Adrián y ellas han ideado un calendario compartido para señalar las citas médicas de Gabriela y así poder organizarse y que vaya siempre acompañada. No quieren dejarla sola.
Ella les dejó claro que todo eso no es más que una exageración.
Desde que le diagnosticaron la enfermedad hace años, no ha tenido problema en ir sola a sus controles semestrales.
Pero Adrián no lo ve igual. Si él no puede acompañarla, prefiere que haya alguien con ella.
Incluso sus padres que, aunque en un principio se asustaron por toda esta situación, una vez que la asimilaron, se ofrecieron para ayudar y estar.
Gabriela sigue a la ginecóloga al interior de la sala. Cierra la puerta y una luz tenue invade el ambiente. Se coloca en la camilla y se sube la camiseta para dejar al descubierto la incipiente barriga.
—Por lo que veo, estamos en la semana veinte —dice la doctora sentándose en un taburete—, así que vamos a revisar la anatomía completa de tu bebé.
—De acuerdo.
Coge el bote de gel frío y lo aplica sobre el vientre. A continuación, posa el transductor sobre la tripa y lo desliza sobre ella. Lo primero que aparece en la pantalla son sombras borrosas y de color gris.
Tres sutiles golpes en la puerta hacen que ambas aparten la vista del monitor.
—Perdón, llego tarde —murmura Adrián abriendo con cuidado.
La doctora, al ver cómo la pareja se mira, le dice que pase.
—Llegas justo a tiempo.
Él asiente y le da la mano a Gabriela tras colocarse junto a ella. Está emocionado. Después de mucho pensarlo, hablarlo, meditarlo y, sobre todo, dejar que Gabriela decidiera, su decisión ha sido tener al bebé. Algo que a él le preocupa e ilusiona al mismo tiempo. ¡Va a ser padre!
—Aquí está —señala la mujer.
Los tres vislumbran al bebé en la pantalla del ecógrafo.
—Aquí podemos ver que la cabeza está bien posicionada —les comenta—, y tiene una estructura cerebral normal.
Gabriela y Adrián la escuchan con atención mientras disfrutan de lo que ven en las imágenes. Con pausa, la ginecóloga les informa sobre distintos aspectos de la anatomía del bebé.
—Ahora vamos con el corazón.
Gabriela se tensa. Adrián, aunque traga saliva, aprieta su mano. La imagen se amplía y él, sin darse cuenta, inclina el cuerpo hacia delante para tratar de verla mejor.
La doctora activa el Doppler y el sonido no tarda en llenar la habitación.
Tumtum... Tumtum... Tumtum...
—Tiene las cuatro cavidades bien definidas, con una frecuencia adecuada.
—¿Eso es que está bien? —murmura Gabriela, nerviosa.
La doctora no duda en asentir. En el informe ha leído su caso.
—Está muy bien.
Esas tres palabras consiguen que Gabriela y Adrián respiren aliviados. Eso era justo lo que querían oír. Es la mejor noticia.
Tomándose unos minutos más para comprobar que todo está correcto y el crecimiento es acorde a la semana gestacional, la médica le tiende un buen trozo de papel para que se limpie la tripa.
—Todos los parámetros que hemos visto hoy son correctos —afirma al terminar.
—¿Podemos saber el sexo?
Adrián se sorprende al oír la pregunta de Gabriela.
—Por supuesto. Es una niña.
Gabriela ve cómo a él le brillan los ojos. La doctora se despide de ellos y les da intimidad para que la embarazada se limpie con tranquilidad antes de abandonar la sala.
—¿Vamos a tener una niña? —murmura Adrián.
—Eso parece.
—Espero que sea tan guapa como tú.
—O como el papi. —Ríe ella.
Gabriela se acerca para abrazarlo.
—Madre mía...
Durante unos segundos se abrazan en silencio, hasta que, al separar sus cuerpos, vuelven a mirarse.
—Amor, siento haber llegado tarde.
—No te preocupes. —Y riendo, añade—: Aunque la próxima vez, mírate en el espejo antes de salir del coche.
Gabriela le sacude el pelo y él se da cuenta de que aún lleva polvo de la obra en la que estaba justo antes de acudir a la cita médica.