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Pasan los segundos y el silencio se vuelve pesado e incómodo.
Desde la cama de hospital observa a las tres personas que la acompañan y se siente expuesta, completamente vulnerable ante lo que acaba de contar la doctora.
No solo su enfermedad le ha dado un toque para recordarle que está ahí, sino que también está embarazada.
Pero sí se ha dado cuenta de algo: Adrián sigue sujetándole la mano. No la ha soltado en ningún momento.
Necesita acabar con ese ambiente tan cargado.
—No era así como tenía pensado que os enterarais de mi enfermedad —dice pretendiendo romper el hielo.
Pero no lo consigue. Ni siquiera ha conseguido decir esa frase sin que le temblase ligeramente la voz.
—Voy a por agua —avisa de repente Adrián—. ¿Queréis algo?
Las chicas dicen que no y Gabriela nota cómo él suelta su mano y sale de la habitación sin mirar atrás.
No puede evitar quedarse mirando la puerta, sintiendo que una pena inmensa la invade.
Ahora sí lo ha conseguido, ha ahuyentado a Adrián por completo.
Siente que, si antes no lo había perdido, acaba de perderlo.
—Ya hablaré con él luego —murmura Keira al darse cuenta de la situación.
Azahara y ella se acercan a su amiga para darle su cariño.
—¿Cómo estás? —le pregunta Azahara—. Y esta vez déjate de respuestas superficiales, quiero la verdad.
—Sorprendida y molesta —consigue balbucear.
—¿Te duele algo? —se interesa con rapidez Keira—. ¿Voy a avisar?
—Molesta conmigo misma —recalca—. Os lo tenía que haber contado antes.
Y sorprendida por lo del embarazo. No lo sabía.
—Las tres amigas se miran en silencio—. Aza, tú tenías razón, como siempre.
Se lo tenía que haber contado antes, pero no lo hice.
No te hice caso y aquí estoy, en esta cama de hospital, y con una situación. ..
Rápidamente, Keira mira a la recién mencionada.
—¿Tú lo sabías?
—Sí, pero solo lo de la miocardiopatía dilatada —le explica—. Como sabes, cuando Gabriela y yo nos conocimos, su tío ya no estaba y ella no tenía a nadie a su lado. Nos hicimos amigas y a los pocos meses me lo contó.
Gabriela asiente con una sonrisa. Menos mal que apareció Azahara en su vida. Si no la hubiera tenido a ella, no sabe cómo habría podido remontar, ya que cuando su tío Juanjo falleció, pasó demasiado tiempo sola.
Keira se limita a asentir y a decir con cariño:
—Aunque estoy algo enfadada contigo por no haberme contado lo que te pasaba en cuanto a tu enfermedad del corazón, quiero que sepas que, al igual que Aza, yo también estoy para lo que necesites.
—Gabriela sonríe agradecida. Sin poder contenerse, Keira pregunta—: En cuanto al bebé.
.. ¿Es de Adrián? —Gabriela asiente. Tras unos segundos de silencio, Keira sigue hablando—.
¿Qué te preocupa más ahora mismo, el embarazo o que Adrián se haya ido?
—Las dos cosas, pero lo entiendo. Comprendo que mi enfermedad y el embarazado lo hayan superado y haya decidido irse —susurra. Las dos amigas la miran frunciendo el ceño—. Como ya te he dicho otras veces, Aza, no quiero ser la historia triste de nadie.
—Gabriela, ¿te estás escuchando? No puedes...
Pero la conversación llega a su fin al escuchar la puerta abrirse.