El fin de semana que pasé con Adrián queda tan lejos.
Han pasado unas dos semanas desde que aquel domingo mi mundo explotara..., ¿no? Últimamente, no sé ni en qué día vivo.
Hace ya días que fui al banco a dar de baja la tarjeta de crédito asociada a mi cuenta bancaria y a pedir una totalmente nueva. Así Ariadna no podrá robarme más dinero, bastante se ha llevado ya.
Aparte, también se llevó ropa, collares y pulseras. Y lo que más valor sentimental tenía para mí: el piano del tío Juanjo. No creo que pueda perdonarle nunca el dolor que me ha causado. Cada día que paso por donde estaba el instrumento siento que se me parte el corazón.
Sigo muy afectada.
Estoy herida. No me esperaba esto de ella. No es justo. Con lo bien que me he portado, no lo merezco. Pero está claro que ella debe pensar otra cosa.
Sigo sin noticias, ni llamadas ni mensajes. Nada.
También me duele pensar en él. Adrián no se merecía la forma en que lo eché de casa aquel día. Aunque hay pequeños momentos en los que pienso que fue lo mejor que pude hacer, en el fondo... sé que no, al menos no así. Me arrepiento.
Antes de reconocerle a Azahara que me había enamorado de Adrián, ya lo sabía. No quería verbalizarlo. No quería ni siquiera escribirlo aquí. Me daba miedo.
Lo supe el día en el que falté al trabajo por ser uno de esos en los que no me encuentro bien y él se presentó en casa solo para traerme cosas que creía que podrían ayudarme a sentirme mejor.
Cuando esa tarde le ofrecí que se quedase conmigo, algo en mí sabía que lo estaba haciendo a largo plazo.
Lo echo tanto de menos...
Me escribe y me llama. Todos los días recibo algún mensaje, a veces para contarme qué tal ha ido su día, otras, para decirme que quiere verme o incluso solo para enviarme una foto de Trasto durmiendo.
No he respondido a ninguno. No puedo. Adrián no se merece esto, no se merece sufrir por mí más de lo necesario.
Todos podemos superar una ruptura. Al fin y al cabo, muchas parejas se separan. Al menos este dolor es pasajero y, a la larga, me alegraré de haberlo hecho. No por mí, sino por él.
No quiero ser egoísta.