65
Al final, Adrián no ha conseguido salir tan pronto como quería. Sobre las cinco de la tarde, para el coche frente a la casa de Gabriela, sale y la llama por teléfono. Ella, al ver que es él, se asoma a la terraza y lo ve: la saluda desde abajo.
Antes de volver a entrar en casa, se da cuenta de que en el suelo de la terraza hay ceniza. Suspira y la aparta con el pie. No tiene tiempo para eso. Cuando se enteró de que su hermana había vuelto a fumar, le dejó claro que la casa es un espacio libre de humos, pero Ariadna hace lo que quiere.
Seguida por su maleta, Gabriela baja y se acerca al coche.
—¡Hola, guapa! ¿Qué tal?
—¡Hola, Adri! —lo saluda animada y le da un beso en los labios. Adrián no tarda en coger la maleta para colocarla en el maletero.
—¿Con ganas de empezar el fin de semana?
—Muchas.
Sonríen y entran en el coche.
—¡Buenooo! —exclama al ver quién va sentado en la parte de atrás—. ¿Tú también vienes?
Adrián no puede evitar sonreír al ver el cariño con el que Gabriela saluda y da mimos a Trasto.
—Cuando les dije a mis padres adónde íbamos —le explica arrancando el motor—, me dejaron claro que no era una opción que Trasto viniera con nosotros, sino una obligación.
—Menos mal, porque es mi favorito de los dos —murmura haciéndole carantoñas.
Empieza a sonar Vulnerable , de Walls y Dani Fernández. Gabriela se pone el cinturón y le echa una mirada a Adrián. Lleva chándal y una gorra. En el tiempo que hace que se conocen, nunca le había visto con una.
—¿Y este look? —La señala.
—Así voy más cómodo para conducir.
Pero al mirarla se da cuenta de que se refiere a la gorra puesta del revés.
—Ah, vale... —Sonríe—. Es para que no se me venga el pelo a la cara.
—¿Te lo estás dejando largo?
—No me queda otra, dijiste que te gustan rubios y con el pelo largo —responde con guasa mirándola de reojo.
Gabriela lanza una carcajada. No esperaba esa respuesta. De hecho, ni se acordaba ya de su novio inexistente.
—Claro, es que a Alonso le queda tan bien... —murmura siguiéndole la broma.
—A mí me va a quedar mejor.
Ríe al oírle decir eso. Está claro que la chulería que tanto detesta sigue en él.
El coche se mueve y un par de minutos después salen de la zona donde viven.
—¿Me vas a decir ya adónde vamos o no?
—¿No puedes aguantar más?
—Claro que puedo —responde al ver la sonrisa pícara de Adrián.
Se detienen ante un paso de peatones y él la mira. El brillo de sus ojos es como el que se tiene cuando eres pequeño y llega el día de tu cumpleaños.
—Venga, vale...
Coge el móvil, lo desbloquea y abre la aplicación de mapas. Busca el destino y lo coloca en el soporte.
—Aunque he ido varias veces, no voy a ir de listo, que nos perdemos —bromea.
—¿Benicàssim? —lee Gabi. Adrián asiente divertido. Ella, haciendo memoria, cae en algo—. ¿No es donde tiene una casa un amigo de tus padres? —Lo ve asentir—. ¿Tobías...?
—Tomás, y sí.
Gabriela se fija aún más en el móvil, en la duración del viaje.
—¿Cuatro horas y media?
—Será algo más —dice para horror de la chica—, tendremos que parar a estirar las piernas y a que Trasto haga sus cosas.
Gabriela decide relajarse, se deja caer por completo en el asiento para acomodarse.
—¿Has estado?
—No.
—Siempre hay una primera vez para todo.
Pero ella no dice nada. Simplemente, se le queda mirando. Adrián, al notarlo, la mira un segundo. No le dice nada, ella parece estar pensando.
—Adri, ¿por qué haces esto?
Él, dedicándole una nueva y fugaz mirada, responde:
—Porque sé que no es una buena semana para ti.