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No es un buen día, ni este año ni los anteriores. Como una autómata, va a trabajar y pasa el día intentando estar lo más ocupada posible y evitar que todo vuelva a su mente.
Adrián lleva días organizando algo. Ha hablado con Tomás, el amigo de sus padres, y ha hecho todo lo posible para adelantar trabajo y poder salir antes el viernes. Cuando lo tiene todo cerrado, coge el móvil y la escribe.
Gabriela se mantiene ocupada charlando con Azahara. Tiene suerte, ha sido uno de esos días de mucho trabajo, y lo agradece. Ahora, al ver que se quedaba libre, Azahara se ha acercado para darle conversación.
El móvil pita y a ambas se les van los ojos hacia él.
Adrián Hola, Gabi, necesito que hagas algo por mí. Cuando llegues a casa, prepara la maleta. No metas ropa muy arreglada, más bien informal. Sé que no es verano, pero mete un biquini por si acaso. Mañana después de comer te recojo en tu casa y nos vamos.
Gabriela lee y relee el mensaje más de una vez.
—Tía, ¿qué es esto? —Le pasa el móvil a su amiga, que lo lee a su vez.
—Entiendo que te va a llevar a pasar el fin de semana por ahí.
—Ya, hasta ahí llego —murmura Gabriela volviendo a coger el móvil—. Pero ¿por qué? —Azahara se encoge de hombros y ella le clava la mirada—. Tú no sabes nada al respecto, ¿verdad?
—¿Yo? —dice ella de manera un tanto dramática—. Nada de nada.
Miente. Hace más de una semana que Adrián la llamó porque tenía que pedirle ayuda. Necesitaba confirmar que Gabriela ese viernes tuviese turno de mañana y saber si ya tenía planes para el fin de semana.
—Venga, seguro que te viene bien una escapadita —comenta, evitando añadir la palabra romántica al final de la frase. No quiere que Gabriela se agobie.
—No sé, Aza.
—¡Anda ya, Gabriela! —exclama cómicamente—. Siempre viene bien que te organicen algo así sin tener que ocuparte de nada. Tú solo déjate llevar y disfruta. ¡Tienes una vida nada más! —No muy segura, Gabriela mira a su amiga—. Deja que te sorprenda.
Al día siguiente, Gabriela lo tiene todo preparado. Por más que ha preguntado, Adrián no ha querido decirle adónde van. Prefiere mantenerlo en secreto. Solo sabe que, vayan donde vayan, lo harán en coche.
—O sea, que te vas de fin de semana romántico —murmura Ariadna.
—Me voy de fin de semana —la corrige su hermana. La pequeña, mirándose en el espejo para recogerse el pelo, hace una mueca.
—¿Y adónde vais?
—No lo sé, Ari. Pero vamos en coche, así que no creo que sea muy lejos.
—¿Me estás diciendo que Adrián se ha encargado de todo? —murmura, tensando el pelo para poder recogérselo—. Pues sí que le va bien «al obrero».
Ariadna suelta una ligera risa mientras que a Gabriela no le hace ni pizca de gracia el comentario.
Desde el día en que aireó lo suyo con Adrián delante de Keira y Miguel, ya le ha preguntado por él varias veces.
De ahí que ya sepa que es encargado de obra, y esa ironía que es evidente que a Gabriela no le ha parecido bien.
—Disculpa, Gabi, no lo decía a malas. —Ella no responde, se mueve por la cocina acabando de recoger las cosas de la comida—. Pensándolo bien, tiene que molar dejarte querer. —Ahora sí que la mira y asiente—. ¿Y cuándo volvéis?
—El domingo por la tarde.
—¿Cómo de tarde?
—Ari, yo qué sé, tarde. —Se gira hacia ella frunciendo el ceño—. ¿A qué vienen tantas preguntas? Si lo que estás pensando es hacer una fiesta en casa, te digo desde ya que no. Ni se te ocurra.
Ariadna acaba la coleta y ella también se gira para mirarla.
—No sé, Gabi, supongo que serían las preguntas normales que harían mamá y papá si todo estuviera bien y una de las dos se fuese de finde. Perdona por preocuparme por ti. —Mueve las manos—. Además, tampoco es que seas la reina de la improvisación.
Al oírla, Gabriela se cruza de brazos.
—¿A qué te refieres?
—A que de repente te vas de finde con tu amigo. Así de la nada. Pues es raro —comenta—. Igual de raro que te enfades cuando me refiero a Adrián como tu novio, porque es lo que es.
Haciendo oídos sordos, Gabriela decide omitir esa última parte. No quiere hablar de eso. Descruza los brazos y se acerca a su hermana, comprende y agradece que se preocupe por ella.
—Ari, ¿estarás bien sin mí? —pregunta apoyando las manos en sus hombros.
—Sí... —murmura—. Es solo que no me siento cómoda quedándome sola en este piso.
—Ah, ¿no? —La mira sorprendida—. ¿Y por qué no me lo habías dicho antes? —Ariadna se encoge de hombros—. No me cuesta nada llamar a Adrián y decirle que no —murmura acercándose a la mesa para coger el móvil—. O, mejor aún, para decirle que te vienes con nosotros.
Pero Ariadna no duda en seguirla y arrebatarle el móvil de las manos. Ella la mira asombrada.
—No, Gabi, para. Solo es un fin de semana, no te preocupes.
Tras unos minutos, consigue convencerla. Al fin y al cabo, no tiene nada de malo que se quede sola. Las chicas se despiden, no antes de que Gabriela le deje claro que tendrá el móvil encendido en todo momento y que, si pasa cualquier cosa, la llame.
Antes de que se vaya, Ariadna abraza una última vez con fuerza a su hermana. Justo antes de salir por la puerta para irse a trabajar, se gira para volver a mirarla y sonríe.
—¡Disfruta!