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A los pocos días de lo sucedido, Miguel volvió a Londres para recoger sus cosas y mudarse cuanto antes.
Keira fue con él. Marcus lo llamó por teléfono, e incluso estaba en el piso cuando fue a por sus cosas.
Intentó convencerlo de que había sido un error, pero Miguel no le creyó.
La confianza entre ellos desapareció el día que le pilló con otro.
Semanas más tarde, y de nuevo asentado en Madrid, parece que está mejor. Sigue teniendo sus momentos de bajón y de echar de menos a su exnovio, pero ya está Keira ahí para abrazarlo y dejarle claro que no está solo.
De hecho, para fortalecer este vínculo, hoy han decidido salir de fiesta. Todos se han apuntado, todo sea por apoyar a Miguel.
Gabriela llega la última a la discoteca. No solo ha tenido turno de tarde en el trabajo, sino que no se encuentra demasiado bien. Es plenamente consciente de que no está en su mejor día, pero no quería perderse lo de esta noche. Quería estar ahí por Miguel.
Nada más entrar en el local ve que Adrián la mira y levanta la mano para que ella también lo vea. La morena sonríe y camina hacia ellos. Saluda a todos uno a uno y se presenta a unos amigos de Miguel que también se han unido esa noche.
—¡Mira quién ha decidido aparecer! —exclama Keira dándole un abrazo.
—Ya sabes lo que dicen —bromea la recién llegada—: los últimos serán los primeros.
Por último, se acerca a Adrián, quien la mira con una gran sonrisa. Una vez la tiene junto a él, no duda en tomarla de la cintura para acercarse a ella y darle un beso en los labios.
—¡Buscaos un hotel! —exclama de forma graciosa Keira.
—Deja que disfruten, ellos que pueden —bromea ahora Miguel, zarandeando a su hermana.
La pareja mira a Keira riendo. Azahara, a quien le ha hecho gracia que sea Miguel el que diga eso, agarra la mano de su novia y la mueve para que la mire.
—¿Acaso estás celosa?
—¿De mi primo? —Pone cara de asco—. Aunque si diciendo que sí me das un beso, estoy súper... súper... celosa.
Sin poder evitar reírse, Azahara le da el esperado beso. Y Keira no duda en atraerla con ganas hacia su cuerpo.
—¿A quién decías que le venía bien un hotel? —murmura Adrián pasando por su lado.
Keira da un respingo y sigue a su primo para golpearle en el brazo. Gabriela observa la escena divertida mientras se quita el abrigo y lo deja junto a los del resto. Al momento se une al grupo y empieza a mover el cuerpo al ritmo de la música.
Las canciones pasan y suena BAILE INoLVIDABLE de Bad Bunny. La gente vitorea y canta, se la saben de memoria. Gabriela conoce la canción y la letra. Miguel baila con sus amigos y sus amigas bailan juntas. No duda en buscar a Adrián con la mirada. Él, al verla, da un trago a su bebida y se acerca.
—¿Quieres? —le ofrece su copa.
—No, lo que quiero es que bailes conmigo.
Él se echa a reír.
—Gabi, yo no sé bailar salsa. —Hace un torpe intento de mover las caderas al ritmo de la música—. ¿Ves?
—¡Yo tampoco! —Ríe ella.
Viendo cómo lo mira, Adrián deja el vaso en la mesa alta. Gabriela se da media vuelta y, cogiéndole de la mano, se lo lleva para colocarse cerca de las chicas.
—Solo tenemos que intentar imitar a Aza —sugiere.
Él mira a la chica bailar y suspira: es complicado, pero está dispuesto a intentarlo.
No se mueven al compás ni van compenetrados, pero Adrián y Gabriela se ríen y disfrutan intentándolo juntos.
Adrián, que no consigue seguirla, decide que lo mejor es perderse viéndola cantar, mientras que Gabriela continúa fijándose en los pasos de su amiga para tratar de imitarlos.
Al terminar, están agotados. Azahara los mira.
—Esto ha sido todo menos salsa. —Gabriela no puede evitar reír al ver la cara de él. Adrián asiente.
—Nada mal, ¿no? —comenta Azahara.
—Hemos hecho lo que hemos podido —responde Gabi.
—¡Voy a la barra! —avisa Keira alejándose.
Cogiendo de nuevo su vaso, Adrián da un último trago y se lo termina.
—Voy a por una copa —avisa a Gabriela—. ¿Qué quieres beber?
—Me vale con un vaso de agua.
—¿No prefieres algo diferente?
—No. Solo quiero agua.
No es la primera vez que la ve de fiesta y tomando solo agua, por lo que simplemente asiente y sigue a su prima.
Un par de copas y horas después, Gabriela necesita sentarse. Está cansada, incluso algo revuelta. Necesita tomarse un momento para que el cuerpo se le asiente y poder continuar con la noche. Se lo está pasando bien.
Durante un rato disfruta al observar cómo los demás se lo pasan bien bailando y haciendo el bobo. Se fija en sus amigas y en cómo se miran. Cualquiera que las vea puede entender que están enamoradísimas. Ve a Miguel y a Adrián saltar y cantar una de las canciones a gritos.
En un momento dado, cuando suena CONTIGO , de Karol G y Tiësto, Adrián la busca con la mirada.
Una vez que da con ella, se acerca lentamente mientras canta la canción.
Esta es él quien se la sabe, así que ella sonríe y disfruta mirándole.
Al alcanzarla, le ofrece la mano para que se levante y baile con él. Gabriela acepta sin dudar.
Sus cuerpos se mueven pegados y ella se deja llevar, con Adrián cantando y dedicándole la canción sin tener que decírselo. No le da tiempo a terminar cuando ella lo nota.
—Tengo que ir al baño —avisa escabulléndose.
Él, al ver la prisa con la que se va, deja la copa para seguirla.
Gabriela llega y, como de costumbre, hay cola para entrar.
Tapándose la boca mira a su alrededor y, como caído del cielo, aparece Adrián.
Con solo mirarla la entiende, por lo que la coge del brazo y se la lleva al baño de hombres.
Prueba varias puertas hasta dar con una que se abre.
Gabriela, sin poder evitarlo, se inclina y vomita en el inodoro.
Instintivamente, Adrián le aparta el pelo de la cara.
Tras unos incómodos segundos, ella se incorpora lentamente.
—¿Estás mejor?
—Sí —murmura.
—¿Qué te ha pasado?
—No lo sé —afirma, consciente de que miente.
Se acerca al lavabo y se enjuaga la boca. Tiene que hablar con él. Tiene que contarle algo, pero hoy no. Varios chicos la miran al pasar, pero Adrián se encarga de devolverles la mirada con gesto serio. Cuando parece que ella se encuentra algo mejor, salen de allí.
—¿Ya te encontrabas mal antes o es algo que...?
—Me habrá sentado mal la cena —miente de nuevo.
No le apetece admitir que ya se encontraba mal antes de ir. No quiere que él se lo eche en cara, y muchos menos que Azahara se entere y la regañe.
—Te dejo con el resto y voy a por un vaso de agua —sugiere él, caminando a su lado.
—No, Adri, tranquilo. —Se agarra de su brazo con familiaridad—. Creo que mejor me voy a casa.
—Genial, te acompaño.
Ella se apresura en responder.
—No hace falta, seguro que cuando me dé un poco de aire fresco en la cara, me termino de encontrar perfecta.
Pero él no está dispuesto a hacer lo que ella le pide.
—Gabriela, contigo me iría de una y mil fiestas.
Oírle decir eso hace que cierre los ojos con fuerza.
Llegan junto a los demás y, cogiendo sus cosas, se despiden de ellos.
—¿Va todo bien? —le susurra Azahara mientras Gabi se pone el abrigo.
—Sí, claro, disfrutad del resto de la noche por mí —responde ella con una gran sonrisa.
—Al final es verdad lo que decías cuando has llegado: los últimos serán los primeros.
La chica ríe ante las palabras de Keira. Tiene razón, ha sido la última en llegar y la primera en irse.