Un beso al aire Estoy muy agobiada.
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Estoy muy agobiada.

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Antes de empezar a escribir me he pasado un buen rato respirando hondo para intentar calmarme y que el corazón no me vaya tan rápido.

¿Recuerdas que iba a ir a ayudar a Keira con sus primos? Bueno, pues eso ha sido hoy y todo ha saltado por los aires.

¿Por dónde empiezo?

Por culpa de Ariadna, Keira se ha enterado de lo que hay entre Adrián y yo.

No parece que le disguste; de hecho, al final parecía contenta de que todos formásemos parte de la misma familia.

No he tenido el valor de llevarle la contraria y decirle que su primo y yo no somos pareja como tal.

Porque claro, si le digo eso, entonces, ¿qué somos?

Miguel ha vuelto de Londres. Su ahora exnovio le ha puesto los cuernos. El pobre estaba destrozado.

Eso ha llevado a que Adrián haya compartido con nosotros que a él le fue infiel su exnovia y que, por venganza, le pagó con la misma moneda, aunque se arrepintió en seguida. Esto a mí me da igual.

Lo que sí me preocupa y a lo que no paro de darle vueltas es a lo que ha dicho después. Adrián nos ha dejado claro que odia que le mientan y le oculten cosas. Prefiere saberlo y que le duela a pasarse meses siendo un completo ingenuo.

Hace un rato nos ha traído a Ari y a mí a casa.

Cuando nos hemos quedado los dos solos, he intentado armarme de valor para hablar y abrirme con él, pero en cuanto lo he mirado a los ojos, no he podido.

Me he echado atrás y he sido una cobarde.

Abrirme y mostrarme vulnerable sería también dar por hecho que somos pareja, y esa palabra es algo para lo que no sé si estoy del todo preparada.

Ese término es algo que tengo vetado en mi vida desde hace años.

La inseguridad puede conmigo. Siento que me va el corazón a mil.

Estoy agobiada y a la vez tengo miedo. No sé qué hacer.

¿Cómo se sabe cuándo es el momento idóneo para dar una mala noticia?