Un beso al aire 59
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Keira coge a Adrián del brazo para que vuelva a sentarse y se expliquen. Ariadna, al ver la situación, ha decidido que lo mejor era alejarse y continuar con su trabajo. Sin duda, ha metido la pata.

Están acorralados, así que se lo cuentan. Si por Adrián fuese, ella hubiera sido la primera en saberlo, así habría tenido a alguien cerca con quien hablar, pero Gabriela no quería.

Keira los escucha con atención mientras ellos le dejan claro que están disfrutando y conociéndose, pero hasta ahí. No le ponen nombre a lo que hay entre ellos, a pesar de que se lee entre líneas.

Cuando terminan el relato, Keira se limita a asentir y a tomarse unos segundos para observarles detenidamente.

—¿Por qué no me lo habíais contado?

—Ha sido cosa mía —se apresura Gabriela en responder—. No quería decirte nada hasta ver si llegaba a ser algo serio y real, o no.

—¡Yo te conté lo de Azahara!

—Ya...

Keira mira a su primo y lo ve asentir levemente. No puede enfadarse con ellos, cada cual cuenta las cosas cuando le apetece. En esto del amor, como en muchas otras cosas de la vida, no hay tiempos estipulados.

—Qué fuerte. —Sacude la cabeza, tratando de asimilar la información que le acaban de dar—. Vaya cara de tonta se me debe de haber quedado al enterarme.

Mira a su hermano y él, sin poder aguantar más, suelta:

—Yo ya lo sabía.

—¿Perdona? ¿Lo sabías y tampoco tú me lo contaste? —farfulla Keira—. Tengo un traidor en mi propia casa.

Los hermanos se enzarzan en una divertida conversación. Aprovechando el momento, Adrián habla con Gabriela para excusarse.

—Lo siento, Gabi, sé que no querías que se lo dijésemos a nadie, pero ha habido momentos en los que necesitaba hablar con alguien aparte de Trasto. —Ella sonríe con ternura—. Necesitaba que alguien me diera su punto de vista.

—Tranquilo, te entiendo. —Le acaricia el brazo—. Yo también he tenido momentos en los que sentía que, o hablaba con Aza, o me iba a volver loca.

Nada más oír eso, Keira abandona el pique que estaba teniendo con su hermano para clavar la mirada en su amiga.

—¿Dices que Azahara lo sabe? —Y exclama levantándose—: ¡Qué bien, soy la última en enterarme!

Cogiendo el tabaco y el abrigo, camina con rapidez hacia el exterior del local. Adrián no duda en seguirla.

—¿Me invitas ahora a un cigarro?

Miguel y Gabriela ven desde dentro cómo Keira llama por teléfono, presumiblemente a Azahara, mientras Adrián le coge un cigarro y lo enciende.

—Si sirve de algo —comenta Miguel captando su atención—, me gustáis como pareja. Por lo que me ha contado mi primo, creo que os complementáis bastante bien.