56
Adrián mira a Gabriela. Gabriela mira a Adrián.
«¿Qué?», piensan ambos.
No entienden nada, solo saben que Keira ha salido corriendo tras hablar con Miguel por teléfono. Tras el shock inicial, parece que verdaderamente se dan cuenta de que ahora ellos dos están a cargo de Naim, Laila y Olaya.
—Primo, tengo hambre.
—Sí, yo también.
Adrián mira hacia abajo, tiene a los pequeños enganchados a sus piernas. No es la primera vez que se queda solo con ellos, pero sí la primera que lo hace de manera tan repentina y habiendo salido la noche anterior.
—Quizá es buena hora para darles algo de merendar —sugiere Gabriela tras ver que son las seis y cuarto de la tarde.
—¡Eso es, vamos a merendar! —exclama él.
Va directo a la cocina seguido de los niños.
Gabriela los sigue y se fija en un papel colocado en la encimera.
Lo lee, es el horario de comidas de Olaya y las instrucciones para preparar las tomas.
Mientras, Adrián abre varios armarios y da con algo que le convence.
Prepara ColaCao y galletas para los gemelos y ve que Gabriela saca un biberón de la nevera.
Adrián se lleva a los pequeños y los sienta a la mesa del comedor a merendar, no sin antes subir el volumen de los dibujos animados de la televisión. De inmediato, acompaña a Gabriela al cuarto en el que duerme Olaya.
—¿Sabes que en los apuntes de tus tíos pone que tenemos que despertarla y no dejarla dormir para que esta noche puedan descansar? —comenta al notar que él la sigue.
Adrián entra tras ella en el cuarto y cierra la puerta. Se acercan a la cuna, la niña está despierta. Con seguridad, Adrián la coge en brazos y, sentándose en una butaca que hay al lado, le pide a Gabriela que le pase el biberón. Se lo da a la niña. Se nota que tiene práctica.
Durante unos segundos, el silencio se apodera de la habitación.
Gabriela no puede evitar quedarse embobada mirando la escena.
Con todo el cuidado del mundo, Adrián da de merendar a Olaya.
Ella se fija en cada detalle, desde cómo le sujeta la cabeza hasta cómo se coloca en la butaca para que la niña esté lo más cómoda posible.
Alza la vista y la pilla mirándole. Gabi, rápidamente, se cruza de brazos.
—Y tú ¿qué haces aquí?
—¿Qué pasa? —hace una mueca—. ¿No puedo pasarme a ver si mi prima necesita ayuda?
—Qué casualidad que justo te pases hoy, ¿no?
—Destino o casualidad —sonríe—, quién sabe.
Gabriela niega con la cabeza. Ese chico no tiene remedio.
—Y tú con Alonso, ¿qué?
—Madre mía... ¡ni me lo recuerdes! —dice echándose a reír—. Qué mal lo he pasado cuando tu prima no paraba de preguntarme por él. Solo cruzaba los dedos para que no se diese cuenta.
—Yo creo que has salido bastante airosa de la situación.
—Ojalá.
Ella no lo tiene tan claro. Espera haber dejado la curiosidad de Keira lo bastante saciada como para que no vuelva a preguntarle hasta dentro de unas semanas.
—¿Y si no fuese así? —sugiere él pendiente de la niña—. Es solo cuestión de tiempo que se entere. —Gabriela resopla—. ¿Qué sería lo peor que podría pasar?
—No lo sé, pero prefiero contárselo cuando sepa realmente lo que es... esto —responde, señalándose a sí misma y a continuación a él.
Adrián asiente. Respeta su decisión y sus tiempos. Lo bueno es que ha dejado caer que hay algo entre ellos. Ella se da cuenta de que él la mira y se ríe.
—¿Qué te pasa ahora?
—Con que te gustan rubios y pijitos, ¿eh? —murmura él con gracia.
—Me has pillado. —Pone los ojos en blanco. Adrián asiente mordiéndose el labio.
—En ese caso..., el pelo me lo puedo teñir, pero no me pidas que me ponga polo y chaleco, por favor.
Nada más decir eso, a Gabriela se le escapa la risa. Lo que ha intentado al describirle ese tipo de chico a Keira es que la última persona que se le viniese a la mente fuese su primo. Por mucho que se lo negara, Adrián siempre ha sido su tipo.
—Oye, a lo mejor de rubio tienes tu puntito —propone con guasa.
Él asiente. Está en un punto en el que, si Gabriela mañana le pidiese que se tiñera el pelo, lo haría. Tras comprobar que la niña se bebe el biberón, vuelve a mirarla.
—¿Qué es lo que decías que te gustaba de Alonso?
Al ver por dónde va, se acerca lentamente hacia él.
—No lo he dicho, pero, si quieres, te lo cuento. Me encanta su sonrisa, pero sobre todo me gusta la forma en que me mira.
Dándose cuenta de que ella cada vez está más cerca, Adrián murmura:
—Ah, ¿sí? ¿Y cómo dices que te mira?
Imitando el movimiento que él ha hecho en más de una ocasión, apoya las manos en los reposabrazos de la butaca. Sus caras están a pocos centímetros y, mirándole directamente a los ojos, como si se encontrase en una película romántica, susurra:
—Como si el mundo se parase y no hubiese nada ni nadie más a nuestro alrededor.
Acaba con la poca distancia que hay entre ellos dándole un corto pero sentido beso en los labios. Él cierra los ojos disfrutando del momento. Pero el silencio de la habitación no tarda en romperse con los gritos que vienen del salón. Gabriela apoya la frente en la de Adrián y, suspirando, murmura:
—Debería ir a evitar que tus primos se maten.
—¿Estás segura? —susurra él, aún con los ojos cerrados.
Gabriela, tras darle otro rápido beso, sale de la habitación. Adrián se queda sentado con Olaya en brazos y saboreando el momento que acaba de vivir.
Cuando minutos después sale de la habitación, se encuentra a los gemelos sentados en el sofá con Gabriela. Parece que buscan una película en la televisión. Llega y se acomoda junto a ellos, con Olaya en el regazo.