Un beso al aire 54
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Desde que tiene esta ¿relación? con Adrián, Gabriela siente que el tiempo pasa más rápido.

No sabe ni cómo, pero en tan solo unos días ya será abril.

Las semanas se le pasan volando, en cuanto quiere darse cuenta, llega el fin de semana y él siempre encuentra alguna excusa o algún plan para verse.

Gabriela intenta hacerse la dura, pero ese papel no le suele durar ni cinco minutos. Ya no.

Es domingo y no han quedado. El día anterior pasaron la tarde juntos. Al llegar la noche, Adrián salió de fiesta con amigos, le dijo a Gabriela que se uniera a ellos, pero ella prefirió dejarlo a su aire. Por lo que hoy, aunque ha tenido la tentación, ni le ha escrito. Supone que tendrá resaca.

Llega al edificio, llama a Keira y esta le abre para que suba al quinto piso. Hoy prometió cuidar de sus primos pequeños y, como Azahara tenía plan familiar, Gabriela decidió ir a echarle una mano.

Llama al ascensor y mira a su alrededor sin poder evitarlo. La última vez que estuvo ahí fue la mañana en que casi la pillan los padres de Adrián en su casa. Aunque entonces se puso muy nerviosa, de camino a casa no pudo contener la risa.

—¡Bienvenida!

Sonríe al ver que Keira la espera con la puerta del piso abierta. Entra y lo primero que hace es saludar a los pequeños Laila y Naim. Ellos sonríen, parece que se acuerdan de ella de Nochevieja.

Tras dejar el abrigo donde no moleste, ve que su amiga se sienta en el sofá y la imita.

—Es la primera vez que cuido niños —le advierte.

—Ni te preocupes —murmura Keira—. Estos se cuidan solos y la pequeña Olaya está durmiendo.

Los gemelos parecen tranquilos. Hay unos dibujos animados en la televisión mientras ellos juegan con muñecos y coches.

—Vaya planazo de fin de semana —bromea Keira.

Gabriela sonríe.

—Era esto o quedarme en casa viendo una película.

—¿Y has elegido esto? —pregunta Keira sorprendida.

—Ha sido pura compasión.

Las dos se ríen. Keira no tarda en contarle lo que hicieron Azahara y ella el día anterior. Parece ser que cenaron juntas y luego salieron a tomar algo con los amigos de Azahara. Keira acabó quedándose a dormir en su casa.

En un momento dado, Naim y Laila se levantan y se acercan.

—Prima Keira —dice el niño—, ¿ella es tu novia?

Las chicas pensaban que estaban teniendo una conversación privada, pero les dejan claro que no. Keira, divertida, se lo aclara:

—No, Naim, no es mi novia. Es mi amiga Gabriela. Mi novia se llama Azahara.

—¿Azahara? —repite el niño.

—Sí, ya os la presentaré otro día.

Ambos asienten con una sonrisa, pero no se quedan ahí. Ahora es Laila quien pregunta.

—¿Y tú? ¿También tienes novia?

Al ver que la niña la señala con el dedo, Gabriela se pone nerviosa. Duda sobre qué contestar.

—No, Laila, Gabriela no tiene novia porque a ella le gustan los chicos —le responde Keira—. Pero es una buena pregunta, cuéntanos Gabriela: ¿tienes novio?

No puede evitar que se le escape una risilla nerviosa al ver cómo su amiga ha redirigido la pregunta para volver a sacarle el tema.

—No, no tengo novio.

—Pero estás tonteando con un chico, ¿no?

Los nervios hacen que se le acelere el corazón. Con todo esto de ayudarla a cuidar a sus primos, pensaba que no habría tiempo para que le preguntara por aquello, pero está claro que se ha equivocado.

—Bueno..., hay un chico —murmura tímidamente, sintiendo la presión de los tres mirándola—. Pero de momento solo nos estamos conociendo.

Los niños miran a su prima. Esperan que sea ella quien continúe hablando.

—Venga, deja de hacerte la misteriosa y al menos dinos cómo se llama —mira a los niños—, ¿no?

—¡Sííí! —exclaman ellos.

Unos nudillos golpeando la puerta hacen que Gabriela gane unos segundos para pensar mientras su amiga va a abrir. Keira se lo toma con calma, seguramente sean su padre o su madre. Antes de abrir, la mira buscando una respuesta.

—A... Alonso, se llama Alonso.

—¡¿Adrián?! —exclama Keira al abrir la puerta.