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—¿Estás loco? —murmura sorprendida ante lo que él le acaba de proponer—. ¿Qué pasa con tus padres?
—No te preocupes, mis padres no están —le asegura—. Se han ido a pasar el fin de semana a casa de unos amigos en Benicàssim. Además, mi piso está más cerca que el tuyo.
Oírle decir eso la tranquiliza un poco. Con Salma y César allí, ni siquiera se plantearía el hecho de ir. No sería una posibilidad.
—¿Estás seguro, Adri?
—Por supuesto —afirma—. Mira, Gabi, si quieres podemos pillar algo de cena de paso.
Aunque lo duda un segundo, acaba aceptando.
Se acercan a un Drive Thru de McDonald's y piden unas hamburguesas para llevar.
Adrián paga y se van directos a su casa.
Aparca y juntos corren hasta su portal. Mientras él abre, Gabriela mira a su alrededor.
Sabe que Keira vive en ese mismo edificio, concretamente un piso por encima de Adrián.
Lo que menos le gustaría es encontrarse con ella. Aún no.
Van escaleras arriba y Adrián abre la puerta y la deja pasar primero.
Saludan a Trasto, que corre hacia ellos con cara de dormido.
Al instante, ella se da cuenta de que la distribución del piso es igual que la del de Keira, pero con un estilo diferente.
Con ayuda de Adrián, se quita el abrigo y él, al estar mojados, coloca ambos en el respaldo de las sillas.
Como si ya conociese la casa, Gabriela va a la cocina y deja la bolsa de la cena en la encimera.
Entonces se fija en la nevera, hay fotos colocadas con imanes.
No duda en acercarse para ver una de Adrián con sus padres de pequeño.
También hay otra en la que está solo con una tortuga de peluche, y otra más en la que lleva patines.
—¿He mejorado?
Gabriela se da media vuelta al oírlo.
—No sé qué decirte... —bromea.
Él se acerca y apoya la mano en el hombro de ella con naturalidad.
—¿Sabes patinar?
—¡Qué va! —Ríe al ver la imagen que ella señala—. Poco después de esa foto, me caí y me rompí el brazo. —Ella pone cara de horror—. Pero ya ves que estoy perfecto —dice moviendo el brazo izquierdo.
Instintivamente, ella le coge la mano y se la acaricia. Adrián agacha ligeramente la cabeza y la mira en silencio. Nota la suavidad con que lo toca. Gabriela alza la mirada, sus ojos se encuentran, ella suelta su mano y, dando un pasito hacia atrás hasta el borde de la encimera, murmura:
—Con el pelo así de mojado tienes un rollito a lo Jacob Elordi en la peli que acabamos de ver...
—Ah, ¿sí?
Al ver que ella sonríe, Adrián se mueve para volver a acercarse. Al hacerlo, apoya las manos en la encimera, a ambos lados del cuerpo de Gabi, tal como hizo la primera vez que se besaron. Eso le permite inclinarse ligeramente hasta ponerse a la altura de sus ojos.
—¿Y te gusta ese rollito que dices?
—Me encanta... —dice ella mordiéndose el labio.
A él se le escapa una pícara sonrisa. Le gusta oír eso. Está deseando besarla. Gabriela alza los brazos, le rodea el cuello y entrelaza los dedos en su pelo. Adrián cierra los ojos un segundo.
—Solo has venido a cenar —susurra abriéndolos.
—Ajá..., solo a cenar.
Pero ya no puede más, las ganas son superiores a ella. Gabriela se acerca y, con una seguridad que da vértigo, lo besa suavemente. Las manos de él recorren su cuerpo sin prisa, mientras que las de ella se enredan cada vez más en su pelo.
—Ceno y me voy —murmura separándose pocos centímetros de él.
—Mmm...
Ahora es él quien la besa y cambia de ritmo. Con un sutil movimiento, se hace entender y Gabriela, apoyándose en la encimera, alza las piernas para rodearle con ellas las caderas. Sujetándola con fuerza, Adrián sale de la cocina y la lleva directamente a su habitación.
—Ya te enseño la casa luego —bromea por el camino.
La deja con cuidado sobre la cama y cierra la puerta para que Trasto no los moleste.
Sin perder tiempo, vuelve con Gabriela y la intensidad entre ellos sube.
Lentamente, se deshacen de la ropa y todo se reduce al calor de sus cuerpos.
Las manos de ella acarician el cuerpo de él.
Los labios de Adrián recorren el abdomen de ella hasta llegar a la cinturilla de los pantalones.
Regresa a sus labios y la besa como si quisiera recordar para siempre cada rincón de Gabriela. Disfrutando de lo que está pasando entre ellos, ella lo atrae aún más.
Acalorado, Adrián busca un preservativo en el cajón de la mesilla y se lo pone para luego hacer que sus cuerpos encajen.
La poca distancia que había entre ellos desaparece; Gabriela siente una mezcla de deseo y miedo.
Desea con todas sus fuerzas lo que está pasando, pero al mismo tiempo le da miedo lo que significa para ella haber querido repetir.
Adrián nota cómo le clava levemente las uñas en la espalda. El momento se vuelve más intenso, y se entregan el uno al otro sin reservas.
Cuando todo llega a su fin, Gabriela se tumba junto a él. Adrián la abraza y, tras unos minutos, se queda dormido.
Ella no. Mira el techo sin poder dormir. Algo ha cambiado. Quiera admitirlo o no, lo que tiene con Adrián ha pasado de ser solo algo físico a una... ¿conexión real?