Hoy me encuentro bien. Es un buen día.
El viernes no me encontraba bien. Fue uno de esos días. Un día de mierda, vamos.
Pero dejó de ser tan malo cuando Adrián apareció en casa. Recuerdo que al abrir la puerta me quedé en shock. Seguro que mi cara fue un poema. Ni en sueños habría pensado que podía ser él.
No solo apareció acompañado de su perro Trasto, sino que trajo:
Palomitas
Helado de pistacho
Galletas de chocolate con leche
3 películas
Los DVD eran: Tres metros sobre el cielo, Del revés y Piratas del Caribe 1.
¿Quién hace algo así?
Nunca hubiera imagino que Adrián fuese así de detallista. Qué mono.
No sé si hice bien o mal, pero lo invité a quedarse a dormir conmigo. Por más que lo pienso, no acabo de entender en qué estaba pensando. Las palabras salieron de mi boca casi sin darme cuenta. Fue como un impulso.
Obviamente, él aceptó y se quedaron en casa. Cuando me dijo que eligiese una peli para ver juntos, me decanté por una de sus favoritas. Era una forma de agradecérselo y de que viera que yo también trato de adentrarme en su mundo.
¿Qué estoy diciendo?
Quise saber por qué le había preguntado a Azahara por mí. Su respuesta me dejó de piedra: «Porque me importas». No supe cómo sentirme al respecto, y si soy sincera sigo sin saberlo.
Adrián apareció en casa en uno de mis días malos, cuando más vulnerable me siento.
¿Por qué le dije que se quedara? No lo sé.
No me encontraba bien. No pude pensar con claridad.
No pude usar la lógica. Ya no es solo que hayamos pasado la barrera de acostarnos (al fin y al cabo, somos adultos), sino que creo que hemos derribado la barrera de la intimidad conjunta sin sexo de por medio.
¿En qué estaba pensando?
Y, sobre todo, ¿con qué estaba pensando?, ¿con la mente o con el corazón?