Un beso al aire 41
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Baja las escaleras para, como es costumbre, encontrarse con Ariadna en el sofá. Esta la mira de arriba abajo.

—¡¿Dónde vas tan guapaaa?! —No tarda en piropearla.

—Solo son unos vaqueros y una blusa —responde Gabriela quitándole importancia—. Voy a cenar con un amigo.

—¿Entre semana y teniendo que madrugar mañana? ¡Guau!

Mientras su hermana se echa a reír, Gabriela se limita a sonreír. Aunque el día anterior escribió a las tías de Keira para agradecerles la oportunidad laboral para su hermana, a ella aún no ha podido contárselo.

—Oye, Ari —dice guardando un bálsamo labial en el bolso—, ¿recuerdas que me comentaste que ibas a buscar trabajo?

—Ajá.

—Pues resulta que la familia de mi amiga Keira tiene una cafetería y han accedido a contratarte como camarera —le explica con calma cruzando por delante de la televisión—.

Me han dicho que será algo de media jornada, lo que no te sé decir es si de mañanas o de tardes.

¿Te parece que te pase los contactos y así hablas con ellas y os ponéis de acuerdo?

—No —responde Ariadna, y vuelve a mirar la televisión—. Dije que lo buscaría yo cuando sienta que estoy preparada para rehacer mi vida.

—¿Y qué mejor para volver un poco a la normalidad que algo como esto? —le sugiere cerrando el bolso—. Así te vas creando una nueva rutina, unas obligaciones, unas...

—Esto es de coña...

Gabriela se para en seco.

—¿A qué ha venido eso?

—Te dije que ya lo buscaría yo cuando me vea capaz —se queja poniéndose de pie—. Además, ¿qué sabrás tú de lo que me viene bien a mí o no?

—Solo sé que estar aquí sin hacer nada no te está beneficiando. Si tus días se reducen a esperar y dejar que pase el tiempo, el sofá te acabará comiendo. Necesitas poner algo de tu parte.

Ariadna camina molesta a la cocina para sacar una lata de refresco de la nevera.

—Gabriela, no estás respetando mis tiempos —dice de manera egoísta.

—Los respeto, pero también te conozco y sé que necesitas ser más proactiva, tener más iniciativa para que empiece a haber verdaderos cambios en tu vida.

—¡Que tú siempre vayas un paso por delante no quiere decir que los demás también tengamos que hacerlo! —exclama.

Oírla decir eso le hace recordar la conversación que tuvo el día anterior con Azahara.

Es consciente de que siempre intenta adelantarse a los acontecimientos, pero es únicamente para evitar problemas e imprevistos.

Además, la conoce mejor que nadie y sabe que lo de tener fuerza de voluntad nunca ha sido lo suyo.

—Vaya, Ari, siento no haber respetado tus tiempos por intentar ayudarte a buscar trabajo; tranquila, que les diré que no puedes —farfulla agitando las manos—. ¡Parece que contigo nunca hago nada bien!

Va al armario de la entrada y saca su abrigo. Irse a cenar ahora con Adrián no es lo que más le apetece en el mundo, y después de esto aún menos.

Al ver el gesto serio de su hermana, Ariadna se da cuenta de que no ha reaccionado de la mejor manera, por lo que se acerca a ella.

—No te pedí que me ayudaras —no duda en recalcarle—, pero, vale, hermanita, te lo agradezco.

Gabriela la mira, es una disculpa, aunque podría haberse expresado mejor. Ahora mismo no tiene ganas de seguir con la conversación.

—Mañana, cuando venga de trabajar, lo hablamos y, si te parece bien, te paso el contacto de Luisa y Salma.

—¿Y si no estoy preparada?

—Es tan simple como que pruebes, y si ves que no, lo dejes —le sugiere—. Pero ten por seguro que tendrás que poner de tu parte.

—Vale, lo pensaré.

Dicho esto, las hermanas zanjan el tema. Al menos hasta el día siguiente.

—Me voy, cualquier cosa ya sabes.

—¡Disfruta de tu cena!

Gabriela asiente y, cogiendo aire profundamente, sale de casa.