Un beso al aire 34
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Adrián sacude la cabeza con energía, necesita centrarse en esa llamada de teléfono.

Ha empezado la semana y se pasa el día de obra en obra.

Como encargado júnior en la empresa familiar, quiere hacer las cosas bien.

No quiere que su padre y sus tíos se arrepientan de la oportunidad que le dieron dejándole entrar hace tres años. Quiere estar a la altura.

—Por supuesto. En cuanto tengamos el material, yo me encargo personalmente de llamarle e informarle de todo... Hasta luego, y gracias por su tiempo.

Se monta en el coche al mismo tiempo que se despide del cliente con el que lleva media hora hablando para convencerlo de que, aunque parte del material se haya retrasado unos días, llegarán a la fecha de entrega acordada.

Coloca el móvil en el soporte del coche y lo conecta para poner música en Spotify. Utiliza el botón aleatorio y empieza a sonar Toda la Noche , de Álvaro de Luna. Se pone el cinturón canturreando hasta que llega a eso de «tú estabas dormida». Le hace pensar en alguien.

Aunque le cuesta reconocerlo, no se ha podido sacar a Gabriela de la cabeza. Tampoco ha podido hablarlo con nadie, le prometió que no lo haría. Incluso que olvidaría lo ocurrido entre ellos. Solo han pasado cuatro días, pero ha recordado la noche del viernes más veces de las que es capaz de contar.

«¿Por qué? Ni que fuera la primera chica con la que me acuesto».

Recuerda despertarse en casa de ella alrededor de las cinco de la mañana.

Salió de la cama para ir al baño. Al volver se quedó mirándola.

Gabriela dormía de lado, girada hacia él.

Tenía el pelo alborotado, el flequillo descolocado y la boca ligeramente abierta.

Verla así le provocó cierta ternura. De hecho, pensó en volver a meterse en la cama, pero, recordando lo que ella le había dicho antes de que pasara nada entre ellos, decidió no hacerlo.

Tras moverse de puntillas por la habitación y recoger su ropa, bajó las escaleras sigilosamente. Ya en el salón, terminó de vestirse y, tras echar un último vistazo al piso, se fue, evitando así el momento incómodo de despertarse a su lado por la mañana.

Decidió volver a casa caminando. Hacía frío, pero le vendría bien para despejarse un poco. Hizo todo lo posible por que al cerrar la puerta del piso desapareciese todo lo sucedido entre ellos de su mente, y no volver a pensar en ello. Pero ha sido imposible.

Como ha hecho ya varias veces en estos cuatro días, Adrián abre la aplicación de Instagram y busca el perfil de Gabriela. Lo tiene privado, solo puede ver su foto de perfil y leer la biografía. Pero esta vez hace algo que las otras veces no se ha atrevido a hacer.