Para un fin de semana que salgo de fiesta con Keira.
Para un fin de semana que salgo de fiesta con Keira, Azahara y sus amigos, y tenemos que coincidir allí con Adrián. ¡Mira que hay sitios! Pasé de él y me lo pasé muy bien.
Como siempre sucede, llegó un momento en que necesité parar y sentarme un rato a descansar.
Vamos, lo típico en mí para cualquiera que de verdad me conozca.
No como él, que tuvo que venir junto un amiguito suyo a vacilarme y, minutos más tarde, ponerse en plan gallito protector con un chico que intentaba invitarme a una copa.
¿Tú te crees? Le dejé bien claro que no necesito que nadie hable por mí. Es algo que me da muchísima rabia. Hay gente con más o menos personalidad, pero si no te piden ayuda o no te hacen un gesto cómplice, ¿qué necesidad tienes de meterte?
Qué pereza de tío.
Pero lo fuerte no es eso...
Al final Ariadna ha vuelto y de verdad. El lunes me la encontré delante de casa. Cogió y se presentó aquí.
Como ante todo soy educada, la invité a subir. Estuvimos hablando y me contó que ha venido a verme porque quiere dar un giro a su vida y necesita mi ayuda. Según me contó, ha dejado la mala vida a un lado y quiere reconducirlo todo para centrarse.
Ya era hora.
Me sorprendió que me dijera que nuestros padres no querían ayudarla. Ariadna siempre ha sido el ojito derecho de los dos. Qué raro.
Hay una parte de mí que quiere creerla, pero otra me dice que no. Ya me la jugó hace un par de años cuando vino a pedirme dinero y volvió a desaparecer. Pero en esta ocasión parece... ¿diferente?
Total..., que he dejado que se quede en mi casa. O como ella se empeña en decir, «el piso del tío». Me molesta muchísimo que diga eso y no termine de aceptar que me lo dejase a mí en herencia.
No sé, esto de Ariadna me tiene un poco hecha un lío. También puede ser que hoy esté un poco más cansada... Creo que me voy a poner la capucha de la sudadera y a ver cualquier cosa en Netflix.
He escrito a Keira y Azahara. Me vendrá bien desahogarme.