Un beso al aire 25
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Como era de esperar, Keira creó el grupo y no tardó en ponerse a organizar algo. Tanto Gabriela como Adrián están en el grupo un poco en contra de su voluntad, pero no quieren hacerle el feo a la chica.

La creadora del grupo lo consigue y las chicas deciden quedar ese viernes para salir de fiesta. Adrián se desmarca diciendo que ya tiene planes con sus amigos, lo cual es verdad.

Keira y Gabriela llegan juntas al lugar en el que han quedado. Al entrar ven que está abarrotado. A Gabriela, estar rodeada de tanta gente no es precisamente algo que le guste demasiado, pero toma aire y sigue caminando. Solo quiere pasárselo bien.

Van pasando entre la gente hasta encontrarse con Azahara y unos amigos suyos, que han decidido unirse. Mientras Keira se presenta, Gabriela los saluda con familiaridad. Ya los conoce.

El grupo de amigos pide unas copas y disfrutan de la noche bailando y cantando las canciones que suenan. Cada cierto tiempo, Azahara y Keira, como ambas son fumadoras, salen preparadas con sus paquetes de tabaco a la calle. Gabriela decide quedarse disfrutando con los amigos de Azahara.

Se lo pasa bien bailando con Javián. Es un chico grande, el típico de gimnasio.

Pero todo lo que tiene de grandote, lo tiene de gay, algo que encanta a Gabriela.

Con él no hay problema. Siempre que salen acaban bailando juntos, se entienden muy bien, sus cuerpos se mueven al compás.

En uno de los giros mientras baila, ella ve a pocos metros a un grupo de chicos charlando.

Pasa unos segundos observándolos al ritmo de Swing , de Danny Ocean. .. hasta que da con él. Con Adrián.

Él también la mira, la ha visto llegar hace un par de horas junto a su prima. Pero para cuando le sonríe, ella ya ha dejado de mirarlo, se ha dado media vuelta y sigue bailando con el cruasán de gimnasio con el que ya lleva un buen rato. La ve sacudir el pelo con gracia, tal y como dice la canción.

A los pocos minutos, vuelven las chicas. Keira agarra a Gabriela por la cintura para bailar con ella.

—¿Has visto quién está ahí?

La rubia mira hacia donde Gabriela señala y, para su sorpresa, ve a su primo.

—¡Qué fuerte!

—¿Le has dicho que veníamos aquí? —le pregunta su amiga, confusa.

—Qué va —niega sin dejar de moverse—. ¡Será cosa del destino!

Keira se echa a reír y tira de Azahara para que también baile con ellas. Gabriela sonríe, tiene su gracia. La vida y sus casualidades.

Tras varias canciones, Gabriela necesita tomarse un descanso.

Se acerca a la barra para pedir un vaso de agua y consigue sentarse en un taburete libre.

La camarera le pone lo que ha pedido y ella se lo agradece.

Está sedienta. Coge el vaso y da un buen trago mientras un par de chicos se apoyan en la barra junto a ella.

Los oye pedir unas copas y, para su desgracia, reconoce una de las voces.

Gira el taburete con sutileza para darles la espalda. Pero no funciona.

—¿Qué, princesita, ya estás cansada?

Ella aprieta los labios maldiciendo. Gira de nuevo el taburete y se encuentra con Adrián, que la mira con una radiante sonrisa. El amigo también la observa.

—Sí, sobre todo de oír tonterías.

Los dos chicos se ríen.

—¡Uy, qué carácter! —exclama Adrián, creciéndose con la risa de su colega.

—Y vosotros ¿qué tal? ¿Os funciona la táctica de estar allí quietos como cocodrilos buscando a vuestra futura presa?

La camarera les lleva a los chicos las copas que han pedido hace un momento.

—Te veo muy pendiente de nosotros para ser alguien que solo está aquí descansando, ¿no?

A Gabriela le hierve la sangre. Pero la vibración del móvil hace que pase de responderle. Con un poco de suerte, mientras mira el teléfono, esos dos cogen sus copas y se van por donde han venido.

Ariadna ¿Y te sigue sobrando una habitación?

Lee el mensaje un par de veces. Sabía que su hermana no la escribiría solo para saber qué tal está, como sugería Azahara. Tenía que haber una intención detrás. Se debate sobre qué responderle. Si le dice que sí, es probable que se meta en su piso. Pero si le dice que no, ¿dónde acabará?

—Hola, ¿qué tal?

Una voz hace que deje de mirar el móvil. Al alzar la vista, hay un chico pelirrojo que no conoce de nada junto a ella. Lo mira, pero tiene la mente en otro lado, en otra cosa completamente diferente.

—Te he visto antes bailando, parece que te lo estabas pasando genial.

—Sí.

—Soy Julio, ¿y tú?

—Gabriela. —Medio sonríe.

El pelirrojo se acerca y le planta dos besos sin que ella se lo espere. Al otro lado, Adrián observa toda la escena. Su colega lo ha dejado solo.

—Veo que no tienes bebida —señala Julio—. Te invito a algo, ¿qué quieres?

—No, gracias, estoy bien.

—Cómo vas a estar aquí de fiesta sin una bebida, anda ya —insiste.

En la mente de Gabriela solo da vueltas el tema de su hermana. Mira al chico que tiene a su lado, es mono, pero no quiere nada con él. Quiere estar sola. Aunque tampoco quiere ser borde, por lo que responde con una sonrisa.

—Julio, estoy bien con mi vaso de agua.

A la cuarta vez que le oye insistir, Adrián no puede más y salta.

—¿Qué pasa, no la has oído o qué?

Sorprendida, se da la vuelta: Adrián está detrás de ella. Daba por hecho que ya se habría ido.

—No, Adrián —Gabriela lo mira con dureza—, lo que no he oído es que te haya pedido que hables por mí.

El tercero en discordia se aleja, no quiere líos. Adrián la mira sorprendido mientras ella le deja claro su malestar.

—Solo intentaba ayudarte.

Gabriela se levanta y guarda el móvil en el bolso.

—¿Tengo pinta de ser una princesita en apuros? —farfulla, mirándolo directamente a los ojos—. No, ¿verdad?

Adrián traga saliva. No esperaba esa reacción.

—Gabi, relájate...

—Te he dicho que me llamo Gabriela —recalca señalándole con el dedo—. Y que te quede claro que sé defenderme yo solita. Por lo que, si necesito ayuda, ya la pediré. Pero la pediré yo.

Dicho esto, coge su vaso de agua y se aleja, dejando a Adrián con la palabra en la boca.