21
Es lunes y a Gabriela le ha tocado volver a la rutina. Hoy tiene turno de tarde en la clínica. Lo positivo: no es un día de los más ajetreados.
La morena ve que Azahara sale de su zona de trabajo y se acerca a ella. Sonríe.
—¿Cómo está mi recepcionista favorita?
—Bastante tranquila, cosa que agradezco. —La peluquera acerca un pequeño taburete y se sienta junto a ella—. Tú ya has terminado por hoy, ¿no?
—Se supone que sí, pero tú lo sabes mejor que yo —bromea.
Gabriela abre la carpeta con el horario de esa semana en la pantalla del ordenador y ambas le echan un vistazo. Hoy lunes, a las ocho menos cuarto de la tarde, Azahara no tiene más perros a los que acicalar.
Las chicas aprovechan el poco ajetreo que hay para hablar con tranquilidad. Antes, cuando Azahara ha comenzado el turno, no les ha dado tiempo casi ni a saludarse. Gabriela le cuenta cómo han ido sus Navidades. Menos Nochevieja, todo lo demás ha sido de lo más tranquilo.
Azahara, en cambio, no ha parado, ella y su familia se han pasado todo el día de arriba abajo en Edimburgo.
Visitaron muchos castillos y ruinas, les llovió tanto que su padre se puso malo al volver, por su madre estuvieron en lugares destacados de la serie Outlander .
.. Incluso pudo acariciar a una de las famosas vacas peludas de la zona.
—Déjame adivinar —dice Gabriela—: tu experiencia favorita de todo el viaje ha sido tocar a la vaca.
—Cómo me conoces. —Sonríe—. Se ha convertido en mi animal favorito y, si hubieras venido como te propuse, también sería el tuyo.
La recepcionista hace una mueca. Sabe que su amiga la invitaba de verdad, como los años anteriores, pero ella nunca acababa de estar segura de querer unirse a su plan familiar.
—Aunque ver la cara de mi hermana cada vez que mi padre se quejaba del frío también ha sido un punto fuerte del viaje.
Gabriela atiende a una pareja que sale de consulta con un pequeño gatito gris metido en un trasportín mientras su amiga saca el móvil. Una vez que termina con ellos, disfruta viendo las fotos que Azahara le enseña, hasta que el sonido de la puerta al abrirse provoca que ambas miren hacia allá.
—¿Qué...? —susurra Gabriela.
Keira entra en la clínica seguida por su primo Adrián. Él mira con curiosidad a su alrededor.
—¡Hola, Gabriela! —la saluda la rubia con una gran sonrisa.
Colándose en la zona de recepción, le da un abrazo. Las chicas se separan y Keira vuelve junto a su primo.
—Hola..., chicos —los saluda, aún sorprendida.
—Con que aquí es donde trabajas... —murmura Adrián.
—Sí, ¿pasa algo? —Lo mira. No se fía de él, algo que le hace estar pendiente por si tiene que defenderse de algún mal comentario.
—No —dice—, solo que, conociéndote..., no te pega demasiado.
—Si de verdad me conocieses, sabrías que me encantan los animales —farfulla Gabriela—. De hecho, es mucho más fácil lidiar con ellos que con ciertas personas.
Azahara y Keira se miran sorprendidas. ¿Qué les pasa a esos dos?
—¿Qué, Gabriela?, ¿no nos vas a presentar?