Un beso al aire 17
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Como es tradición, la familia entera come el primer día del año juntos.

Por muy poco que hayas dormido, que estés de resaca, que no te apetezca.

.., ahí tienes que estar para degustar las sobras de la noche anterior.

Todos lo saben, incluidos los tres primos que salieron anoche y hoy no pueden con sus almas.

Luisa y Youssef ya hace rato que se bajaron con los niños a casa. Los gemelos han dormido tan poco que estaban realmente insoportables.

Carlos, el padre de Keira y Miguel, y Salma, la madre de Adrián, limpian los manteles en el salón para echarlos a lavar.

Tras llevar un par de platos sucios a la cocina, Miguel y Keira se van a la habitación de él.

Necesitan dormir un rato. Adrián, por su parte, ayuda con rapidez a su padre a tirar los restos de la fiesta de anoche a la basura para poder irse a casa a echarse la siesta cuanto antes.

—Pues esto ya está —murmura apretando la basura hacia el fondo de la bolsa.

Zulema lo mira mientras reparte la comida que ha sobrado en tuppers para todos.

—Ya que estamos, sacamos las bolsas y ahora las bajas —comenta César.

—¿Por qué yo?

César, que hace un nudo a la bolsa, mira a su hijo como solo un padre puede hacerlo.

—Porque lo digo yo, que soy tu padre, ¿te parece poco?

Para sorpresa de todos, Adrián se queda callado. Ya tiene que estar cansado. Padre e hijo colocan las tres bolsas de basura junto a la puerta para no olvidárselas cuando bajen a su piso.

Adrián vuelve a la cocina y ve que su tía cierra los tuppers con los que estaba liada. Esta, al verlo, abre los ojos. Parece que se le acaba de ocurrir algo.

—Mira, Adrián, ya que bajas, me vas a hacer un favorcito.

—A ver, tía, sorpréndeme.

—Según me comentó mi hija, su amiga Gabriela, la chica que estuvo aquí anoche —el chico asiente sabiendo a quién se refiere.

Como para no acordarse de la borde de la noche anterior—, vive a menos de diez minutos de aquí, así que para asegurarnos de que la muchacha come hoy, te vas a acercar en un momentito y así le llevas estos tuppers que acabo de preparar.

—A Adrián no le sale otra cosa que reírse.

Piensa que su tía está de broma... ¿no? Al ver que no dice nada, Zulema llama su atención—. Adrián, ¿me has escuchado?

—Claro que te he escuchado, tía, y mi respuesta es no.

—Que no ¿qué? —pregunta en ese momento Salma entrando en la cocina.

—Que una cosa es bajar la basura y otra muy distinta es que tenga que coger la moto —se queja.

—Pero bueno...

—Que no, tía. Que no.

Zulema, molesta por la negativa, pone al día a su hermana de lo que estaba hablando con su hijo.

—Pues me parece muy buena idea —asiente Salma—. Y si el tema es que no quieres coger la moto, puedes ir dando un paseo, a ver si así te despejas un poquito.

Adrián las mira incrédulo.

—Estáis de coña, ¿no? —Ellas niegan con la cabeza—. Si el problema es que la chica esa no tenga comida en la nevera, que baje a hacer la compra, o incluso que la haga por internet.

—Ay, no seas desagradable —murmura su tía.

—Adrián, no te cuesta nada.

—Claro que me cuesta, mamá —farfulla él cruzándose de brazos—. ¿Acaso soy el único aquí con el carné de conducir?

—Mira, como bien hubiera dicho tu abuela —sigue Zulema—: si eres mayorcito para salir anoche de fiesta, también eres mayorcito para hacer lo que tus mayores digan.

—Es lo mínimo después de la que liaste anoche con el vino y su vestido. Hijo, por favor.

Al escuchar la conversación desde el salón, Youssef y Carlos entran en la cocina para ver qué es lo que está pasando, cuando Adrián, molesto, insiste:

—Pero ¿no veis que es año nuevo, que anoche estuve de fiesta y que estoy cansado y lo único que quiero es dormir?

—Todo eso podrás hacerlo una vez hayas cumplido con tu cometido —afirma su padre.

Adrián los mira a todos sin entender nada. ¿Es que no pueden ponerse en su lugar?

—Joder, me tenéis harto —farfulla, ganándose un manotazo de su madre en el brazo—. ¡¿Es que no veis que estoy de resaca?!

—Peores cosas habrás hecho tú de resaca —bromea su tío Carlos.

—Él y todos —añade su padre provocando la risa de los demás.

Pero a Adrián no le hace ni pizca de gracia que todos a su alrededor se rían, y menos aún que se estén riendo de él.

—Si tanta gracia os hace —replica de mala gana—, ¿por qué no vais vosotros y así os dais un paseíto? O mejor, ¿por qué no vais los cuatro en plan parejitas?

Los adultos se miran entre sí aún riendo. Tras unos segundos de silencio, Youssef es el que habla.

—Porque para eso os tenemos a vosotros, que sois nuestros hijos.

Nada más oír eso, Adrián se gira hacia sus tíos.

—Hablando de hijos, vosotros tenéis dos maravillosos —dice tratando de convencerlos—. Y no solo eso, sino que Keira es amiga de la protagonista del momento. ¿Por qué no van ellos?

—Porque están durmiendo la siesta.

Adrián suelta una gran risotada negando con la cabeza.

—¡Hombre, pero por eso no os preocupéis! Ya voy yo a despertarlos, no tardo nada.

Pero cuando intenta salir de la cocina, se da de bruces con su padre. Ambos se miran y Adrián sabe que no va a ser la solución.

—Con la cantidad de tiempo que estás perdiendo, ya podías estar llegando a casa de Gabriela —comenta su tío Carlos.

Adrián suelta aire exageradamente. ¿Tan complicado es entenderle?