Un beso al aire 16
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Sobre la una y cuarto de la mañana, Adrián, que lleva un rato con el móvil, levanta la vista y va en busca de su primo Miguel.

Gabriela, sentada en uno de los sofás con el perro dormido a su lado, se fija en ellos.

Adrián le dice algo a su primo y este asiente con una gran sonrisa.

Entonces, Miguel va en busca de su hermana, que baila junto a su padre, Zulema y la tía Luisa.

Hace un rato que Youssef y Luisa por fin han conseguido dormir al bebé.

Keira asiente con ganas ante lo que sea que le está diciendo su hermano. Adrián, viendo la reacción de su prima, decide acercarse a la morena. No ha vuelto a hablar con ella desde el accidente con el vino.

—Oye, Gabriela, nos vamos de fiesta con unos colegas, ¿te apuntas?

La chica lo mira y sin pensárselo responde:

—No.

—Venga ya. ¿Cómo no te vas a apuntar?

—Fácil, porque estoy cansada.

—No... Cómo vas a estar ya cansada ¡si la noche no ha hecho más que empezar! —exclama él sorprendido—. Venga, Gabi, si solo has pegado cuatro saltos con mis primos... Al menos invéntate una excusa mejor.

Ella mira al chico, que sonríe de pie delante de ella. ¿De qué va?

—Me llamo Gabriela, no Gabi.

Keira, que no se da cuenta de nada, habla con sus padres para explicarles que se van. Ante la respuesta de la chica, Adrián se agacha para estar a su altura, extiende el brazo con guasa hacia ella para estrecharle la mano y con una radiante sonrisa le dice:

—Encantado. Yo soy Adrián, aunque puedes llamarme Adri.

—Prefiero Adrián —dice negándose a darle la mano.

El chico vuelve a echarse hacia atrás riéndose. «Menuda borde», piensa. Gabriela no sonríe. A ella este tipo de chicos que van de sobrados y con actitud de chulitos no le hacen ni pizca de gracia.

—De acuerdo, su majestad —bromea Adrián y se pone de pie. Ambos se miran en silencio esperando que el otro diga algo.

—No me apetece empezar el año con resaca y teniendo que esconderme detrás de unas gafas de sol —dice ella, ahora sí, con una sonrisa—. ¿Te vale o busco una excusa mejor?

Al ver que su tío Youssef va a pasar junto a ellos, él bromea buscando su complicidad.

—¿Quién no ha tenido una mala resaca alguna vez?

Youssef se limita a mirarlos un instante y a sonreír. La chica se cruza de brazos y responde:

—Yo.

—Así te va —se burla Adrián, ganándose una dura mirada de Gabriela.

Keira y Miguel, sin saber qué tipo de conversación están teniendo su primo y Gabriela, se acercan a ellos.

—¿Te ha dicho el plan? —pregunta Keira, sentándose junto a ella en el sofá.

—Sí, pero yo mejor me voy a casa.

La rubia mira a los chicos sorprendida. Busca respuestas en los ojos de Adrián, pero él simplemente mueve la cabeza y se va, seguido de Miguel.

—Tía, ¿cómo no te vas a venir?

—Porque no me apetece.

—Pero si vamos a una buena fiesta —continúa Keira intentándolo—, te lo prometo.

—No lo dudo, Keira, pero no.

La rubia no la entiende, en su casa parece estar pasándoselo bien.

—Gabi, ¿estás segura?

—Que sííí.

—¿Te encuentras bien?

Escuchar eso la hace sonreír. Y, tras buscar en su mente la forma más sincera de contestar, dentro de sus opciones, responde:

—Sí, sí, tranquila. Muchas gracias por invitarme esta noche, me ha encantado pasarla contigo y tu familia. Pero ya estoy cansada y me duele un poco la cabeza.

—Vale, no te preocupes —asiente Keira sin parar de pensar—. Pero como vamos en coche y conduzco yo, que soy la que no ha bebido, te llevamos a casa.

Gabriela no le dice que no. A esas horas y con el frío que hace le vendrá bien. Le gusta pasear, pero no cuando se arriesga a pillar una pulmonía.

Ambas se ponen en pie y mientras Gabriela se despide de la familia de Keira, esta va a buscar los abrigos.

—Bueno, ¿qué? ¿Tu amiguita la simpática se viene o no? —farfulla Adrián, interceptándola en el pasillo.

—Dice que le duele la cabeza.

—Excusa barata —se burla él.

—Tío, que no se encuentra bien —insiste Keira.

—Pobrecilla... —murmura Miguel, mirando a Gabriela, que se despide de sus tíos.

Adrián, por su parte, no dice nada. Si no quiere venir, que no venga. Simplemente cambia de tema, pasa de seguir hablando de ella.

—Perfecto, ya he avisado a mis colegas de que vamos.

—Genial, dejamos a Gabriela en su casa y vamos para allá.

Nada más decir esto, Keira siente la mirada de los dos chicos sobre ella, sobre todo la del mayor.

—¿Estás de coña?

—No.

—¿No puede pedir un coche como todo el mundo? —gruñe Adrián.

—Tío, no seas imbécil —interviene Miguel—. No nos cuesta nada.

—Os recuerdo que vamos en mi coche —responde mirando a sus primos.

—Te recuerdo yo a ti que el coche no es tuyo, sino de tus padres —señala Keira—. Y que la que conduce esta noche soy yo, así que a callar; o al final vas a ser tú el que tenga que pedir un coche.

Molesto, pero sin ganas de seguir con la conversación, Adrián asiente y se va al salón. Quiere beber algo antes de irse.

—No le hagas ni caso, hermanita. —Miguel intenta destensar el ambiente.

—Ah, no, tranquilo —dice ella con buen humor—. Ya sé cómo es, en cinco minutos se le ha pasado.

Llega a su habitación para, ahora sí, coger los abrigos y mirarse en el espejo antes de irse de fiesta con los chicos.

Salen de casa, abandonan el bloque de pisos y van directos al coche de los padres de Adrián. Hace mucho frío. Keira conduce con Adrián de copiloto.

—Te das cuenta de lo egoísta que eres, ¿no? —se queja Keira arrancando el coche.

—De toda la vida el que va de copiloto se encarga de la música.

En cuanto han entrado en el vehículo, Adrián ha cogido el cable para enganchar su móvil y poner su Spotify.

—Tío, tienes más morro que espalda —farfulla Keira molesta—. Si vas de copi, tú eliges. Pero si conduces, también.

—Como te he dicho antes, primita, el coche es mío.

Miguel y Gabriela, sentados en la parte trasera, observan la discusión. Es como ver a dos niños pequeños pelearse por el mismo juguete. Gabriela mira al chico rubio que tiene al lado y él le hace un gesto como dando a entender que no se preocupe.

—El día que tengas novia ¿vas a ser igual? —bromea Miguel dándole un golpecito a su primo en el hombro.

—¡Pobre de ella! —exclama dramáticamente su hermana.

Los pocos minutos que dura el trayecto hasta casa de Gabriela los pasan cantando las canciones que suenan, como Me has invitado a bailar , de Dani Fernández, que es la última que escucha la morena al bajar del coche.

Se despide de los primos y camina hacia su edificio. Su amiga le ha dejado claro que no se moverán de ahí hasta que se aseguren de que entra en el portal sana y salva.

—¿Se puede saber qué le pasa a tu nueva novia? —murmura Adrián mirando a la chica a través de la ventanilla.

—No es mi novia, imbécil.

Esa información lo sorprende tanto que se gira para mirar a su prima.

—¿Ah, no?

—No, tío. Solo son amigas del instituto —comenta Miguel.

Adrián sonríe y vuelve a mirar a la chica tan antipática, y tan mona, que se aleja. Keira, que no es tonta y conoce a su primo a la perfección, le advierte:

—Pero tú a Gabriela ni acercarte, ¿me has entendido?

El chico hace oídos sordos a lo que le acaba de decir. Gabriela no es su tipo, pero para hacer rabiar a su prima, sin perder tiempo baja la ventanilla del coche.

—¡EH, GABIII!

Ella se gira y Adrián aprovecha el momento para sacar el brazo y lanzarle un beso.