Un beso al aire 8
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Al abrir, aparece un chico joven, de pelo moreno y alto. Parece que los mira, aunque Gabriela no lo tiene claro. Sus ojos se esconden tras unas gafas de sol.

—Buenas, que aproveche —murmura en tono bajo.

Ve cómo el padre de su amiga y el recién llegado se saludan con familiaridad. Zulema no tarda en levantarse para ir a saludarlo.

—Hola, cariño, ¿y esa cara?

—Mamá, ¿no está claro? —interviene Keira con guasa—. Este salió anoche y hoy está de resacón.

Gabriela observa la escena sin decir nada. No conoce al chico, que tiene pinta de llevar unas buenas ojeras tras las gafas.

—¿Desde cuándo es malo salir un viernes? —le replica él apoyado en la puerta—. Ni que tú no lo hicieras.

—Yo no he dicho que lo sea, a mí no te me pongas chulito.

Él deja de mirar a Keira y mira a sus padres. Apoya la mano en el hombro de la madre y comenta:

—He visto por el grupo que habíais hecho cocido.

—¡Ya me preguntaba yo quién sería el primero en subir a por un tupper! —bromea la mujer metiéndose en la cocina.

—¿Te apetece sentarte a comer con nosotros?

Echa un rápido vistazo a la mesa. Hay una chica morena que no le suena de nada. Tal y como se encuentra, ahora mismo no le apetece tener que socializar con nadie, y menos aún si no la conoce.

—Mejor otro día.

Zulema reaparece en escena con dos tuppers de cocido y se los da.

—Toma, uno es para ti, que, tal y como estás, te va a sentar de maravilla —le explica—. El otro dejas que se enfríe un poco y lo metes en la nevera para que se lo coman tus padres.

—Oído cocina. —El chico sonríe.

Los padres de Keira se despiden con cariño y él, antes de desaparecer tras la puerta, mira a las chicas.

—Que aproveche, familia.

—Gracias —responden ambas al unísono.

Zulema cierra la puerta y todos vuelven a la mesa.

La mujer aún tiene mal cuerpo por la conversación que estaban teniendo antes de que los interrumpieran y no quiere volver a ella.

No es el momento. Por lo que, antes de seguir comiendo, intercambia una mirada con su marido y él, llamando la atención de su hija, dice:

—Señorita —Keira lo mira—, te recuerdo que aún no has hecho la lista de Papá Noel y los Reyes, a mí no me vengas luego con prisas y quejas si no hay nada para ti bajo el árbol.

—¿Miguel ya la ha hecho? —Ve como su padre asiente—. Joder... —Gabriela se ríe con el gesto de Keira—. Bueno, tranquilo, tengo tiempo de sobra.

—Ya me conozco yo eso de «tengo tiempo», ya...

Padre e hija hablan del tema mientras Zulema y la invitada siguen comiendo en silencio. Gabriela parece atenta a la conversación, pero la mujer no. No hace más que preguntarse algo y, aun no teniendo claro si es el mejor momento, como buena madre, no lo puede evitar.

—A todo esto, Gabriela, ¿tú cómo pasas las Navidades, corazón?