Un beso al aire 3
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La clínica hoy ha estado animada, pero el reloj de la pared marca ya las ocho y media de la tarde.

¡Por fin!

Su compañero Massimo y ella tienen turnos partidos. Cuando uno trabaja de mañana, el otro de tarde. Y hoy le ha tocado a ella quedarse por la tarde. Es el cumpleaños del hijo de Massimo y Gabriela no dudó un solo momento en cambiarle el día.

Apaga el ordenador, recoge sus cosas y, despidiéndose de algunos compañeros, se va a su casa. Nada más llegar lo primero que hace es ir directa a darse una ducha calentita.

Aún en albornoz, baja las escaleras de su dúplex y pone un vinilo en el tocadiscos. Ha elegido a Prince.

Vuelve a su habitación y se cambia de ropa. Utiliza el secador para secarse su pelo moreno y se lo recoge con una pinza. A continuación, se echa algo de maquillaje mientras tararea Kiss , que suena de fondo.

Al rato, coge el bolso y sale. Al llegar a casa de Azahara, llama al timbre. La puerta se abre prácticamente al instante.

—Algo en mí me decía que al final no ibas a venir —dice su amiga al verla.

—Vaya, yo también me alegro de verte, Aza —la saluda ella con cierta ironía.

En la casa hay gente. Son los amigos de Azahara, a los cuales ya conoce de otras veces.

—¡Gabriela, vente! —la anima Bimba, levantando un trozo de pizza .

Deja el abrigo y el bolso donde puede y se sienta junto a ellos. Todos cenan entre risas y conversaciones cruzadas.

Un rato después, salen de la casa y con buen ánimo van hacia el sitio que ha propuesto uno de los amigos de Azahara. Al llegar, lo ven abarrotado.

—Esto está a reventar —murmura Javián, otro de ellos.

—Pues tendremos que hacernos hueco —afirma Azahara.

Casi sin terminar la frase, coge a Gabriela de la muñeca y comienza a caminar hasta el fondo del local.

Una vez que se hacen con las bebidas y con un lugar en el que quedarse, el grupo se aposenta.

Tras mirar a su alrededor y ver gente por todos lados, luces de colores que van de un extremo al otro y escuchar la música a un volumen considerablemente alto, Gabriela da un trago a su bebida y decide que es momento de dejarse llevar.

Disfruta de la noche bailando con Azahara, con Javián..., con todos. Tras cantar varias de las canciones a gritos casi no tienen voz cuando Bimba propone hacer un brindis. Sin apenar oír lo que esta dice, todos chocan sus copas para acto seguido darles un trago.

En un momento dado, Gabriela ve que un chico la mira. Entonces sonríe y ve cómo él se hace hueco para acercarse.

—Bailas muy bien —la piropea.

—¡Lo sé! —exclama ella riéndose.

Y, como atraídos por un imán, se ponen a bailar. A medida que pasan los minutos sus cuerpos cada vez están más y más juntos, hasta que ella con una pícara sonrisa se acerca para besarle. Él acepta encantado, apoyando la mano en la cintura de ella.

Un beso rápido lleva a otro. Y luego a otro más.

Gabriela, separándose de él, se da aire con la mano y se mueve el pelo. Con la cantidad de gente que hay ahí dentro el calor cada vez es más intenso. Incluso prueba a pasarse la copa fría por los brazos y el cuello.

—¿Quieres otra copa? —pregunta el chico acercándose de nuevo. Pero Gabriela no está por la labor, tiene demasiado calor.

—Voy a salir a que me dé un poco el aire —dice, volviendo a echarse hacia atrás.

Se acerca para avisar a Azahara y los demás. Ellos no dudan en preguntarle si quiere que salgan con ella, pero Gabriela le quita importancia. Solo será un momento. Vuelve a cruzar el local abriéndose paso entre la gente y sale.

El contraste de temperaturas es inmediato, cosa que agradece. Da unos cuantos pasos para alejarse de los que fuman junto a la puerta y, tras cruzar la calle, llega a un banco. Decide sentarse para poder respirar hondo y que le bajen las pulsaciones, el ambiente allí dentro está muy cargado.

Incluso se permite cerrar los ojos un momento, algo que no dura mucho.

—Perdona, ¿no tendrás un mechero?

Gabriela abre los ojos y, al mirar hacia arriba, encuentra a alguien que hacía mucho que no veía.