Un beso al aire 2
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Hoy sí que pueden comer juntas. Gabriela y Azahara salen de la clínica y van directas a uno de los locales que hay por la zona. La peluquera va fumando, por lo que se toman un momento antes de entrar, echarle un ojo a la carta y, minutos después, disfrutar de sus deliciosos platos.

—¿Qué tal están tus albóndigas?

—Fantásticas —murmura Gabriela tapándose la boca.

Azahara asiente con la cabeza viendo cómo come su amiga.

—Mi lasaña vegetal también está muy buena.

Gabriela da un pequeño trago a su vaso de agua antes de volver a hablar.

—No queda mucho para Navidad —comenta mirándola—. ¿Ya tenéis destino este año?

Su amiga niega con la cabeza. Desde hace unos años en su familia es tradición organizar un viaje juntos en las fiestas navideñas. Han estado en Londres, Viena, Portugal, México, Letonia...

—Aún lo están debatiendo —dice—. Las opciones están entre Edimburgo, que es donde quiere ir mi hermana, y Costa Rica, que es donde quiere ir mi padre.

—Lugares muy parecidos, sí.

Ambas se ríen. Edimburgo y Costa Rica no tienen nada que ver entre sí.

—A mí me da igual adónde ir, que se maten entre ellos.

—Bien dicho.

Las chicas alzan sus bebidas y brindan divertidas.

—¿Y tú? —pregunta Azahara—. ¿Algún plan diferente este año?

—Mmm... —Gabriela deja de nuevo el vaso en la mesa—.

Estoy entre dar la vuelta al mundo en globo o alquilar una furgoneta y viajar por Inglaterra yo sola.

—Azahara mastica y la observa con atención.

Gabriela, al darse cuenta de cómo la mira, continúa—: Es broma, pasaré las Navidades como siempre, en casa.

—Puedes venirte con nosotros, te presentaré como mi novia para dejarlos descolocados y así darles algo de que hablar.

Se miran sonriendo.

—No, gracias. ¿Qué pasa con el profesor de pádel?

Azahara casi se atraganta con la lasaña.

—¡¿Steven?! —Abre exageradamente los ojos—. Mejor que no. Está bien para un ratito, pero para nada más.

Se refieren a un chico con el que Gabriela sabe que Azahara ha quedado los últimos meses. Nunca le ha dicho que sea su novio ni nada parecido, pero tiene entendido que lo pasan bien juntos.

—A ti ni te pregunto por temas de amor, ¿no?

Gabriela se mete otro trozo de albóndiga en la boca y asiente masticando. Azahara sabe perfectamente que su amiga no contempla enamorarse ni tener nada con nadie. No puede evitar sentir algo de pena por ella.

—No me mires así, es elección mía —se defiende Gabriela—. Estoy muy a gusto como estoy, viviendo y sintiendo a mi manera. Sin complicaciones.

—Mientras estés contenta así...

—¡Lo estoy!

Las dos amigas terminan de comer y Gabriela acompaña a Azahara de nuevo a la clínica. Aunque su turno ha terminado, a su amiga aún le quedan un par de perros que atender esa tarde.

Ya en la puerta, Gabriela se acerca y la abraza a modo de despedida. Al separarse, Azahara apoya la mano en su hombro.

—Esta noche he quedado con mi grupo para ir a tomar algo, ¿te vienes?

—No, tía, hoy estoy cansada...

Gabriela nota que su amiga mueve el brazo para cogerle la mano y apretársela levemente.

—Sí, claro, tranquila. —Sonríe—. Estamos pensando en salir el viernes, ¿a eso te apuntas?

Gabriela lo medita unos segundos. Aún quedan unos días para el viernes y tiene claro que no le saldrá un mejor plan para ese día.

—De momento te digo que sí.

—¡Genial!