Un beso al aire 4
4%

4

—¿Keira?

La chica, que tenía toda su atención centrada en sacar un cigarrillo del paquete, la mira y parece tan sorprendida como ella.

—¡¿GAbrIELA?!

Se echa sobre ella para abrazarla. Ella también lo hace, pero con menos efusividad. Está claro que Keira lleva encima alguna copa de más que ella.

—¡Tía, cuááánto tiempo!

Cuando Gabriela va a hablar, Keira le hace una seña con la mano. Saca por fin el cigarro que tanto buscaba y se acerca a unos chicos que hay a pocos metros. Ellos le dan fuego y vuelve a toda prisa para sentarse con Gabriela en el banco.

—Qué guapa estás, Keira, te sienta bien el pelo largo.

La piropeada se mueve con gracia para ondear su melena rubia. Da una calada al cigarro y expulsa el humo, haciendo que Gabriela se mueva ligeramente hacia atrás para apartarse de la trayectoria.

—¡Tú sí que estás guapa! —exclama—. Tía, qué ilusión, ¿hace cuánto que no nos veíamos?

—Pues... diría que desde el instituto.

—Madre mía, parece que hace siglos de eso. —Ríe.

—Y tanto...

Keira se pone cómoda y la mira. En el instituto no eran las mejores amigas, pero se llevaban bien. Iban a la misma clase, aunque no estaban en el mismo grupo de amigas.

—Bueno, ¡cuéntame! ¿Qué es de tu vida? —La mira de frente—. ¿Al final te convertiste en la superagente financiera Gabriela Suárez?

—Tampoco hay mucho que contar —admite—. Al acabar el bachillerato me metí a estudiar ADE, pero... lo acabé dejando.

Por cómo la mira, Keira parece sorprendida.

—O sea ¿que al final eso de ser agente financiera quedó en nada?

—Gabriela niega con la cabeza—. ¿Y qué haces ahora?

—Trabajo en una clínica llamada Huellas Veterinarias.

Keira da otra calada al cigarro y murmura:

—Tú trabajando con animales, ese giro de guion sí que no me lo esperaba.

—La vida da muchas vueltas —dice Gabriela con gracia—. ¿Y tú qué?

—Buf... Cuando salí de allí, no lo tenía nada claro —comienza a contarle—. Di muchas vueltas, barajé muchas opciones... y al final me metí en Trabajo Social.

—Te pega.

—¿Tú crees?

Gabriela asiente, lo que hace que Keira sonría.

—Bueno, y por lo demás, ¿qué tal estás? —Keira comienza a avasallarla a preguntas sin dejarla responder ninguna—. ¿Dónde vives? Oye tú tenías una hermana, ¿no?

Gabriela se toma un segundo para pensar qué decirle. Keira siempre le cayó bien, pero no deja de habérsela encontrado una noche de fiesta y con varias copas encima. Se debate sobre qué hacer. ¿Merece la pena contarle algo? Total, al día siguiente no se va a acordar.

Cuando abre la boca para hablar, empieza a sonar un móvil. Rápidamente, Keira saca el suyo y contesta.

—¿Qué quieres? —Gabriela la observa hablar por teléfono—. Estoy fuera fumando... Que nooo, que estoy con una amiga... Adri, eres muy pesado, me he cansado de esperarte y he ido saliendo...

Gabriela no dice nada. La escucha en silencio intuyendo que ese tal Adri con el que habla es su novio, el cual imagina que está dentro.

—¡Espera! ¡¿Eso que suena es SUPERESTRELLA de Aitana?

! —Parece que recibe una respuesta afirmativa porque acto seguido cuelga y mirando a Gabriela exclama—: ¡Me tengo que ir!

—Da una última calada al cigarro y lo tira al suelo.

Le da un abrazo y, antes de salir corriendo, la mira—.

Me has dicho que trabajas en... ¿Huellas Veterinarias?

—Exacto.

—La semana que viene me paso a verte.

Gabriela asiente riéndose. No se lo dice, pero pone muy en duda que al día siguiente Keira se vaya a acordar siquiera del nombre de la clínica.

Keira sale corriendo y, girándose para mirarla una vez más, exclama:

—¡Me alegra haberte vistooo!