CAPÍTULO 22
ELIJAH
Elijah soltó un largo suspiro al ver a su padre.
—Supongo que debería haber imaginado que serías tú —dijo.
Oliver Norcross estaba en el umbral, más desaliñado y despeinado de lo que Elijah lo había visto jamás.
—¿Puedo pasar? —preguntó.
—Me sorprende que pidas permiso. ¿No haces siempre lo que te da la gana?
—Elijah, vamos. No seas así.
Elijah se apoyó en el marco de la puerta.
—Muy bien, papá —dijo—. Adelante. ¿Por qué no me dices cómo quieres que sea?
¿Por qué no me lo dejas claro de una vez por todas, para que al menos nos entendamos?
Porque te juro que si vuelvo a enterarme por terceros de que estabas pagándole a alguien para moldearme y convertirme en el hijo que deseas, lo mando todo a paseo y me largo a Fiyi.
—No seas dramático —dijo su padre—. Déjame pasar y hablamos. Llevas días ignorando mis llamadas y mensajes.
—Porque no quería hablar contigo. ¿No quedó eso claro?
—Pues he venido hasta aquí, así que vas a hablar conmigo ahora, aunque sea de pie en tu puerta y a la vista de todos tus vecinos —dijo Oliver con firmeza—. Pero creo que los dos estaremos más cómodos dentro.
Tenía razón, por supuesto. A Elijah le fastidiaba reconocerlo, pero su padre no se equivocaba. Se hizo a un lado para dejarlo pasar.
Oliver atravesó la cocina y fue directo al fondo de la casa, donde estaba el salón.
Elijah sintió cierto alivio de que hubiera elegido esa habitación, de que no intentara ir al estudio, donde él y Stephanie habían pasado tantas tardes relajadas juntos.
No habría podido soportar sentarse allí con su padre después de todo lo ocurrido.
Los dos hombres se acomodaron en sendas sillas. Oliver miró a Elijah como si esperara algo: recriminaciones, quizá. Elijah no dijo nada. No era él quien había querido esa conversación. Si su padre quería hablar, que hablara.
Al cabo de un momento, respiró hondo.
—Está bien —dijo—. Suéltalo.
—¿Que suelte qué? —dijo Elijah con frialdad—. No tengo nada que decirte. Sabes lo que hiciste y sabes por qué está mal. No tendré que explicártelo, espero.
—Me estás juzgando con demasiada dureza —le dijo su padre—. Tienes que escuchar mi versión.
—Puede que seas tú quien necesita que la escuche. La verdad es que no creo que esto tenga nada que ver con lo que yo necesito. Sinceramente, no creo que jamás te haya importado lo que yo necesitaba —Elijah cruzó los brazos y observó a su padre—. Eres el padre más egoísta que podría haber tenido.
—Elijah, escúchame —dijo su padre—. Si fueras un poco más receptivo, verías que solo intento hacer lo mejor para ti.
—Qué curioso que hacer lo mejor para mí nunca haya implicado preguntarme qué quería yo. ¿O de verdad pensaste que pagarle a una mujer para que pasara tiempo conmigo me haría feliz?
—Bueno, nunca le pagué ni un centavo —dijo su padre.
—Pero querías hacerlo.
—Quería darle un préstamo para su negocio. Quería que ella también sacara algo. ¿Qué tiene eso de malo?
—Lo que tiene de malo es que asumes que ella no podría haber querido pasar tiempo conmigo por ningún otro motivo —dijo Elijah—.
Que es lo que piensas, ¿verdad? Encontraste a una buena mujer, una mujer valiosa, y lo primero que pensaste fue: «¿Qué puede ver ella en mi hijo?
Pero si le pago... entonces quizá esté dispuesta a tolerarlo». ¿Me equivoco?
Su padre suspiró.
—Hijo, ella ya te había rechazado. Lo vi con mis propios ojos. No me lo estaba inventando. No es que decidiera que era demasiado buena para ti. Ya había dejado claro que no le interesabas.
Elijah abrió la boca para replicar, pero volvió a cerrarla. Su padre tenía razón, por mucho que le fastidiara reconocerlo: eso era exactamente lo que había pasado.
—Aun así, deberías haberte quedado al margen —dijo, sintiéndose patético.
—Puede que debiera —su padre se removió en el asiento—.
La verdad es que nunca esperé que las cosas tomaran este rumbo, Elijah.
Nunca pensé que te la tomarías en serio.
Creí que sería otra aventura más. Y si era eso, me pareció inofensivo ponerte a una chica en el camino, para asegurarme de que tu lío fuera con alguien que te ayudara a no salir en las noticias.
Tienes que admitir que es algo que te ha costado conseguir por tu cuenta.
No paras de aparecer en los titulares, y no precisamente para bien.
—No te corresponde controlarlo —dijo Elijah—. Si estás decepcionado conmigo, tendrás que vivir con ello. No puedes mover los hilos entre bastidores para convertir mi vida en algo que puedas tolerar. Simplemente tienes que... aceptar la decepción.
—Puede que tengas razón —admitió su padre—. Pero, Elijah... no es que esté decepcionado contigo.
A Elijah se le escapó una risa seca.
—No pretenderás decirme ahora que estás contento conmigo —dijo—. Eso ya no tiene remedio, papá. Los dos sabemos la verdad. No soy suficiente para ti, y nunca lo he sido. Siempre has deseado que fuera otra persona.
—¿Quieres escucharme? —exigió su padre—. Es decir, ¿puedes bajarte del burro y dejarme decir lo que he venido a decir?
—¿Qué es? ¿Que tenías toda la razón al meterte en mi vida y que debería dejarlo pasar?
—No, maldita sea.
Su padre dejó escapar un largo suspiro.
—Intento pedirte perdón, Elijah. Eso es lo que quiero decir. No debería haberlo hecho, ¿vale? Lo siento.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Elijah no podía creer lo que acababa de oír.
—¿Lo sientes?
—Te subestimé —dijo su padre—. O te... malinterpreté.
No lo sé. No pensé que fueras de los que se implican en una relación.
Llevabas una chica diferente del brazo cada semana, o al menos así era antes.
No creí que te importara quién fuera. No pensé que te molestaría tanto que yo hiciera un trato con alguien.
Vaciló.
—No sabía que ella iba a importarte. Si lo hubiera sabido, no lo habría hecho.
—No deberías haberlo hecho de todos modos —dijo Elijah, aunque algo en su interior se ablandó ligeramente ante las palabras de su padre—. Te pasaste de la raya. No deberías haber intentado manipular mi vida así, pensaras lo que pensaras.
—Tienes razón —dijo su padre—. No debería haberlo hecho.
Los dos hombres guardaron silencio durante un minuto.
—Tienes que saber que ella se ha desvinculado por completo de nuestro acuerdo —dijo Oliver—.
Contacté con ella después de que me contaras todo esto.
Pensé que podríamos volver a entendernos, que quizá podríamos retomar la colaboración para resolver esto.
Pero me rechazó. No quiere saber nada de mí.
Y debes saber que esta aversión que me tiene no es de ahora.
Me llamó hace semanas para decirme que lo nuestro había terminado.
Pase lo que pase entre vosotros dos, no tiene nada que ver conmigo. Hace mucho que no.
Elijah contuvo el aliento.
—Papá... está embarazada.
Su padre se quedó rígido.
—¿Estás seguro?
—No tiene ninguna razón para mentir.
Cerró los ojos.
—Es que no sé si puedo fiarme de sus motivos. Saber que solo estuvo conmigo porque quería abrirse puertas en los negocios... ¿cómo puedo confiar en alguien así? ¿Cómo puedo plantearme formar una familia con ella? Pero ¿qué otra opción tengo ahora? No sé qué hacer.
—Hijo, es imposible que ella siguiera esperando un trato conmigo cuando esto pasó —dijo Oliver lentamente—.
No conozco la... cronología exacta, pero no me cuadra que se quedara embarazada antes de que ella y yo tomáramos caminos separados.
Esto es lo que creo que pasó: se dio cuenta de que le importabas de verdad, más de lo que esperaba.
Puso fin a su acuerdo conmigo por eso. Y luego, en algún momento posterior y sin ninguna relación, descubrió que estaba esperando un hijo.
Se pasó una mano por la cara.
—Y no puedo decirte qué hacer —añadió—. Es una decisión que tendrás que tomar tú solo.
Pero mereces saber, y espero que lo entiendas, que lo que está pasando ahora no forma parte de ninguna manipulación y no tiene nada que ver conmigo.
Es culpa mía que te engañaran, y lo siento.
Pero, por favor, ten presente que fue ella quien lo terminó, y eso ocurrió hace mucho.
—Papá, no sé qué quieres que te diga. No sé cómo reaccionar a esto.
Elijah cerró los puños.
—No puedo olvidarlo sin más. Creía que cada momento de esta relación era real, y luego descubrí que no.
—Te estoy diciendo que la mayor parte sí lo fue —dijo su padre—. En cuanto a lo que deberías hacer, eso es cosa tuya. Pero parecía que esta mujer te importaba de verdad.
—Así era —susurró Elijah.
—Y si va a tener un hijo tuyo... bueno, tienes que decidir qué hacer, hijo. Eso no puedo decidirlo por ti.
Elijah suspiró.
—No sé si estoy preparado para ser padre —admitió—. Pero siempre pensé... siempre esperé que algún día lo estaría. Y que cuando llegara ese día, sería el tipo de padre...
Se interrumpió.
—El tipo de padre que te habría gustado tener.
La voz de Oliver sonaba cargada de pesar.
Elijah levantó la vista. No sabía que su padre fuera consciente de cómo se sentía.
—Elijah, sé que no estuve presente mientras crecías —dijo Oliver—.
Tienes que entender que fue por ti. Siempre fue por ti.
Y puede que no estés de acuerdo con cómo lo llevé, pero lo único que siempre quise fue crear algo que pudiera dejarle a mi hijo.
Lo único que quería era construir una empresa que te asegurara el futuro y dártela para que la dirigieras algún día.
Elijah asintió lentamente.
—Es que no sé si eso es lo que quiero —dijo—. Entiendo que es lo que siempre quisiste para mí. Sé lo duro que trabajaste por ello. Pero si no es la vida que quiero...
—Si no es la vida que quieres, tendré que aceptarlo —dijo su padre con firmeza—.
No voy a obligarte a vivir una vida que no es para ti, Elijah.
Lo único que voy a decirte es esto: no renuncies a la oportunidad de tener tu propia familia.
No le des la espalda a esta mujer, a tu hijo, por mis errores.
Piénsalo bien, porque lo que decidas va a marcar el resto de tu vida.
Se levantó, le dio una palmada en el hombro a Elijah y se marchó, dejándolo sumido en un torbellino de pensamientos.