CAPÍTULO 8
STEPHANIE
«Está claro que anoche quería entrar».
Stephanie solía madrugar, pero la mañana después de la cita se quedó largo rato en la cama, dándole vueltas a todo lo que había pasado la noche anterior.
Se suponía que la cita iba a ser un trámite, pero no había sido así.
De hecho, lo había pasado bastante bien.
El partido de baloncesto había sido francamente divertido: nunca habría podido sentarse en primera fila por su cuenta, y ver el juego tan de cerca había sido toda una experiencia.
Y después, ir a aquel asador, cenar comida cara y que se lo pagaran todo...
«No tengo por qué sentirme culpable. Sí, lo estoy utilizando, pero tiene dinero de sobra. Más del que cualquiera podría necesitar. Si no fuera así, al menos tendría un trabajo».
Además, que no dejara de insistir en que lo llevara a su casa era prueba suficiente, a sus ojos, de que no daba la talla como novio. Un caballero habría esperado a que lo invitaran.
«Bueno, tampoco es que intentara entrar a la fuerza ni nada por el estilo. Simplemente se notaba que lo esperaba». Eso no estaba tan mal...
Suspiró y se incorporó en la cama, deseando dejar de darle vueltas a todo aquello.
Al volver a casa la noche anterior, le había enviado un correo rápido a Oliver Norcross para contarle cómo había ido la cita.
Seguro que ya habría una respuesta esa mañana, y estaba impaciente por recibir su aprobación, por que le dijera que lo estaba haciendo bien y que iba a cumplir con su parte del trato.
También quería saber con exactitud cuánto iba a durar aquel acuerdo, porque él no se lo había dicho.
Necesitaba conocer la fecha de lanzamiento de la aplicación en la que estaba trabajando, porque en cuanto saliera, podría romper con Elijah.
Fue a la cocina, donde saludó a Bruno y puso el café a hacer antes de sentarse frente al ordenador para revisar el correo.
Efectivamente, había un mensaje de Oliver. Había llegado la noche anterior, unos quince minutos después del suyo. Lo abrió.
Sra. Vincent:
Todo esto suena muy bien. Una primera cita muy respetable. Siga así y manténgame informada. Quédese con él al menos una vez más esta semana, por favor. Quiero asegurarme de que siga interesado.
Avíseme si tiene alguna duda. Si no, hablamos a principios de la semana que viene, como acordamos.
Así que aprobaba lo que había hecho y todo iba bien. Estaba a punto de cerrar el ordenador cuando oyó el ping de un mensaje entrante. Bajó la vista y vio que también era de Oliver Norcross.
Stephanie frunció el ceño. ¿Qué más tendría que decirle? Había dicho que no volverían a hablar hasta la semana siguiente, pero quizá se le había olvidado algo, como los plazos de todo aquello. Eso sí que lo necesitaba.
Abrió el último correo.
Sra. Vincent:
¿Ya ha visto esto? ¡Trabajo extraordinario! ¡Siga así!
Debajo del texto había un enlace, y lo abrió.
Apareció la web de un tabloide local. Frunció el ceño, sin entender por qué Oliver Norcross le enviaba aquello, hasta que unas palabras le llamaron la atención.
El hijo del magnate Oliver Norcross, visto con una mujer de la zona.
A Stephanie se le aceleró el corazón. Abrió el artículo. Justo debajo del titular había una foto de ella y Elijah en el partido de baloncesto.
Reconoció el momento. Era cuando él se había inclinado para explicarle qué era un salto entre dos.
Pero eso no se adivinaba con solo mirar la foto.
Lo único que se veía era que él le susurraba algo al oído, y aunque no recordaba haber sentido alegría ni diversión en aquel momento, la expresión de su rostro se parecía sospechosamente a una sonrisa.
«¿Estaba sonriendo? Supongo que tenía gracia que creyera que hacía falta explicarme algo así».
Pero en la foto no parecía que se estuviera riendo de él. Su expresión era más dulce. Tenía el rostro relajado, los ojos risueños. Era la complicidad tierna de una broma entre dos personas que se caen bien de verdad.
Era una buena foto. De verdad parecía que estaban en una cita, y eso que ni siquiera lo había intentado. Ni se le había pasado por la cabeza que los estuvieran fotografiando. Era algo completamente espontáneo, sin poses.
Se desplazó hacia abajo hasta el artículo.
Elijah Norcross, eterno playboy e hijo del financiero y promotor bancario Oliver Norcross, fue visto con la empresaria local Stephanie Vincent, fundadora de SilkSoft Skincare.
Stephanie se sobresaltó. ¿Habían averiguado su nombre? Pero ¿cómo? Alguien debía de haber buscado la imagen y dado con la web de su empresa. Si hubiera sabido que eso iba a pasar, ¿habría aceptado la cita?
Un aleteo nervioso le revolvió el estómago. «No pensé en cómo esto podía afectar a mi reputación. ¿Y si me deja en mal lugar y el valor de mi marca se hunde?»
Siguió leyendo con nerviosismo, pero no había mucho más sobre ella ni sobre su empresa.
Se habían quedado en el nombre. De hecho, tampoco decían mucho más sobre la cita del día anterior.
El periodista del tabloide señalaba que los dos parecían muy unidos, que habían celebrado juntos la victoria de los Vipers y que se habían marchado del brazo.
Entendía por qué Oliver Norcross estaba tan entusiasmado con el artículo: era exactamente lo que esperaba que mostraran durante el tiempo que pasaran juntos.
Volvió a subir hasta la foto y la observó.
Había algo muy extraño en aquella foto. No estaba acostumbrada a verse tan feliz y relajada en las fotos.
Stephanie era muy consciente de su aspecto en todo momento —era una parte importante de su marca— y aunque estaba satisfecha con su piel bien cuidada gracias a los productos que había ayudado a desarrollar, tenía otras inseguridades.
La mayoría tenían que ver con que no conseguía relajarse delante de una cámara, así que sus sonrisas siempre salían tensas y forzadas, sin llegar a reflejarse en los ojos.
¿Cuánto tiempo hacía que no veía una foto suya así? ¿Una foto en la que se la viera completamente relajada?
«Estaba relajada con Elijah. Por raro que parezca, considerando que era una cita con alguien a quien apenas conocía... de verdad lo estaba».
Quizás había sido en parte porque había tan poco en juego, porque no había tenido que preocuparse de si la cita saldría bien o no. Eso no le había importado. Le bastaba con saber que estaba cumpliendo con su parte del acuerdo con Oliver.
Pero en ese instante, el que la cámara había capturado, no había estado pensando en Oliver. Había estado pensando en el partido, sí, pero también en el hombre que tenía al lado y en lo bien que se lo estaba pasando con él.
Qué extraña revelación.
Cerró la pestaña del ordenador antes de caer en la trampa de pasarse el resto de la mañana dándole vueltas al asunto.
No había que darle tanta importancia. Alguien le había sacado una buena foto, una foto en la que parecía feliz.
Y lo había sido. Había estado en primera fila en un buen partido de baloncesto.
Cualquiera en su lugar habría disfrutado del momento. No significaba nada más.
Volvió a abrir el ordenador y entró en su correo electrónico.
Señor Norcross:
¿Sería posible tener una idea más clara de cuándo se lanzará su aplicación? Volveré a quedar con Elijah, pero mientras tanto me gustaría saber cuánto tiempo más va a durar este acuerdo.
Leí el artículo: parece que las cosas van como queríamos. Hizo una pausa y añadió: Lo pasé muy bien en el partido de baloncesto, así que todos salimos ganando.
Pulsó enviar antes de darle demasiadas vueltas a lo que había escrito. La respuesta llegó casi de inmediato: Oliver debía de estar sentado frente al ordenador.
¡Parece que la aplicación podría estar lista antes de lo que esperábamos!
Estaremos listos para lanzarla el lunes por la mañana, si todo va bien.
Me gustaría que estuvieras allí, si te parece bien.
Has sido como mi amuleto de la suerte en todo esto, así que sentiría que el destino está de nuestro lado si estuvieras presente en el lanzamiento.
Elijah vendrá. Quizás hable con él y le diga que te traiga, si te parece.
Avísame si tienes algún compromiso. Si no tengo noticias tuyas, seguiré adelante y se lo propondré a Elijah.
Stephanie se recostó en la silla y dejó escapar un suspiro mientras cerraba el ordenador. Así que la aplicación se lanzaría la semana siguiente.
¿Significaba eso que su tiempo con Elijah estaba a punto de acabar?
Le sorprendió la decepción que sintió ante esa idea.
No puede ser que quiera que esto dure más, ¿verdad? Todo esto era solo un acuerdo para conseguir lo que quería, y que esté terminando significa que estoy un paso más cerca de la recompensa.
Y sin embargo, sí que lo había pasado bien con Elijah. Quizás le costaría soltar lo que habían vivido juntos. Al menos siempre tendría esa foto del tabloide, aquella en la que sonreía con tanta naturalidad, como recuerdo.
Hasta los periódicos saben lo que es. Un mujeriego de fama. Nunca iba a haber nada serio entre nosotros, así que es mejor que termine antes de que me implique demasiado.
Y además, pronto llegaría el dinero y podría concentrarse en llevar SilkSoft al siguiente nivel... Para eso había sido todo esto desde el principio. Tenía que recordarlo.
El café estaba listo. Stephanie se levantó y se sirvió una taza, pensando en qué haría con el resto del día.
Una cosa estaba clara: iba a tener que escribirle a Elijah.
Necesitaría organizar una segunda cita con él para que tuviera la impresión de que las cosas iban bien entre ellos.
Así, cuando su padre le pidiera que la llevara al lanzamiento del producto, aceptaría sin dudarlo.
Sin embargo, no podía evitar preguntarse si estaba haciendo algo de lo que se arrepentiría en el futuro.
Algo que algún día recordaría y desearía haber hecho de otra manera.
Si así era como se hacían los negocios, si así era como la gente salía adelante en la vida, entonces Stephanie iba a tener que jugar a ese juego, pero desde luego no era así como había imaginado que su carrera daría el siguiente paso.
Aguanta un poco más. Después del lanzamiento, cortarás con Elijah y ya no habrá nada que te haga sentir incómoda.
Esperaba que fuera cierto. En ese momento, le costaba creerlo. Miró hacia el ordenador y sintió el extraño impulso de abrirlo y ver esa foto una vez más. Verse sonriendo mientras Elijah se inclinaba para susurrarle al oído.
Habían parecido una pareja feliz.
Eso iba a ser difícil de olvidar.