Un Asunto Carnal (Sebastián Delgado, Detective Psíquico 1) Capítulo V
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Capítulo V

V

La carretera le permitía avanzar sin prisa y, al mismo tiempo, poner distancia con el despacho.

Sebastián había descubierto hacía años que ciertos casos necesitaban paisaje.

Encerrado entre cuatro paredes, cada dato parecía reclamar una explicación inmediata; al volante, con el Mediterráneo apareciendo y desapareciendo entre urbanizaciones y pinadas, las piezas podían permanecer separadas durante un rato sin exigirle una conclusión.

Mariano había señalado a Ricardo con una seguridad absoluta, pero una acusación pronunciada desde la muerte no equivalía a una prueba.

Seguía necesitando motivos, oportunidades y, sobre todo, entender qué clase de familia había quedado detrás del cadáver congelado.

El recuerdo de aquellos veranos no tenía para él la precisión de una fotografía.

Llegaba por fragmentos: el plástico caliente de los flotadores abandonados en el balcón, las voces de sus padres discutiendo sobre dónde aparcar, la sal pegada a la piel después de una tarde entera en el agua y el ruido de las persianas cuando el viento de levante entraba de madrugada.

Durante esas semanas había conseguido sentirse parecido a los demás muchachos de su edad.

No porque las presencias desaparecieran por completo, sino porque el verano ofrecía suficientes rarezas visibles para que las invisibles perdieran importancia.

El Ford Escort protestó durante la subida de El Moncayo con un traqueteo que Sebastián conocía de memoria.

No era un coche fiable en el sentido convencional, pero sí previsible: cada ruido tenía su momento, cada vibración su velocidad y cada olor su explicación.

Le gustaba esa clase de fidelidad mecánica.

Los vivos, y mucho más los muertos, rara vez ofrecían semejante claridad.

La elección del hotel continuaba molestándole.

Una viuda con recursos, sometida durante semanas a periodistas, abogados y aseguradoras, podía desaparecer en cualquier establecimiento de lujo de la costa sin llamar la atención.

El Berlín, en cambio, parecía una decisión deliberada.

Sebastián se prometió no interpretar demasiado pronto aquella anomalía.

En su oficio, una sospecha prematura tenía la mala costumbre de convertirse en una venda.