Capítulo Veintinueve
Nikki pasó horas despierta, dando vueltas en la cama, deseando con todas sus fuerzas que el sueño la ayudara a escapar de esa locura.
La vida era extraña, triste, graciosa y tan irónica.
No sabía qué pensar de las palabras de Andrés ni de ese beso que la había atravesado como un rayo.
Tampoco sabía qué pensar de Derek y sus coqueteos, ni de la manera en que después, una y otra vez, se echaba para atrás.
Era como para volver loca a cualquier mujer.
Luego estaba el asunto de ese reloj biológico que de alguna manera había empezado a correr últimamente.
Quizá había sido al ver a esos niños pequeños con sus papás en el hotel de la ciudad, o quizá era que, en esos días, cada vez que veía a un bebé, se derretía por dentro.
Y Andrés quería eso. Deseaba una familia y, Dios, cómo besaba.
Pero no podía negar lo que sentía por Derek.
Pasara lo que pasara, ahí estaban esos sentimientos, burbujeando a flor de piel, y a ella le daban ganas de explotar de una condenada vez.
Quizá Andrés tenía razón. Quizá debería arriesgarse con él.
Derek, desde luego, no parecía tan interesado que digamos, y ella estaba segura de haberle mandado las señales.
Un minuto era puro fuego y al siguiente, puro hielo.
Andrés sí parecía saber exactamente lo que quería, y lo que quería era a ella.
Los dos hombres la sacaban de quicio, cada uno a su manera.
Al menos Nikki agradecía que su mejor amiga ya estuviera en casa, en su propia cama, libre para dejar que su vida siguiera su curso.
Encendió la radio despertador de la mesita de noche.
Sheryl Crow cantaba «The First Cut Is the Deepest».
Cuando la cantante llegó a la parte sobre intentar volver a amar, Nikki gruñó y la apagó.
Empezó a quedarse dormida con tantas preguntas todavía en la cabeza, y una en particular no dejaba de repetirse.
¿Era mejor tratar de enamorarse de un hombre por el que sentía algo que hervía a fuego lento, un hombre al que consideraba un amigo muy querido?
¿O debía seguir suspirando por un amigo que ella deseaba que la amara como ella lo amaba a él?
Tenía que haber una respuesta en alguna parte, pero en ese momento el sueño por fin se impuso y dejaría para después cualquier respuesta a las preguntas que le rondaban la mente y el corazón.