Capítulo Veintiocho
Después de dejar a Nikki en su casa, Derek quería darse de topes.
Esa noche había querido decirle muchas cosas más, contarle lo que sentía en realidad.
Se había acobardado. Otra vez. ¿Qué tenía esa mujer?
Sus ojos, su cabello, esa sonrisa, la manera en que lo hacía reír.
Era el paquete completo y, aun así, él no era capaz de decírselo.
Nunca en la vida había sentido tanto miedo.
Ella tenía un poder sobre él y, maldita sea, nunca había estado cerca de una mujer que le acelerara el corazón de esa manera.
La otra noche, en la ciudad, había querido decírselo, besarla, y entonces Marco y Simon y sus problemas se le atravesaron.
Desde entonces, era como si se le hubiera trabado la lengua y, con ella, se le hubieran quedado atorados los sentimientos.
Encendió el estéreo y sonaba «Let's Get It On» de Marvin Gaye. Muy bien, al diablo con todo. Iba a hacerlo. Iba a ir a la casita en ese mismo instante y a decirle todo lo que sentía.
Derek fue a la cava y encontró la botella de vino que quería compartir con ella, esa de la que le había hablado en la cena.
Cinco minutos después, Derek estaba frente a la puerta de Nikki con el vino en la mano.
Sabía que estaba haciendo lo correcto. Quería decirle a Nikki que lo que sentía por ella iba mucho más allá de lo que se siente por una empleada o por una amiga.
Sus sentimientos no eran ni de lejos tan simples, y debió habérselo dicho en la cena.
La verdad era que quería estar cerca de ella.
Oler el aroma a gardenia que le envolvía el cuerpo, mirar sus ojos verdes, ver esa sonrisa que le iluminaba el mundo cada vez que la veía.
Levantó el puño para tocar la puerta, con el corazón golpeándole con fuerza el pecho y los nervios agarrotándole cada parte del cuerpo.
Algo le llamó la atención dentro de la casa de Nikki.
Por poco se le cae la botella que llevaba en la otra mano.
Casi se le para el corazón. ¿Cómo podía ser tan estúpido?
Ahí estaba Andrés, con los brazos alrededor de Nikki, y se estaban besando.
Se estaban besando con pasión. Derek dio media vuelta y tragó saliva.
Reprimió cualquier emoción mientras caminaba de regreso a su casa, donde tomó la botella de vino y la volvió a deslizar en su lugar.